El Mazda CX-5 es, desde hace más de una década, uno de los pilares de la marca en España. Desde su lanzamiento en 2012 ha acumulado unas 70.000 unidades vendidas en España, convirtiéndose en uno de los SUV de referencia para la firma japonesa.
La segunda generación llegó en 2016, consolidando su posición, y ahora lo hace esta tercera entrega, un modelo profundamente revisado que busca mantener su peso en un segmento cada vez más exigente.
A nivel global, el CX-5 también es clave: más de cinco millones de unidades producidas desde su debut, 850.000 de ellas en Europa.
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Diseño exterior con más presencia
La tercera generación del Mazda CX-5 mantiene la estética Kodo, pero con una puesta al día que se percibe a simple vista. El frontal es ahora más elevado y robusto, la parrilla gana protagonismo y los grupos ópticos dobles led aportan un toque tecnológico.
Donde más ha cambiado es en sus medidas, concretamente en su longitud: en esta cota crece 11,5 centímetros, para alcanzar los 4,69 metros. Pero además también crece 1,5 centímetros en anchura y 3 centímetros en altura.

Estas nuevas proporciones incrementan su presencia. Mientras, en la zaga, los nuevos pilotos y el aumento del ancho de vía refuerzan la estabilidad visual. El resultado es un SUV más imponente y moderno, sin renunciar a la fluidez que siempre ha caracterizado al modelo.
Interior: más espacio con un enfoque práctico
El habitáculo es uno de los grandes beneficiados de esta evolución. La distancia entre ejes crece en la misma medida que lo hace la longitud, lo que se traduce en un espacio mayor para los ocupantes.
Las plazas traseras ganan casi seis centímetros para las piernas y tres para la cabeza, una mejora palpable que amplía la comodidad. A ello se suman unas puertas traseras siete centímetros más anchas, con apertura cercana a 90 grados, un detalle especialmente útil para acceder al coche con una comodidad inusitada en este segmento.

El diseño del salpicadero adopta una disposición más limpia y horizontal. Cuenta con un cuadro de instrumentos digital de 10,25 pulgadas mientras que la pantalla central (de 12,9 o 15,6 pulgadas según versiones) incorpora Google, facilitando la conexión cotidiana. La calidad percibida y la ergonomía mantienen el nivel habitual de Mazda, con mandos intuitivos y materiales cuidados.

El maletero también experimenta una mejora clara: crece 61 litros respecto al modelo anterior, hasta alcanzar 583 litros, una cifra competitiva dentro del segmento y muy aprovechable por sus cuadradas formas y altura de carga. Esta ganancia se complementa con una boca más baja y un espacio de suelo más profundo.

Una mecánica, cuatro acabados
La gama del nuevo CX-5 se estructura en torno a un único motor: el 2.5 e-Skyactiv G de 141 CV, con hibridación ligera de 24 V y transmisión automática de seis velocidades. Los acabados (Prime Line, Center Line, Exclusive Line y Homura) permiten elegir entre tracción delantera o AWD, a partir del Center Line. Mazda mantiene así un planteamiento diferenciador dentro del segmento, apostando por un bloque atmosférico (es decir, sin turbo) que prioriza suavidad y progresividad.
Al volante del Mazda CX-5
La unidad probada por los alrededores de Barcelona correspondía al acabado Homura, la variante más expresiva de la gama. El motor de 2,5 litros sobresale por su funcionamiento suave, sin apenas vibraciones incluso a baja velocidad y eso sí, con una pequeña demora si se le demanda una rápida respuesta, sobre todo en recuperaciones.
Cuando se demanda aceleración, también aparece un nivel sonoro apreciable, característico de los bloques atmosféricos de gran cilindrada, aunque no llega a resultar desagradable, debido a un tono metálico, quizá de mecánica más pequeña.
La caja automática de seis velocidades ofrece transiciones fluidas y lo suficientemente rápidas para acompañar a este motor.

La dirección es uno de los puntos fuertes del conjunto: rápida, intuitiva y precisa, muy bien calibrada y que transmite confianza desde los primeros metros. La suspensión, firme pero confortable, filtra bien las irregularidades y aporta estabilidad en vías rápidas.
En definitiva y en esta primera y rápida toma de contacto, el CX-5 mantiene ese tacto agradable y con la sensación de tener todo bajo control que ha sido una de sus señas de identidad. El espacio interior, sobre todo en las plazas traseras, y la facilidad de acceso mediante puertas que abren casi 90 grados refuerzan su orientación familiar.

Precio y objetivos comerciales
Aunque la gama arranca en 35.200 euros, Mazda ofrece campañas de descuento que sitúan el precio de acceso en 29.995 euros con financiación incluida. Las primeras unidades se entregarán en marzo.
Además, la marca se ha fijado un objetivo claro para 2026: vender 5.750 unidades del CX-5 en España, una cifra que refuerza la importancia estratégica del modelo dentro de la gama. Y por lo visto en Barcelona y ese precio, a buen seguro que lo consiguen si no lo superan con creces.
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