En las autovías españolas hay un código visual que muchos conductores ven cada día sin detenerse a pensar en él: los hitos de arista no son iguales en ambos márgenes porque no cumplen la misma función ni obedecen al mismo código de color y forma.
En el margen izquierdo, dos discos blancos orientan la trayectoria; en el margen derecho, un rectángulo ámbar advierte del límite exterior de la vía con una lógica precisa de seguridad vial.
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Así, los hitos de arista parecen piezas menores del paisaje de la carretera. Sin embargo, su diseño responde a una lógica muy concreta: ayudar al conductor a leer el borde de la vía con rapidez, especialmente de noche, con lluvia o cuando la visibilidad cae.
La diferencia entre los postes del arcén izquierdo y los del derecho no es un detalle estético, sino una solución técnica normalizada para que el margen de la calzada se identifique sin dudas.
Una función de guía
Los hitos de arista tienen como objetivo primordial balizar los bordes de la carretera durante las horas nocturnas o de escasa visibilidad, según recoge la documentación técnica de carreteras. El Reglamento General de Circulación los encuadra dentro de los elementos de balizamiento que sirven para hacer visibles los límites de la vía.
En autovías y autopistas, además, estos hitos se usan para reforzar la lectura de una infraestructura donde los dos sentidos de circulación están separados y cada margen exige una señalización inequívoca.
El margen derecho
La clave de la diferencia está en el código visual que usan. En el margen derecho, el elemento retrorreflectante suele ser anaranjado o amarillo-ámbar y de forma rectangular. Esa solución permite identificar con rapidez el borde exterior de la autovía, un área especialmente sensible porque marca el límite con la cuneta, la berma o el talud, según el tramo.
La normativa técnica consultada para obras y balizamiento en carreteras señala precisamente ese color para el margen derecho o borde exterior de la calzada.
El margen izquierdo
En el margen izquierdo, la solución cambia: el hito de arista incorpora normalmente dos reflectores circulares blancos o dispositivos retrorreflectantes integrados en la placa. La razón es que el blanco se asocia al arcén izquierdo en carreteras de calzadas separadas, de modo que el conductor pueda distinguir de forma inmediata el lado por el que circula.
Esa repetición de dos círculos aumenta la superficie visible y mejora la lectura del hito desde distintos ángulos de aproximación.
¿Por qué no son iguales?
La asimetría entre ambos lados no es un capricho de diseño, sino una forma de codificación vial. El conductor no debe interpretar un hito como una simple pieza reflectante, sino como una señal de orientación: blanco en el margen izquierdo y ámbar en el margen derecho.
En una carretera de alta capacidad, donde la velocidad y la atención visual mandan, un sistema de referencia tan elemental ahorra tiempo de reacción y reduce el riesgo de salirse del carril o de confundir el borde de la vía. Por eso la diferencia entre un rectángulo y dos círculos es relevante: cada forma funciona como un lenguaje distinto.
Norma, no improvisación
La documentación técnica española sobre balizamiento deja claro que los hitos de arista forman parte de un sistema normalizado de señalización vertical, con estrictos requisitos de diseño, colocación y retrorreflexión. Además, los materiales y las dimensiones de estos elementos se someten a normas UNE específicas para garantizar que el comportamiento óptico sea consistente y duradero.
Eso explica por qué el catálogo de carretera distingue entre hitos para calzada única e hitos para calzadas separadas, y por qué el color del reflectante cambia con el margen.
En definitiva, la diferencia entre los hitos de arista del arcén izquierdo y los del derecho no responde a un criterio decorativo, sino a una lógica de seguridad vial muy afinada. El blanco con dos círculos señala el lado izquierdo; el rectángulo ámbar marca la derecha.
En conjunto, ambos construyen un sistema visual sencillo, repetitivo y eficaz que ayuda a leer la carretera de un vistazo. Y en una autovía, donde cualquier duda visual cuenta, esa claridad vale oro.
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Entusiasta del motor en toda su magnitud, preferiblemente los V12. Le dijeron que cuatro ruedas eran mejor que dos, por eso se compró otra moto. Claro que también le apasiona cuando van las cuatro juntas. Ha trabajado como creativo publicitario para muchas marcas de coches y motos e hizo la mili en esto de juntar letras en la editorial Luike.
