Durante años se ha presentado como una solución inteligente para gastar menos combustible en ciudad. Sin embargo, desde su llegada al mercado, el sistema Start-Stop ha convivido con una controversia que nunca ha terminado de desaparecer.
Lo que para muchos conductores es una función automática más, para numerosos mecánicos supone una tecnología que puede acelerar el desgaste de algunos componentes del vehículo.
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Una tecnología que no convence a todos
El sistema Start-Stop se ha instalado de forma masiva en los automóviles de gasolina y diésel durante la última década. Su misión es sencilla: apagar el motor cuando el vehículo se detiene y volver a arrancarlo automáticamente cuando el conductor reanuda la marcha.
La teoría resulta atractiva. Menos tiempo al ralentí implica menos combustible consumido y una reducción de emisiones, especialmente en entornos urbanos. Pero detrás de esa aparente simplicidad existe un debate que cada vez gana más fuerza en talleres y redes sociales.
Mecánicos de distintos países llevan tiempo cuestionando si esos pequeños ahorros compensan el esfuerzo adicional que soportan determinados elementos mecánicos. El estadounidense Scotty Kilmer es probablemente la voz más conocida, pero está lejos de ser la única.

La pieza que más preocupa a los especialistas
Gran parte de las críticas se centran en el motor de arranque, un componente diseñado para poner en marcha el propulsor. Aunque los sistemas actuales están preparados para soportar más ciclos de uso que los antiguos, numerosos profesionales consideran que las continuas activaciones incrementan inevitablemente su desgaste.
La situación se vuelve más evidente en los desplazamientos urbanos. Un conductor que atraviese zonas con semáforos, retenciones o tráfico denso puede provocar decenas de apagados y encendidos en un solo trayecto.
Según explican algunos talleres especializados, el problema no suele aparecer a corto plazo. El desgaste se acumula lentamente durante años hasta desembocar en averías cuya reparación puede alcanzar varios cientos de euros.
El otro elemento que puede sufrir más de la cuenta
Las advertencias no terminan ahí. Algunos mecánicos apuntan también a los sistemas de carga asociados al alternador y a las correas encargadas de transmitir el movimiento entre distintos componentes.
En determinadas configuraciones mecánicas, estas piezas trabajan de forma constante para gestionar los repetidos rearranques. Cuando aparecen holguras, vibraciones o deterioros prematuros, la factura puede dispararse muy por encima de lo que muchos conductores imaginan.
El desgaste silencioso de la batería
Si existe una pieza especialmente sensible a esta tecnología, esa es la batería. Cada parada y posterior puesta en marcha supone una demanda energética adicional que no existe en vehículos sin este sistema.
Por ese motivo, los coches equipados con Start-Stop utilizan acumuladores específicos, más robustos y también más caros cuando llega el momento de sustituirlos.
No son pocos los conductores que descubren esta diferencia al acudir al taller. En algunos casos, el coste de reemplazo puede duplicar el de una batería convencional debido a la tecnología necesaria para soportar esos ciclos continuos.

Cómo desactivar esta función del coche
La mayoría de los vehículos equipados con Start-Stop permiten desconectar el sistema de forma manual mediante un botón situado en la consola central, junto a la palanca de cambios o en una zona próxima al volante. Su ubicación varía según el fabricante, aunque suele identificarse con una A rodeada por una flecha circular.
Al pulsarlo, el sistema deja de apagar automáticamente el motor cuando el vehículo se detiene en un semáforo, un atasco o cualquier otra situación de parada temporal. En la mayoría de los modelos, un testigo en el cuadro de instrumentos confirma que la función ha quedado desactivada.
Sin embargo, muchos fabricantes no permiten que esta desconexión sea permanente. Esto significa que, al volver a arrancar el vehículo, el Start-Stop se reactiva automáticamente y el conductor debe repetir la operación si desea seguir circulando con el sistema apagado.
Existen algunas excepciones. Determinados modelos permiten memorizar la última configuración utilizada o incluso desactivar la función durante periodos prolongados mediante ajustes específicos del vehículo. No obstante, esta posibilidad sigue siendo minoritaria en el mercado.
Precisamente esta necesidad de pulsar el mismo botón cada vez que se pone el coche en marcha explica que muchos conductores hayan incorporado el gesto a su rutina diaria. Para algunos es tan habitual como colocarse el cinturón.
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