Los patinetes eléctricos en las calles de Sevilla, como en otras muchas ciudades españolas, han dejado de ser una novedad para convertirse en parte del paisaje urbano. Sin embargo, su crecimiento también ha obligado al Ayuntamiento a actualizar la normativa con el objetivo de ordenar su uso y mejorar la seguridad.
El resultado es un marco más estricto que introduce obligaciones claras para los usuarios de estos vehículos de movilidad personal (VMP) y endurece las sanciones.
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Muchas de ellas coinciden con las aprobadas por la Dirección General de Tráfico (DGT) y que entrarán en vigor el próximo 1 de octubre junto con otras reformas del reglamento de circulación.
Patinetes eléctricos: edad, casco y documentación
Uno de los pilares de la regulación sevillana es la exigencia de una edad mínima para poder circular. En concreto, los conductores deben tener al menos 15 años, una medida que busca garantizar un mínimo de responsabilidad y conocimiento de las normas de tráfico.
Además, el uso del casco es obligatorio en todo momento, independientemente del tipo de vía o del trayecto. A esta exigencia se suma la necesidad de contar con seguro de responsabilidad civil y con el correspondiente certificado de circulación, elementos que se alinean con la normativa nacional.
Velocidad máxima en Sevilla
La normativa también define los límites de estos vehículos. Los patinetes eléctricos no pueden superar los 25 km/h, cifra que marca el umbral entre VMP y otro tipo de vehículos de mayor categoría.
A ello se añaden restricciones como la prohibición de transportar pasajeros (son vehículos unipersonales) y la obligación de cumplir con las características técnicas establecidas en la regulación.

Otro aspecto relevante es el control sobre la potencia en determinadas vías. Por ejemplo, en carriles bici solo pueden circular modelos que no superen los 250 W, una limitación que busca reducir riesgos en espacios compartidos con peatones.
Por dónde se puede circular
El uso del patinete eléctrico en Sevilla está claramente delimitado. La circulación por aceras y zonas peatonales está prohibida, una de las normas más conocidas, pero también de las más incumplidas.
En cambio, estos vehículos deben utilizar preferentemente carriles bici, vías ciclistas o calzadas donde esté permitido, siguiendo criterios similares a los de las bicicletas.
La normativa insiste también en la convivencia con otros usuarios. En tramos compartidos con peatones, la velocidad debe reducirse y, en situaciones de alta afluencia, el conductor puede verse obligado incluso a desmontar.
Prohibido aparcar en las aceras
Más allá del casco, la regulación introduce otros requisitos de seguridad. El uso de chaleco reflectante es obligatorio en condiciones de baja visibilidad, reforzando la visibilidad del conductor en circulación nocturna.
Asimismo, se prohíbe expresamente el uso de auriculares o teléfonos móviles durante la conducción, así como circular bajo los efectos del alcohol o las drogas.
Otro punto clave es el estacionamiento. Los patinetes no pueden aparcarse en aceras ni zonas peatonales ni tampoco anclarse al mobiliario urbano, como farolas o señales.
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En su lugar, deben utilizarse espacios habilitados específicamente para ello. El objetivo es evitar obstáculos en la vía pública y mejorar la accesibilidad para peatones.
Sanciones más elevadas
El endurecimiento de la normativa viene acompañado de un régimen sancionador más severo. Las multas pueden variar en función de la gravedad de la infracción: desde sanciones leves por estacionamiento indebido hasta importes mucho más elevados por conductas peligrosas o incumplimientos graves.
Por ejemplo, no llevar casco, circular siendo menor de 15 años o incumplir las limitaciones técnicas puede suponer multas de hasta 200 euros, mientras que las infracciones más graves (como circular bajo los efectos de las drogas) pueden alcanzar los 500 euros.
Con este conjunto de medidas, Sevilla se sitúa entre las ciudades con una regulación más exigente para los patinetes eléctricos. La intención del consistorio es clara: reducir la siniestralidad y ordenar la convivencia en el espacio público ante el auge de estos vehículos.
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