Los neumáticos, las luces o los frenos suelen estar entre los elementos que más preocupan a los conductores cuando llega el momento de pasar la ITV. Sin embargo, existe otro problema que a menudo pasa desapercibido y que también puede provocar un resultado desfavorable.
Precisamente sobre una de estas situaciones ha querido llamar la atención Pedro, un mecánico que comparte consejos de mantenimiento en redes sociales. En uno de sus últimos vídeos, lanza una advertencia dirigida a todos aquellos conductores que tienen próxima una visita a la ITV y recuerda la importancia de no pasar por alto determinadas señales que pueden aparecer en el vehículo.
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Las fugas y su importancia
El motivo de la advertencia tiene que ver con las fugas de líquidos, un problema más habitual de lo que muchos conductores creen. Según explica el mecánico, no todas tienen las mismas consecuencias a la hora de pasar la inspección y conviene diferenciar entre una pequeña pérdida puntual y una fuga importante.
En concreto, el mecánico señala que un motor que simplemente rezuma aceite no suele representar un problema grave durante la ITV. No obstante, la situación cambia cuando el vehículo llega a la inspección goteando aceite de forma continuada, ya que los inspectores pueden considerar que existe una anomalía que debe ser reparada antes de volver a circular con normalidad.
Además, recuerda que con el combustible ocurre algo muy parecido. Una fuga evidente puede dar lugar a un resultado desfavorable, especialmente por los riesgos de seguridad que implica una pérdida de estas características.
Las manchas bajo el coche
En muchas ocasiones, el primer aviso aparece al mover el vehículo del lugar en el que estaba estacionado. Es entonces cuando algunos conductores descubren una mancha en el suelo y comienzan las dudas sobre su origen.
Entre los líquidos que con más frecuencia pueden encontrarse debajo del coche se encuentran el aceite, la gasolina, el líquido refrigerante o incluso el agua procedente del sistema de climatización. Aunque no todas las manchas indican una avería, sí conviene prestarles atención para descartar problemas mecánicos más importantes.
La mayor parte de los circuitos por los que circulan estos fluidos están diseñados para ser completamente estancos. Por eso, cuando aparecen fugas, lo más recomendable es identificar su origen cuanto antes y comprobar si se trata de una pérdida puntual o de una avería que requiere reparación.

Por qué una fuga de aceite es un problema serio
Encontrar aceite debajo del vehículo es una de las situaciones que más preocupan a los mecánicos, ya que este líquido desempeña una función esencial dentro del motor, puesto que se encarga de lubricar las piezas internas y reducir el desgaste provocado por la fricción.
Si el nivel de aceite disminuye por una fuga continuada, los componentes del motor comienzan a trabajar en condiciones deficientes. Con el paso de los kilómetros, esta situación puede provocar averías de gran coste e incluso daños irreversibles en la mecánica.
Cómo identificar una pérdida de aceite
Las manchas de aceite suelen ser relativamente fáciles de reconocer. En los vehículos diésel acostumbran a presentar un tono negro oscuro, mientras que en los motores de gasolina pueden mostrar un color más parecido al de la miel cuando el lubricante todavía se encuentra en buen estado.
Además del color, existe otro indicio muy característico. Al tocarlo con los dedos, el aceite ofrece una sensación viscosa y grasienta, muy diferente a la del agua o a la de otros líquidos utilizados por el vehículo.

Los puntos donde suelen aparecer las fugas
Las pérdidas de aceite pueden originarse en distintos puntos del motor. Uno de los más habituales es el tapón de vaciado del cárter, especialmente cuando no ha quedado correctamente ajustado después de una revisión.
También son frecuentes las fugas provocadas por golpes en el propio cárter, una pieza especialmente expuesta al encontrarse en la parte más baja del vehículo. Los badenes, bordillos o irregularidades del terreno pueden llegar a dañarlo. A ello se suman otros elementos como los retenes, las juntas o determinados conductos que, con el paso de los años y los kilómetros, terminan deteriorándose.

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