Un simple gesto de la mano, una breve pausa frente al coche y el vehículo cobra vida. No hay nadie al volante ni una aplicación abierta en el móvil. La escena, registrada en China y difundida a través de redes sociales, ha despertado la curiosidad fuera de sus fronteras porque no muestra un prototipo ni una demostración en circuito cerrado, sino una tecnología funcionando en un entorno cotidiano.
El interés no está solo en el aparcamiento autónomo, una función cada vez más habitual, sino en la forma de control. El coche interpreta órdenes humanas sin contacto físico, como si fuera un dispositivo inteligente más y es capaz de abrir y cerrar puertas, y avanzar metros siguiendo al humano.
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Un planteamiento que conecta directamente con el debate sobre cómo cambiará la relación entre el conductor y el automóvil en los próximos años.
Una nueva forma de interactuar
El control por gestos no es nuevo en la electrónica de consumo, pero su aplicación directa en el automóvil marca un punto de inflexión.
En el vídeo se aprecia cómo los vehículos reconocen movimientos concretos de la mano para iniciar maniobras, detenerse o bloquear las puertas. No se trata de magia ni de simples trucos visuales, sino de sistemas avanzados de visión artificial combinados con sensores y algoritmos de reconocimiento gestual.
Estas órdenes gestuales se interpretan únicamente cuando el sistema detecta patrones definidos, evitando respuestas accidentales ante movimientos aleatorios. Una vez validada la instrucción, el coche utiliza su conjunto de cámaras, radares y sensores ultrasónicos para ejecutar la maniobra con precisión milimétrica, ajustando velocidad, dirección y frenada de forma autónoma.
China acelera, Europa observa
El contexto no es casual. En China, el desarrollo del coche eléctrico ha ido acompañado de una fuerte integración tecnológica, donde el vehículo se concibe como una extensión del ecosistema digital del usuario.
El control por gestos encaja en esa visión, al igual que los asistentes de voz avanzados o la gestión remota del coche desde plataformas propias.
En Europa, y especialmente en España, este tipo de funciones aún se observan con cautela. Las normativas de seguridad y responsabilidad obligan a que el conductor mantenga el control efectivo del vehículo en la mayoría de las situaciones. Incluso los sistemas de aparcamiento remoto disponibles actualmente exigen supervisión constante y limitan el rango de acción.
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