Neumáticos fabricados con botellas de plástico y diente de león

Continental desarrolla neumáticos con materiales alternativos y ahora trabaja para sustituir el caucho por la piel del arroz.

Continental

Continental ensaya con materiales alternativos para desarrollar neumáticos.

Ecología obliga. Al igual que en la movilidad el petróleo está siendo desplazado por energías alternativas, en la fabricación de neumáticos el caucho ya no es la única materia prima. Llegan alternativas como las botellas de plástico. Continental ya tiene ultimado un neumático elaborado con ese material reciclado, que estrenará en Extreme-E, la competición sostenible con la que se han asociado.

Será la única mujer ganadora del Dakar, Jutta Kleinschmidt, la encargada de probar por primera vez ese nuevo compuesto en la próxima cita de la competición que se disputará en Cerdeña el 24 de octubre. Y el año próximo, todos los vehículos eléctricos que compiten calzarán esa nueva tecnología que en un futuro también equipará a los coches de serie.

Pero ya antes la firma alemana había fabricado el neumático Taraxagum con un compuesto procedente de la planta llamada diente de león (de nombre científico Taraxacum officinale), y tiene muy avanzado el proyecto para utilizar cáscara de arroz en la elaboración de sus productos. Con un presupuesto anual que supera los 1.000 millones de euros en investigación y desarrollo, Continental trabaja para conseguir reducir el impacto ecológico en la fabricación de sus productos.

Uno de cada tres coches nuevos que se venden en Europa llegan al concesionario calzados con neumáticos Continental. En sus laboratorios de Hannover se ensaya con 250.000 compuestos al año para comercializar no más de cuatro nuevos productos por temporada.

Los neumáticos Taraxagum de Continental.

Y ahí comienzan las pruebas, que se desarrollan a lo largo y ancho del planeta, pero también en las instalaciones del Contidrom, una superficie de 160 hectáreas cerca de Hannover (Alemania) con circuitos y pistas de pruebas, y donde se ubica el AIBA, un laboratorio para probar frenadas en todo tipo de condiciones. En parte gracias a él, aunque también al resto de estudios y pruebas, además de la mejora en los sistemas de frenada, los vehículos actuales recorren 30 metros menos que hace dos décadas cuando deceleran de 100 km/h a 0.

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