En invierno, cuando las temperaturas son tan bajas, hay algunos rituales que los conductores deben seguir antes de empezar a conducir: sobre todo aquellos que aparcan el coche en la calle y lo cogen a primera hora de la mañana.
Un truco que la mayoría de la gente conoce consiste en esperar unos segundos antes de iniciar la marcha. De esta manera, el motor puede alcanzar una temperatura adecuada de funcionamiento.
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Existe, sin embargo, una práctica que muchos conductores siguen y que puede ser perjudicial para el motor porque acorta su vida útil poco a poco: especialmente si se realiza a primera hora de la mañana.
Consiste en conducir rápida y bruscamente, a altas revoluciones, inmediatamente después de arrancar y antes de que el motor haya alcanzado la temperatura óptima de funcionamiento. ¿Cuál es? Ronda, de media, los 90 grados, aunque puede variar un poco según el modelo.
Cuando el vehículo permanece expuesto al frío durante toda la noche y el conductor comienza a conducir acelerando con intensidad, obliga al motor a hacer un mayor esfuerzo. Esto se traduce en un innecesario estrés porque no le permite calentarse orgánicamente con presiones graduales en el pedal derecho.

La importancia de dar tiempo al aceite
Hay que tener en cuenta, por otro lado, que cuando se apaga un vehículo, el aceite del motor se deposita en el cárter. Al encenderlo, necesita unos segundos para circular y lubricar todas las piezas. En invierno, este proceso se ralentiza debido a las bajas temperaturas y el riesgo de desgaste aumenta si no se actúa correctamente.
Los aceites actuales están formulados para conservar su viscosidad tanto en frío como en caliente. Gracias a ello, los coches modernos pueden funcionar desde el arranque sin problemas graves. Nada que ver con los modelos antiguos, donde era obligatorio mantener el motor varios minutos al ralentí antes de iniciar la marcha para evitar daños internos.

Aun así, alcanzar la temperatura óptima sigue siendo esencial para prevenir averías. Por eso, tras arrancar, conviene dejar el coche unos segundos al ralentí: nunca más de 30. Este gesto marca la diferencia y evita que el motor trabaje en seco.
Este breve intervalo permite que el aceite comience a moverse por el circuito de lubricación y llegue a todos los componentes. Y es que medio minuto es clave para que el motor empiece a trabajar en condiciones adecuadas.

Circular suavemente
Para completar el calentamiento, lo mejor es comenzar la marcha con suavidad, evitando aceleraciones bruscas: no conviene pisar a fondo con revoluciones bajas ni usar marchas demasiado largas, ya que esto genera esfuerzos innecesarios.
Durante este proceso, la conducción debe ser lo más suave posible. Es fundamental no revolucionar el motor en exceso. Aunque no existe una cifra universal, sí hay referencias útiles para orientarse y evitar errores comunes.
En motores de gasolina, lo recomendable es mantenerse cerca de las 2.500 revoluciones por minuto; en los diésel, alrededor de las 2.000. Una vez que todas las temperaturas se estabilicen, se podrá aumentar el régimen y aplicar más intensidad a la conducción sin riesgos.
¿Durante cuánto tiempo? Bastará con unos 10 minutos. El objetivo es evitar cambios bruscos de temperatura. Así, tanto el líquido refrigerante como el aceite alcanzarán progresivamente su nivel óptimo. Sólo entonces el motor estará completamente preparado para rendir al máximo.
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