Como ocurre cada mañana del 6 de enero, la ilusión se desborda en los hogares españoles tras el paso de los Reyes Magos. Una vez descubiertos los obsequios, es habitual que muchas familias necesiten desplazarse en coche para llevar los regalos a otras casas o disfrutar del día festivo. Sin embargo, este gesto tan cotidiano puede amargar el día de Reyes, ya que la DGT vigila de cerca cómo se distribuye esa carga extra para evitar multas inesperadas.
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Es muy común que, cuando el maletero se llena por completo, se acabe utilizando la fila de asientos posterior para colocar las cajas y paquetes que no caben. Esta práctica es recurrente durante las Navidades, pero también en la rutina diaria al dejar sobre la tapicería desde los juguetes nuevos hasta el maletín del trabajo o las bolsas del supermercado, sin ser conscientes de que el habitáculo no es un espacio de almacenaje.

De regalo a proyectil fatal
El riesgo real de este hábito reside en la seguridad de los pasajeros que ocupan el vehículo. Ante un frenazo brusco o un impacto imprevisto, cualquier bulto que no esté debidamente anclado actúa como un proyectil que multiplica su peso por la inercia del movimiento. Esto supone una amenaza crítica para la integridad física de los conductores, pudiendo transformar un golpe leve en un accidente con consecuencias personales muy graves.
La normativa vigente no deja lugar a dudas sobre la responsabilidad del conductor en estos casos. El Reglamento General de Circulación, en su artículo 14, establece específicamente que tanto la mercancía como los elementos usados para su protección deben estar colocados de manera que no puedan desplazarse, caerse o comprometer la estabilidad. Si los agentes consideran que la carga está suelta y es peligrosa, el regalo de Reyes podría terminar convirtiéndose en una sanción económica.

Una multa de hasta 200 euros
El incumplimiento de esta norma acarrea una multa de hasta 200 euros. Y es que los agentes están controlando este tipo de comportamiento, debido al peligro que lleva asociado.
Según reflejan los datos de la DGT, en un frenazo y por efecto de la inercia, cualquier objeto que viaje suelto en la parte trasera del vehículo (regalos incluidos) multiplica su peso por 40 cuando se circula a 50 km/h. Es el denominado efecto elefante.

Un ordenador portátil, volando hacia los pasajeros, se convierte en una piedra de 85 kilos de peso. La mochila del gimnasio, en un atún de 160 kilos, y el teléfono móvil en un gato de 4 kilos. Cualquier objeto viajando a esa velocidad puede producir graves heridas.
Y una persona que no va correctamente sujeta, por ejemplo los niños pequeños en su silla infantil, pueden sufrir daños irreparables y también causarlos a los ocupantes delanteros.
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