El coche suele avisar antes de sufrir una avería importante. El problema es que muchos conductores asocian determinados ruidos extraños, un aumento del consumo de combustible o ciertos olores en el habitáculo con pequeñas molestias sin demasiada importancia.
Sin embargo, detrás de estas señales puede esconderse un problema en el sistema de escape, uno de los elementos más importantes del vehículo y también uno de los más olvidados. Detectar una anomalía a tiempo puede evitar daños mayores y reparaciones que, en los casos más graves, pueden alcanzar los 3.000 euros, según advierte Euromaster, red de talleres especialista en el mantenimiento integral del vehículo.
La primera señal
Uno de los síntomas más habituales es una evidente pérdida de potencia. El conductor percibe que el coche responde peor al acelerar, necesita más esfuerzo para ganar velocidad o muestra un comportamiento menos enérgico de lo habitual.
En muchos casos, este problema está relacionado con una obstrucción del catalizador o del filtro de partículas, componentes encargados de gestionar correctamente los gases de escape. Cuando estos elementos no trabajan como deberían, la evacuación de gases se dificulta y el rendimiento del motor se resiente.
Además, esta situación suele venir acompañada de un aumento del consumo de combustible, ya que el motor necesita trabajar más para ofrecer las mismas prestaciones.
La diferencia en el coste de reparación
Actuar a tiempo puede marcar una enorme diferencia en la factura final. Cuando el problema se detecta en una fase temprana, algunas reparaciones relacionadas con el sistema de escape pueden situarse entre los 150 y 250 euros. Sin embargo, si el deterioro continúa avanzando y obliga a sustituir elementos complejos, los costes aumentan considerablemente.
Es el caso del filtro de partículas, cuyo reemplazo puede alcanzar entre 800 y 3.000 euros dependiendo de la marca, el modelo y la tecnología utilizada por el fabricante. Por eso los especialistas recomiendan prestar atención a cualquier cambio en el comportamiento habitual del vehículo.
Los ruidos que no deberías ignorar
El oído también puede convertirse en un excelente aliado para detectar una avería. Los golpeteos metálicos, las vibraciones excesivas o un sonido del escape más intenso de lo normal suelen indicar que existe algún problema en la línea de escape. En ocasiones se debe a una fijación deteriorada, mientras que en otras el origen puede encontrarse en una fuga o en daños sufridos por el silenciador.
Muchos conductores se acostumbran progresivamente a estos ruidos y terminan retrasando la visita al taller durante semanas o incluso meses. Sin embargo, cuanto más tiempo permanezca la avería sin solucionar, mayores serán las posibilidades de que termine afectando a otros componentes.
Los olores y las señales visibles
Otro síntoma especialmente importante es la aparición de olores extraños dentro del habitáculo. La presencia de gases procedentes del escape en el interior del coche puede indicar una fuga en el sistema, una situación que no solo afecta al rendimiento mecánico, sino también a la seguridad de los ocupantes.
No obstante, no todos los avisos llegan a través del oído o del olfato. En algunas ocasiones basta con observar el vehículo para detectar que algo no funciona correctamente.
La aparición de humo bajo el coche, restos de hollín en determinadas uniones o gases escapando por zonas donde no deberían hacerlo suelen indicar la existencia de fisuras o deterioros en distintos puntos del sistema. Estas señales suelen aparecer cuando ya existe un desgaste avanzado, pero todavía pueden servir para evitar daños mayores si se actúa con rapidez.
Los soportes de goma y las revisiones
Entre los elementos más olvidados del sistema de escape se encuentran los silentblocks, unos soportes de goma encargados de absorber vibraciones y mantener correctamente sujeta toda la línea de escape.
Cuando estas piezas se deforman, se agrietan o pierden elasticidad, el sistema empieza a moverse más de lo debido. Con el tiempo pueden aparecer fisuras, roturas de soldaduras e incluso daños importantes en diferentes componentes del escape.
Lo llamativo es que muchos de estos soportes tienen un precio muy reducido, normalmente entre 4 y 12 euros por unidad, por lo que su sustitución preventiva resulta mucho más económica que afrontar una reparación de mayor alcance.
El desgaste natural, la humedad, los cambios bruscos de temperatura, los golpes contra baches o la exposición continuada a agentes corrosivos terminan afectando al sistema de escape con el paso de los años. Por ese motivo, Euromaster recomienda realizar una revisión periódica aproximadamente cada 20.000 kilómetros o, como mínimo, una vez al año.
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Historiador de formación, periodista deportivo de vocación y apasionado del motor por elección. Terminé contando carreras en vez de guerras. Entre libros, crónicas y gasolina he ido encontrando el camino. Ahora intento comunicarlo sin levantar el pie del acelerador.
