Durante los últimos años, los fabricantes han llenado sus coches de sistemas capaces de detectar obstáculos, corregir trayectorias o mantener distancias sin que el conductor tenga que actuar directamente sobre los mandos.
El objetivo es claro: reducir errores humanos y evitar accidentes. Sin embargo, cuanto más capaz parece un automóvil de reaccionar por sí mismo, mayor puede ser la tentación de relajarse al volante.
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Eso es precisamente lo que ha querido analizar una nueva encuesta realizada en Alemania. Los resultados muestran diferencias importantes según la edad, el lugar donde se conduce y la frecuencia con la que se utiliza el vehículo.
Hasta dónde llega la confianza
La investigación pretende conocer cómo perciben los conductores las ayudas a la conducción y, sobre todo, cómo las utilizan en situaciones cotidianas. El objetivo es poner sobre la mesa tanto sus ventajas como los riesgos que pueden aparecer cuando se confía demasiado en ellas.
El estudio fue encargado por AXA Deutschland y realizado por YouGov mediante una encuesta online entre el 24 y el 27 de julio de 2026. Participaron 2.032 personas mayores de 18 años residentes en Alemania.
La mayoría mantiene una visión positiva de estas tecnologías. El 77 % considera que los sistemas de asistencia aumentan la seguridad vial, aunque al mismo tiempo existe una preocupación importante por la forma en la que algunos usuarios pueden llegar a utilizarlos.
De hecho, el 44 % cree que los conductores confían demasiado en estas funciones y, como consecuencia, prestan menos atención mientras conducen. Una percepción que adquiere especial relevancia entre los usuarios más jóvenes.
Los conductores jóvenes son los que más se distraen
Una de las respuestas que más llama la atención aparece al preguntar a los participantes si alguna vez han aprovechado las ayudas del vehículo para dedicarse a otras actividades mientras el coche estaba en movimiento.
Entre los conductores de 18 a 24 años, el 48 % reconoce haberlo hecho. El dato es todavía más elevado entre los hombres de esa franja de edad: el 63 % de los varones de entre 18 y 24 años reconoce haber utilizado estas ayudas mientras realizaba otras actividades durante la marcha.
Si se amplía la comparación a todos los participantes, independientemente de su edad, también aparece una diferencia notable entre sexos. El 19 % de los hombres afirma haberlo hecho alguna vez, frente al 7 % de las mujeres.
En la ciudad hay más situaciones de riesgo
El lugar en el que se conduce también parece influir en la relación con las ayudas electrónicas. Los participantes que viven en zonas urbanas muestran una utilización diferente respecto a quienes residen en áreas rurales.
Entre los conductores de ciudad, el 41 % afirma que alguna de estas tecnologías le ha ayudado a evitar una situación peligrosa. En las zonas rurales, el porcentaje baja hasta el 34 %.
Pero la otra cara aparece al preguntar por el uso de las ayudas para realizar otras actividades. El 22 % de los residentes en ciudades reconoce haberlo hecho mientras conducía, frente al 8 % de quienes viven en zonas rurales.
El sistema no asume toda la conducción
Los resultados también muestran que estas tecnologías tienen un efecto positivo para muchos conductores. El 37 % de los encuestados asegura que una ayuda a la conducción le ha permitido evitar una situación peligrosa.
Sin embargo, existe otro dato que obliga a mirar con más cautela esa confianza. El 22 % afirma haber vivido una situación peligrosa provocada, según su propia percepción, por un sistema de asistencia, que no se habría producido de no haber estado presente dicha tecnología.
Esta respuesta no significa necesariamente que el dispositivo haya sufrido un fallo técnico. Una parte del problema puede encontrarse en la interpretación que hace el usuario de las capacidades del vehículo o en utilizar una función fuera de las condiciones para las que ha sido diseñada.
Los conductores que más utilizan el coche confían
La frecuencia con la que se utiliza el vehículo también modifica las respuestas. Entre quienes conducen al menos cinco días a la semana, el 12 % reconoce haber utilizado alguna ayuda para poder realizar otras actividades mientras circulaba.
A pesar de ello, son precisamente estos conductores habituales quienes muestran una valoración especialmente positiva de la tecnología. El 80 % considera que los sistemas de asistencia mejoran la seguridad vial.
La confianza también se proyecta hacia el futuro. Casi la mitad de los participantes, el 48 %, cree que las próximas generaciones difícilmente podrán conducir de forma segura sin este tipo de tecnologías.
El reto para los fabricantes y para los propios usuarios está, por tanto, en encontrar el equilibrio. Las ayudas pueden vigilar, advertir y actuar cuando detectan determinadas situaciones, pero siguen dependiendo de que la persona al volante conozca sus límites y mantenga el control del vehículo.
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Nació en Madrid y desde pequeña soñaba con conducir. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y amplió su formación en Barcelona con un máster en Periodismo Deportivo en la Universitat Pompeu Fabra. Especializada en motor y también en competición, combina la redacción con la radio y la cobertura de grandes premios de motociclismo.
