Pruebas

Renegade y Compass 4xe, al volante de los primeros Jeep ‘verdes’

Estrenan versiones híbridas enchufables que aúnan buenas prestaciones, consumos y autonomía eléctrica, manteniendo los recursos 4x4.

Renegade y Compass 4xe, al volante de los primeros Jeep ‘verdes’

Los Jeep Renegade (en la imagen) y Compass enchufables pueden circular hasta 50 kilómetros en modo eléctrico.

Ya no son 4×4, sino 4xe. Las nuevas versiones híbridas enchufables de los Jeep Renegade y Compass, los primeros modelos de esta clase en la historia del fabricante, utilizan el motor eléctrico del eje trasero para contar con tracción total, manteniendo así sus recursos para la conducción fuera del asfalto. Pero esta es solo una de las aportaciones de las nuevas variantes, porque ofrecen también hasta 50 kilómetros de autonomía sin emisiones, consumos mínimos, buenas prestaciones y detalles prácticos poco habituales en modelos de esta tecnología, como que apenas pierden maletero por la integración de las baterías, conservando así casi intacta su utilidad como familiar.

Las siglas 4xe identificarán también a todos los próximos modelos híbridos enchufables de Jeep, como el Wrangler, su mayor icono 4×4, que estrenará la tecnología a fin de año o comienzos de 2021. Además, el Grupo FCA, sumando todas sus marcas (Fiat, Alfa Romeo, Jeep, Maserati…), ofrecerá 13 variantes electrificadas el año que viene y 30 en 2022, contando híbridos, enchufables y eléctricos.

Los Renegade 4xe y Compass 4xe comparten mecánica, que se ofrece con 190 y 240 CV, pero siempre con cambio automático de seis marchas, tracción 4×4 eléctrica y un equipamiento de serie muy completo. Y, como se citaba, tienen aspectos interesantes que les hacen destacar sobre otros enchufables similares, porque aparte de mantener casi el mismo maletero (y eso que siguen llevando rueda de repuesto), ofrecen también la posibilidad de recargar las pilas en marcha utilizando el motor de combustión. El Renegade dispone de una zona de carga de 330 litros y el Compass sube a 420, solo 21 y 18 litros menos que las versiones de mecánica convencional.

Ambos modelos tienen también puntos mejorables, como el precio, por ejemplo, que resulta elevado. En las versiones de 190 CV, el Renegade se vende desde 39.750 euros (37.150 con las ayudas del Plan Moves II), y el Compass, a partir de 43.200 euros (40.600 con Moves II). El primero mide 4,23 metros y cuesta como un Mini Countryman, que es un poco mayor (4,3 metros) y le supera en calidad y dinamismo al volante, aunque con menor autonomía eléctrica y recursos 4×4. Y el Compass, más grande y familiar que su pariente de gama (4,39 metros), sale 5.400 euros más caro que un Ford Kuga PHEV, que es más coche (4,5 metros) y puede dar un mejor servicio como vehículo único para todo.

Dos litros de consumo

Acoplados al eje delantero van el motor 1.3 turbo de gasolina, un eléctrico de hace de generador (entre otras cosas) y el cambio automático, mientras que conectado al eje trasero hay otro motor eléctrico más potente que es el que mueve al coche cuando se circula a pilas y, también, el que aporta la tracción 4×4. Este eléctrico rinde 60 CV, mientras que el 1.3 turbo ofrece 130 CV o 180 CV, que dan como resultado los 190 CV (versión Limited) o 240 CV totales (versiones Trailhawk y S).

Las baterías tienen 11,4 kWh de capacidad, se sitúan entre los ejes y anuncian un radio de acción de hasta 50 kilómetros en los dos coches, aunque en la toma de contacto no se ha podido comprobar el rango real. Y el consumo oficial en los primeros 100 kilómetros partiendo con las pilas cargadas es de dos litros.

Brío eléctrico algo limitado

Hay tres modos de conducción disponibles: híbrido, eléctrico y e-save. Este último reserva las baterías (el consumo en modo híbrido subirá) o, cambiando un ajuste en la pantalla central, sirve también para activar la recarga en marcha.

En el programa híbrido los dos coches pueden gastar poco o correr mucho si se aprovecha la potencia disponible (el Renegade acelera 0 a 100 km/h en 7,1 segundos y el Compass en 7,3), mientras que en el eléctrico se mueven en silencio y con suavidad, aunque los 60 CV no aportan demasiado empuje y si se acelera a fondo se conecta el motor de gasolina. La potencia da de sobra para mantener el ritmo una vez que están lanzados (carretera, autopista), pero se queda justa para salir con rapidez desde parado (semáforos, incorporaciones…) o para realizar un adelantamiento. En este modo, la velocidad máxima disponible es de 130 km/h.

Con el Compass 4xe de 240 CV, rodando en modo híbrido en un tramo llano de autopista con las baterías aún con carga, el ordenador indicó un gasto de dos litros. Y en otro tramo, también llano, se probó la recarga en marcha durante unos ocho kilómetros, con el resultado de que el consumo subió a 3,6 litros y las baterías recuperaron del 26 al 36%. Esta función permite cargar las pilas hasta el 80%.

En un viaje, pasados los primeros 100 kilómetros y con las pilas agotadas, el gasto subirá notablemente, triplicando probablemente, o más, esos dos litros mencionados.

La recarga de las baterías, por su parte, llevará unas cinco horas en el enchufe de casa (2,3 kW; 230 voltios x 10 amperios), pero con un Wallbox que admita 7,4 kW de potencia de entrada, el tiempo bajará a menos de dos horas.

De los mejores en el campo

Para mantener las aptitudes camperas, todos los componentes y cableado del módulo eléctrico están sellados y son resistentes al agua, y ambos coches pueden atravesar cauces de hasta 50 centímetros de profundidad en el Compass y de hasta 40 en el Renegade.

La electrónica que gestiona la tracción funciona además con eficacia y permite seguir avanzando aunque una o dos ruedas patinen sin agarre o estén en el aire. Y los modos de ajuste a cada tipo de superficie (arena, barro, nieve…), junto con otros sistemas como el control de descenso, refuerzan el conjunto y sitúan a estos modelos por delante de sus rivales en cuanto a recursos para circular fuera del asfalto.

Por último, tanto el Renegade 4xe como el Compass 4xe se fabrican en Italia, lo que permite reducir los plazos entrega a uno o dos meses, frente a los al menos seis que tardan en llegar el resto de modelos que se producen en Estados Unidos.

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