Abrir el capó de un coche y observar el vaso de expansión puede revelar líquidos de tonalidades muy diferentes. Rosa, azul, verde, amarillo, naranja o violeta son algunas de las posibilidades que pueden encontrarse dependiendo del vehículo.
La variedad puede generar dudas cuando llega el momento de rellenarlo. Sin embargo, no basta con elegir un envase del mismo color: hay un dato mucho más importante que conviene comprobar.
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¿Para qué sirve el líquido refrigerante?
Su misión principal es mantener el motor dentro de una temperatura adecuada de funcionamiento. El fluido circula por el circuito absorbiendo parte del calor generado y lo transporta hasta el radiador, donde este puede disiparse.
También debe proteger el sistema cuando las temperaturas exteriores caen considerablemente. Las formulaciones adecuadas reducen el punto de congelación y elevan el de ebullición, además de incorporar aditivos destinados a combatir fenómenos como la corrosión o la formación de depósitos.
El nivel puede comprobarse habitualmente en el vaso de expansión, que incorpora las correspondientes referencias de mínimo y máximo. La revisión debe hacerse siguiendo las indicaciones del fabricante y nunca abriendo el circuito cuando está caliente, debido al riesgo de sufrir quemaduras por la presión y la elevada temperatura.

Entonces, ¿qué significan los colores?
Aquí aparece una de las confusiones más frecuentes. El tono procede de los colorantes añadidos al producto y puede ayudar a identificarlo visualmente, detectar determinadas fugas o diferenciar unas formulaciones comerciales de otras.
Pero no existe un código cromático universal que permita afirmar que todos los refrigerantes azules, por ejemplo, tengan exactamente la misma composición o sean apropiados para los mismos automóviles. Cada fabricante puede utilizar sus propios criterios.
Un buen ejemplo se encuentra en los catálogos actuales. Existen productos específicos de color rojo o azul para determinados vehículos asiáticos, otros verdes para diferentes aplicaciones y alternativas rosas o violetas destinadas a distintos modelos europeos. También pueden encontrarse formulaciones universales de color amarillo.
Por eso, asociar automáticamente un determinado tono con una tecnología concreta puede conducir a errores. Dos envases aparentemente iguales a simple vista no tienen necesariamente las mismas características ni cumplen idénticas especificaciones.
¿Cuál hay que comprar para el coche?
La respuesta está en el manual del vehículo. Allí aparece la especificación que debe cumplir el producto utilizado en el circuito, una referencia mucho más fiable que intentar orientarse exclusivamente por su apariencia.
En el mercado existen diferentes tecnologías de refrigerantes, entre ellas IAT, OAT y HOAT, además de distintas especificaciones desarrolladas o exigidas por los fabricantes. También pueden aparecer denominaciones como G11, G12, G12+, G12++, G13 o posteriores dentro de determinadas familias de productos.
Esto explica por qué acudir a una tienda y comprar simplemente “uno rosa” porque el contenido del depósito tiene ese aspecto no es una buena estrategia. Lo fundamental es que el nuevo fluido cumpla los requisitos establecidos para ese automóvil y sea compatible con el que ya contiene el circuito.
Los propios fabricantes de estos productos ofrecen buscadores en los que la elección se realiza introduciendo marca, modelo y año del vehículo, precisamente porque el color no proporciona por sí solo toda la información necesaria para determinar qué refrigerante resulta adecuado.

¿Se pueden mezclar dos colores diferentes?
Tampoco existe una respuesta basada únicamente en la tonalidad. Dos refrigerantes de colores distintos pueden ser compatibles, mientras que utilizar el mismo pigmento no garantiza automáticamente que dos productos puedan mezclarse sin ningún problema.
Actualmente existen incluso formulaciones universales cuyos fabricantes aseguran compatibilidad con tecnologías como OAT, POAT, HOAT e IAT y con refrigerantes de diferentes colores. Es otra demostración de que el aspecto visual no basta para decidir qué puede añadirse al depósito.
Ante cualquier duda sobre el producto que contiene el coche, especialmente después de comprar un vehículo de segunda mano sin conocer su mantenimiento anterior, resulta más prudente consultar la especificación correspondiente antes de rellenar.
Si no puede determinarse qué contiene el sistema, puede ser necesario sustituir completamente el fluido.
Un cambio de color que sí puede servir de aviso
Hay una situación en la que observar el aspecto del refrigerante resulta especialmente útil. Si el líquido que antes presentaba una tonalidad definida adquiere un aspecto marrón, turbio o contiene partículas, puede existir contaminación, degradación o algún problema dentro del circuito.
También conviene prestar atención a una bajada reiterada del nivel. El sistema de refrigeración es cerrado, por lo que tener que rellenarlo con frecuencia puede indicar la existencia de una fuga u otra anomalía que debería ser revisada antes de limitarse a añadir más producto.
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