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El peligro oculto del ‘One-Pedal Drive’: por qué la función estrella del coche eléctrico genera dudas sobre la seguridad

Madrid |

Un exhaustivo estudio ha analizado cerca de 500 accidentes graves y detecta un patrón preocupante en maniobras a baja velocidad.

Acelerando coche eléctrico

Foto: Getty Images

La conducción con un solo pedal (one-pedal drive) se ha consolidado como una de las señas de identidad más aclamadas de la movilidad eléctrica. Esta tecnología aprovecha la potente frenada regenerativa del motor eléctrico para desacelerar e incluso detener el vehículo por completo, con tan solo levantar el pie del acelerador.

Para millones de automovilistas supone una solución cómoda, fluida y sumamente eficiente en el tráfico urbano. Sin embargo, lo que en el día a día se percibe como una ventaja de confort empieza a mostrar una cara mucho más compleja en situaciones de emergencia.

Estudio científico

Un reciente y pormenorizado análisis elaborado por el organismo de investigación de accidentes de las aseguradoras alemanas (Unfallforschung der Versicherer, UDV) ha puesto bajo la lupa el comportamiento dinámico y la siniestralidad de los vehículos cero emisiones.

Aunque la investigación concluye de forma tajante que los coches eléctricos son tan seguros como sus homólogos de combustión en términos generales de protección ocupante, saca a la luz un patrón de riesgo muy específico. La rutina gestual que fomenta el ‘one-pedal drive’ podría estar condicionando la respuesta de los conductores ante un imprevisto.

El dilema de la memoria muscular

El mecanismo de riesgo identificado por los expertos alemanes no radica en un fallo mecánico o de software del propio automóvil, sino en la interacción entre la tecnología y la neuropsicología humana.

Al circular de manera continuada gestionando tanto la aceleración como la desaceleración con un único pedal, el cerebro automatiza un hábito motor. El pie derecho permanece de forma casi ininterrumpida sobre la misma superficie.

Reacción en décimas de segundo

En un escenario de pánico repentino, donde el conductor dispone de apenas unas décimas de segundo para reaccionar, la memoria muscular puede jugar una mala pasada. Así, en lugar de efectuar el desplazamiento lateral del pie hacia el pedal de freno, la respuesta instintiva bajo estrés conduce a hundir con fuerza el pedal que ya se está pisando.

Mientras que en un modelo térmico, este error suele provocar un aumento de revoluciones del motor; en un coche eléctrico, la entrega de par es instantánea desde parado. Esta aceleración inmediata y contundente transforma una simple confusión de pedales en un impacto severo antes de que la persona al volante pueda corregir la acción.

Nueve a uno en errores de pedal

Para evaluar el alcance de este fenómeno, los analistas de la UDV examinaron minuciosamente cerca de 500 accidentes graves registrados entre 2019 y 2022. La muestra enfrentó a 250 vehículos eléctricos con un número equivalente de modelos de combustión de dimensiones y segmentos similares.

Los resultados mostraron una discrepancia estadística llamativa: se contabilizaron nueve colisiones graves en coches eléctricos atribuibles directamente a la confusión entre acelerador y freno o a aceleraciones descontroladas, frente a un único caso comparable en la muestra de motores térmicos.

Aunque el número absoluto de eventos se mantiene en cifras reducidas, la diferencia resulta estadísticamente significativa. El estudio subraya que estos siniestros no se producen a altas velocidades en autovía o autopista, sino en maniobras a muy baja velocidad. Aparcamientos, incorporaciones desde parado, maniobras de marcha atrás o giros en intersecciones urbanas concentran la inmensa mayoría de los registros.

Los conductores más vulnerables

El informe de la entidad germana aporta un dato demográfico especialmente relevante: casi el 50% de los conductores implicados en colisiones por confusión de pedales superaba los 75 años de edad. En este segmento de la población, los tiempos de reacción y la flexibilidad para alterar un automatismo fuertemente consolidado durante décadas resultan decisivos.

A esta problemática se suma otro hallazgo del análisis relativo al sistema de aviso acústico de vehículos (AVAS). A pesar de la obligatoriedad europea de emitir un sonido artificial a baja velocidad, el estudio señala que el 76% de los atropellos a peatones registrados con coches eléctricos guardaban relación con una deficiente percepción acústica del vehículo por parte de los transeúntes, frente al 54% en coches tradicionales.

Tecnología más humana

El análisis de la UDV no pretende estigmatizar al vehículo eléctrico, sino instar a los fabricantes a perfeccionar la interfaz entre hombre y máquina. Los expertos sugieren la implantación obligatoria de sistemas de mitigación de aceleración involuntaria, capaces de cortar la potencia si los sensores detectan un obstáculo cercano, así como revisar la configuración por defecto del ‘one-pedal drive’.

El objetivo prioritario consiste en lograr una tecnología no solo eficiente, sino capaz de tolerar el error humano cuando el instinto falla.

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Rubén Pérez Perfil de Rubén Pérez en Linkedin

Entusiasta del motor en toda su magnitud, preferiblemente los V12. Le dijeron que cuatro ruedas eran mejor que dos, por eso se compró otra moto. Claro que también le apasiona cuando van las cuatro juntas. Ha trabajado como creativo publicitario para muchas marcas de coches y motos e hizo la mili en esto de juntar letras en la editorial Luike.

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