Cuando casi todos los fabricantes han sustituido los todoterrenos por SUV, Santana decide mirar en la dirección contraria.
La histórica marca española inicia una nueva etapa con el Santana Cajal, un vehículo que recupera la receta clásica del 4×4 auténtico: chasis de largueros, tracción integral conectable, reductora y tres bloqueos de diferencial.
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El nuevo modelo toma su nombre del científico Santiago Ramón y Cajal y quiere recuperar el espíritu de aquellos Santana que durante décadas fueron habituales en explotaciones agrícolas, trabajos forestales o expediciones lejos del asfalto. Ahora lo hace añadiendo un nivel de tecnología y confort impensable en aquellos vehículos.
Preparado para salir del asfalto
El Cajal mide 4,79 metros de longitud y se apoya sobre un robusto chasis de largueros, una solución cada vez menos habitual pero imprescindible cuando el objetivo es soportar un uso intensivo fuera de carretera.
Bajo el capó monta un motor diésel de 163 CV que desarrolla 390 Nm de par y se combina con una transmisión automática ZF de ocho velocidades.
La tracción total permite elegir entre los modos 2H, 4A, 4H y 4L, mientras que la reductora y los tres bloqueos de diferencial (central, trasero y delantero) lo sitúan entre los pocos modelos del mercado capaces de afrontar terrenos realmente complicados.
A ello se suman 11 modos de conducción, una altura libre al suelo de 22 centímetros, un ángulo de ataque de 37 grados, otro de salida de 31 grados y una capacidad de vadeo de 80 centímetros.
También incorpora una curiosa función Tank Turn, que bloquea la rueda trasera interior para facilitar los giros en caminos muy estrechos o maniobras complicadas sobre terreno deslizante.
Cinco pantallas en un todoterreno
Lo más llamativo es que toda esa capacidad off-road convive con un interior muy alejado del concepto clásico de los todoterrenos.
El puesto de conducción reúne un cuadro digital de 10,25 pulgadas, una pantalla multimedia de 12,8 pulgadas, otra pantalla del mismo tamaño para el acompañante (una solución inédita en este segmento), un botón de arranque con pantalla integrada y un retrovisor interior digital.
Precisamente la pantalla del pasajero permite consultar datos específicos de conducción fuera del asfalto, como la inclinación del vehículo, la profundidad del vadeo, el funcionamiento de los diferenciales o la brújula, convirtiendo al acompañante en un auténtico copiloto.
El equipamiento también incluye techo panorámico, sistema de sonido con 10 altavoces y subwoofer, carga inalámbrica de 50 W y hasta 10 tomas de alimentación repartidas por el habitáculo.
Pensado para trabajar… y para disfrutar
Santana no dirige el Cajal únicamente a los aficionados al todoterreno extremo. También quiere atraer a profesionales del campo, empresas forestales, servicios de emergencia o usuarios que necesitan un vehículo capaz de remolcar hasta 2.500 kilos y desenvolverse con total solvencia fuera del asfalto.
Su depósito de 85 litros también apunta en esa dirección, permitiendo afrontar largas jornadas de trabajo o rutas alejadas de cualquier estación de servicio.
El regreso de un nombre histórico
Fundada en Linares (Jaén) en 1955, Santana fue el primer fabricante con licencia Land Rover fuera del Reino Unido y durante décadas produjo algunos de los todoterrenos más conocidos del mercado español.
Con el nuevo Cajal, la marca inicia una nueva etapa apoyándose en socios industriales internacionales, pero manteniendo la filosofía que la hizo famosa: fabricar vehículos preparados para llegar allí donde un SUV convencional simplemente tendría que detenerse.
Por cierto, se pone a la venta después del verano por menos de 50.000 euros.
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Periodista especializado en motor desde hace más de 20 años, ha trabajado en diferentes gabinetes de prensa (Federación Española de Automovilismo o Circuito del Jarama) y medios especializados (Motor 16, Marca Motor o Auto Bild). Apasionado de coches, motos y, ahora también, de los cacharros con alas.
