En MotoGP hay protagonistas que solo aparecen cuando algo deja de ir bien. Mientras las cámaras siguen a los pilotos y las motos acaparan toda la atención, otro vehículo permanece preparado para entrar en pista en cuestión de segundos cuando la situación se vuelve delicada.
EL MOTOR ha tenido la oportunidad de subirse, en el circuito de Jerez, al BMW M5 Touring MotoGP Safety Car, el familiar híbrido enchufable que esta temporada lidera la flota de seguridad del campeonato. Un modelo desarrollado para rodar al límite sin perder estabilidad en uno de los escenarios más exigentes de la competición.
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Desafía las leyes de la física
Lo primero que sorprende es cómo es capaz de esconder sus dimensiones y peso. Desde fuera impone: mide más de cinco metros y supera ampliamente las dos toneladas y media. Pero en movimiento cambia completamente la percepción.
En los cambios rápidos de dirección apenas se notan balanceos y la carrocería se mantiene muy plana. Desde dentro, todo transmite firmeza. El coche entra en curva con precisión y parece apoyarse sobre el asfalto con una confianza difícil de explicar.
Gran parte de esa sensación llega por el trabajo del sistema de tracción total y de un chasis que consigue disimular el peso de manera casi absurda. Incluso enlazando curvas rápidas, nunca da la impresión de estar forzando realmente la situación.
Una aceleración que se siente
Bajo el capó trabaja un motor V8 biturbo de 4,4 litros completado por un sistema eléctrico. La combinación desarrolla 727 CV y un par máximo de 1.000 Nm, cifras que lo convierten en el safety car más potente utilizado hasta ahora en MotoGP.
La respuesta es inmediata. Cada aceleración empuja el cuerpo contra el asiento con una contundencia muy seria, pero sin brusquedad. Todo sucede de forma progresiva, limpia y extremadamente rápida.
El coche acelera de 0 a 100 km/h en apenas 3,5 segundos, aunque desde el interior las cifras dejan de importar pronto. Lo verdaderamente llamativo es la facilidad con la que gana velocidad mientras mantiene una sensación absoluta de estabilidad.
El protagonista silencioso del Mundial
El safety car rara vez recibe atención durante un gran premio, pero su presencia es fundamental en MotoGP. Se utiliza para inspeccionar el estado del circuito, evaluar condiciones meteorológicas y liderar procedimientos de seguridad cuando hay accidentes o situaciones delicadas.
En esos momentos, la prioridad absoluta es la estabilidad. Por eso este BMW ha sido desarrollado específicamente para soportar un uso extremo en circuito y ofrecer reacciones totalmente previsibles incluso en frenadas fuertes o cambios bruscos de apoyo.
Durante la experiencia, una de las cosas que más llama la atención esa precisamente esa sensación de confianza permanente. El coche parece ir siempre sobrado de agarre. Incluso cuando entra muy fuerte en curva, nunca transmite nerviosismo ni movimientos extraños.
Más cerca de un coche de carreras
Aunque deriva del BMW M5 Touring de producción, esta versión incorpora numerosas modificaciones específicas para su trabajo en MotoGP. Lleva asientos Recaro, arneses de seis puntos, barras de seguridad y componentes aerodinámicos fabricados en carbono y kevlar.
El exterior tampoco pasa desapercibido. Los pasos de rueda ensanchados, el difusor trasero y los apéndices delanteros recuerdan directamente a los BMW M Hybrid V8 del Mundial de Resistencia y del campeonato IMSA estadounidense.
La decoración especial, inspirada en los prototipos de competición de la marca, refuerza todavía más esa conexión entre circuito y carretera. Todo en este coche parece pensado para recordar que, aunque tenga matrícula, su entorno natural sigue siendo el asfalto de un circuito.
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Nació en Madrid y desde pequeña soñaba con conducir. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y amplió su formación en Barcelona con un máster en Periodismo Deportivo en la Universitat Pompeu Fabra. Especializada en motor y también en competición, combina la redacción con la radio y la cobertura de grandes premios de motociclismo.
