Mercedes GLC 300 e EQ, el SUV híbrido enchufable que justifica cada uno de los 71.434 euros que cuesta

Combina elegancia, calidad, eficiencia y dinamismo en un conjunto de muy alto nivel general.

Mercedes GLC

Rozaría lo ridículo decir que un coche que cuesta más de 70.000 euros se puede considerar barato. Sin duda. Sin embargo, sí puede tener sentido poner en contexto lo que una marca ofrece por semejante zurrón de dinero, especialmente en un mercado inflacionado en que los coches son cada vez más caros. Y es en este análisis de coste frente a beneficios en el que el Mercedes-Benz GLC 300 e EQ, con mecánica de gasolina híbrida enchufable, sale mejor parado de lo que podría parecer en principio.

Hay que considerar que un Mazda CX-80 con esta misma tecnología supera los 68.000 euros, una cantidad similar a la que habría que pagar por un Hyundai Santa Fe igualmente con una solución PHEV. Y sin desmerecer en absoluto a estos dos productos de mucha calidad, la realidad es que el Mercedes GLC juega en otra liga, se encuentra a otro nivel en la mayoría de los aspectos. Así que, en este sentido, se trata de una compra interesante para todo aquellos que se lo puedan permitir.

Mercedes-Benz ofrece el GLC en dos carrocerías: la SUV convencional y la denominada Coupé que, obviamente, dispone de una silueta con esta línea, en la que destaca la caída más pronunciada de la parte posterior del techo. Una característica que hace mucho más atractivo al vehículo, aunque se deben asumir los inconvenientes inevitables en este caso y que son tres evidentes.

Los dos primeros tienen que ver con la habitabilidad, ya que se pierde altura libre al techo en las plazas traseras (casi 10 centímetros) y el maletero se queda en 370 litros, que son 80 menos que en la caja convencional. El tercero, asociado a la forma del portón, es la escasa visibilidad desde el retrovisor interior, ya que la luna tiene un tamaño realmente pequeño.

Aceptando tales condicionante, el GLC Coupé es un coche realmente atractivo. Su carrocería de 4,76 metros exhibe un aspecto imponente, en una acertada combinación de elegancia y dinamismo, con formas musculosas y esa imagen de vehículo prémium que define a la marca alemana de la estrella. Es un SUV sin estridencias, pero que tampoco pasa desapercibido, un perfecto automóvil de representación que no desentona en ningún escenario.

Calidad de primer nivel

No se puede decir mucho sobre la calidad de Mercedes-Benz que no se sepa ya. Lo dicho: coches caros pero hechos con un esmero que justifica su precio. Simplemente con cerrar la puerta se aprecia que este no es un automóvil fabricado a la carrera, proviene de una empresa que lleva 140 años en el negocio y que sabe cómo satisfacer a los clientes más exigentes.

El ambiente en el interior del GLC es de los que se disfruta en todo momento. Materiales exquisitos, remates impecables, ajustes precisos y un equipamiento que no defrauda considerando su posicionamiento de precio. Tecnología y comodidad se dan la mano para ofrecer una experiencia de primer nivel a sus ocupantes, de los cuales solo podrán tener queja los de las plazas traseras que midan más de 1,80 metros, por ya mencionada reducida altura del techo en esta zona.

Mercedes GLC

La información llega a través de las ya inevitables pantallas, en este caso la de instrumentación horizontal de 12,3 pulgadas y la central multimedia de 11,9 pulgadas y colocada verticalmente. Ambas son, como se puede adivinar, personalizables y también la puerta de acceso a un universo enorme de posibilidades, tanto de información como de configuración o entretenimiento.

No faltan, lo que es de agradecer, botones físicos para acceder de forma más rápida y sencilla a las funciones más habituales o importantes. Y también merece mención especial la facilidad para desconectar las asistencias a la conducción de las que el usuario elija prescindir de forma puntual.

Eficiencia con etiqueta Cero

Mercedes-Benz ofrece una tecnología híbrida enchufable que, sin duda alguna, es referencia del mercado. Para empezar, porque está disponible tanto en motorizaciones diésel como en gasolina, esta última la que montaba la unidad de pruebas. Más allá de esta posibilidad de elección, los QE homologan autonomías libres de emisiones muy satisfactorias, como son los 127 kilómetros del 300 e.

La propuesta de la marca alemana se basa en la combinación de un propulsor de gasolina de cuatro cilindros y dos litros de cubicaje con 204 CV, que trabaja en sintonía con una unidad eléctrica que aporta 156 CV para alcanzar un rendimiento conjunto de 313 CV.  Se alimenta con la energía de una batería de 25,2 kWh útiles, que se recarga en corriente alterna a una velocidad de hasta 11 kW. El cambio es automático de nueve relaciones y para la tracción se opta por el sistema integral 4Matic.

Superando los 120 kilómetros de alcance 100% eléctrico, Mercedes consigue que su GLC 300 3 EQ sea uno de los SUV más satisfactorios en este sentido.  La marca homologa un consumo eléctrico de 17,9 kWh a los 100 kilómetros, que es algo superior en la práctica sin llegar nunca a exagerado con una conducción mínimamente cuidadosa. De este modo, el gasto total de gasolina, hasta que se agota la batería, se queda en 2,1 litros a los 100, pudiendo ser prácticamente nulo en el tráfico urbano y siempre que no se someta al coche a exigencias prestacionales innecesarias.

Como único inconveniente de esta tecnología, y frecuente en la mayoría de los híbridos enchufables, es que el depósito de gasolina tiene una capacidad de solo 49 litros, lo que penaliza en los viajes más largos a velocidades elevadas en autovía o autopista. Porque cuando la electricidad deja de apoyar al motor de combustión, el gasto de combustible se dispara y, en consecuencia, el paso por la gasolinera requerirá de mayor frecuencia de lo deseable.

Dos motores, doble personalidad

Los híbridos enchufables se presentan como una alternativa válida para muchos conductores porque aúnan lo mejor de dos mundos: la independencia energética de un motor de combustión junto a la eficiencia y sensaciones del eléctrico. Una doble personalidad que se encuentra en el GLC 300 e EQ, lo que viene a apuntalar la solvencia general de esta propuesta de Mercedes.

Con un centenar de kilómetros de autonomía sin emisiones, este SUV de estilo cupé puede conducirse como un eléctrico puro en la mayoría de los desplazamientos cotidianos, sobre todo los urbanos. Muchos serán los conductores que, para su día a día, no necesiten recargar la batería más allá de una vez a la semana, con el consiguiente ahorro que ello supone junto al placer de utilización de un vehículo eléctrico, sin ruidos, con una suavidad muy agradable y las ventajas evidentes del etiquetado Cero de la DGT.

Todo ello sin renunciar a un coche plenamente capaz en los viajes (más allá de las señaladas limitaciones de autonomía de su depósito), con más de 200 CV en su motor térmico y un comportamiento caracterizado por el aplomo, la seguridad y la precisión en cualquier trazado. La tracción total ayuda en este sentido, junto a una dirección de precisión destacable y una suspensión con un equilibrio reseñable entre la comodidad y la estabilidad.

Eso sí, como ocurre en todos estos coches tan sofisticados como equipados, conviene tener en cuenta que en vacío supera los 2.300 kilos, que se dejan sentir tanto en las derivas en curvas como en las frenadas más intensas. Nada que no se asuma tras una utilización mínima del coche y el consiguiente proceso de adaptación si se carecen de referencias de vehículos tan pesados.

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