La Universidad de Granada ha demostrado que colocar en las carreteras líneas que se iluminan por la noche ayuda a reducir los accidentes de tráfico, ya que el delineado fotoluminiscente mejora el comportamiento de los conductores en las curvas y reduce el riesgo de salida de vías.
Dos equipos científicos de la UGR han desarrollado una investigación exploratoria sobre el potencial de las marcas viales inteligentes fotoluminiscentes como herramienta para mejorar la seguridad en carretera, especialmente durante la conducción nocturna y en tramos con curvas.
Las marcas fotoluminiscentes tienen la capacidad de emitir luz en la oscuridad sin necesidad de una fuente eléctrica externa, ya que almacenan energía luminosa durante el día y la liberan por la noche.
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Este hallazgo no parece irrelevante. Desde el año 2000 unas 16.000 personas han perdido la vida en España después de una salida de vía y otras 450.000 han sufrido heridas de mayor o menor gravedad. Es el tipo de siniestro vial más común en las carreteras interurbanas (33,5%) y el que ocasiona más sufrimiento (un 40% de los fallecidos), según los datos recopilados y analizados en un estudio reciente por el Instituto Universitario de Tráfico y Seguridad Vial (INTRAS) de la Universitat de València.
Solo en el penúltimo año, según recoge el Anuario estadístico de accidentes 2024, último publicado por la DGT, hubo 15.922 siniestros con víctimas por salida de vía en los que murieron 630 personas y 2.061 requirieron hospitalización.
Anticiparse a la carretera
A diferencia de la señalización convencional, que depende del reflejo de los faros del vehículo, estas líneas permiten anticipar mejor el trayecto de la carretera con baja visibilidad y el estudio ha medido su impacto con un experimento dentro de un simulador avanzado de conducción de la UGR.
Los conductores participantes han recorrido distintos escenarios nocturnos que reproducen carreteras rurales con curvas para comparar la señalización convencional, marcas inteligentes de color verde y otras rojas, además de medir diferentes grosores de las líneas.
Según el estudio, con marcas inteligentes los conductores mantienen una mayor distancia respecto al borde de la carretera, un comportamiento asociado a una menor probabilidad de salida de vía.
Este patrón se observa tanto con marcas verdes como rojas, lo que indica un efecto positivo de la mejora de la visibilidad del trazado, unos hallazgos que son aún preliminares.
“Además, en ningún caso se ha detectado un aumento de la velocidad, lo que sugiere que esta tecnología mejora la percepción del trazado sin inducir conductas de riesgo”, ha explicado el autor principal del trabajo, Francesco Angioi.
Marcas viales de igual anchura
En cuanto al ancho de las marcas viales, los autores del estudio consideran innecesario aumentar el de la señalización actual. A su juicio, los beneficios de la tecnología fotoluminiscente se mantienen con las dimensiones convencionales, circunstancia que facilita su implantación y reduce costes.
Las marcas fotoluminiscentes se perfilan como una solución eficaz que puede aplicarse en curvas peligrosas, tramos rurales con escasa iluminación y zonas con visibilidad reducida.
“El estudio abre una vía prometedora para el desarrollo de soluciones innovadoras orientadas a una movilidad más segura”, concluye la investigadora del Departamento de Ingeniería Civil Rocío de Oña.
En la misma línea, el análisis del INTRAS cuantificó por primera vez el impacto potencial de los sistemas inteligentes de transporte (ITS) en las salidas de vía. Los investigadores calcularon que podrían intervenir favorablemente en el 49,5% de todas las salidas de vía y en el 59,7% de las que causan fallecidos o heridos graves.
Los ITS permiten detectar, comunicar y corregir riesgos en tiempo real mediante sistemas como la señalización dinámica, la gestión automatizada de velocidad, los avisos por meteorología adversa, los detectores de fauna, los radares de tramo o los paneles que alertan de la fatiga y el estado del pavimento.
En el estudio de la universidad granadina han colaborado el grupo Transporte y Seguridad (TRYSE) del Departamento de Ingeniería Civil y el Laboratorio de Neuroergonomía del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC).
El trabajo, que se publica en la revista internacional Accident Analysis & Prevention, forma parte del proyecto SARAH, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Agencia Estatal de Investigación y fondos FEDER de la Unión Europea.
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