LUIS PÉREZ-SALA 24/11/2007
El Mazda 2 es un utilitario a la última que renuncia a la línea monovolumen del anterior, y adopta una carrocería más baja y muy moderna. La versión de la prueba incluye detalles
que simplifican el uso diario, como acceso y arranque sin sacar la llave o sensores de faros y lluvia. Pero lo más meritorio de este coche es el esfuerzo por reducir consumos y emisiones rebajando el peso: al contrario que otros rivales, es casi cien kilos más ligero que el anterior, lo que mejora también las prestaciones, pero transmite al volante más sensación de solidez.
El Mazda 2 sólo se vende por ahora con motores de gasolina y se han reducido los rozamientos internos para mejorar su eficiencia. El 1.5 de la prueba rinde 103 CV y va acoplado a un cambio manual de cinco marchas con la palanca en la consola central. Pero incorpora reglajes variables en las válvulas que, junto al acelerador electrónico y una inyección muy avanzada, aportan un funcionamiento agradable y muy limpio. Así, el ralentí apenas pasa de 600 vueltas, frente a las 800 habituales, y aparte de que cuesta apreciar si está en marcha, lo que se agradece en ciudad, no hace ruido ni vibra nada. Impresiona también al acelerar a bajo régimen, porque responde al instante desde 1.000 vueltas y evita muchas reducciones, otra ventaja en tráfico urbano. A medio régimen, es menos brillante y no tiene la fuerza de un turbodiésel, pero se estira hasta 6.500 vueltas y ofrece un margen de uso más amplio.
Las prestaciones son satisfactorias en todo tipo de trazados: mueve bien el peso y no es perezoso al adelantar ni se queda en las subidas. Sólo se echa de menos una sexta marcha para viajar con menos ruido y llevar el motor más desahogado, porque es algo chillón a alto régimen. Pero, a pesar de esta carencia, el consumo es bajo para un motor de gasolina con su potencia: gasta seis litros a ritmos suaves y sólo pasa de ocho en ciudad y apurando las marchas.
La versión 1.5 de gasolina sólo se vende en acabado Sport, que ofrece un comportamiento similar al resto, aunque añade ruedas más grandes de 16 pulgadas y un equipo de seguridad superior, con seis airbags y ESP de serie. Con esta base, el Mazda 2 no tiene las reacciones rápidas de los utilitarios más deportivos, pero ofrece un buen compromiso entre eficacia y confort, y una estabilidad muy correcta en todas partes. Es muy fácil y suave de conducir, destaca por su manejabilidad y hace sentirse compenetrado enseguida. Aunque las suspensiones no son muy rígidas, es ágil en cambios de dirección, no balancea en exceso y obedece al volante con precisión en las curvas. Y tiene aplomo en carreteras rápidas y autopista, da confianza y filtra bien los baches.
Un utilitario cómodo y seguro que frena bien, transmite consistencia y ofrece una conducción agradable en ciudad y carretera.
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