Hubo un tiempo en el que explicar qué había bajo el capó de un coche era bastante sencillo: un motor de gasolina o diésel enviaba su potencia a las ruedas.
La electrificación ha cambiado por completo ese esquema y hoy existen automóviles con dos, tres o incluso más motores, aunque no todos funcionan de la misma manera ni tienen la misma misión.
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Los híbridos han complicado la ecuación
En un híbrido convencional encontramos como mínimo un motor de combustión y una máquina eléctrica. Dependiendo de la arquitectura, ambos pueden participar en la propulsión, juntos o por separado.
Pero existen sistemas híbridos todavía más complejos. Algunos utilizan un motor térmico acompañado de dos máquinas eléctricas. Una puede encargarse principalmente de impulsar el vehículo, mientras la otra funciona fundamentalmente como generador, arrancador o elemento encargado de gestionar los flujos de energía.
Por eso decir que un coche tiene tres motores no significa necesariamente que los tres estén empujando las ruedas simultáneamente.
Híbridos enchufables: más posibilidades
Los PHEV añaden una batería considerablemente mayor que puede recargarse desde la red eléctrica. Aquí también pueden aparecer diferentes configuraciones: un motor de combustión acompañado por uno eléctrico, o un propulsor térmico combinado con varias máquinas eléctricas.
Una solución bastante habitual en sistemas de altas prestaciones consiste en colocar un motor eléctrico en uno de los ejes. De esta manera puede conseguirse tracción total sin necesidad de conectar mecánicamente ambos ejes mediante un árbol de transmisión convencional.
La electrónica decide constantemente qué propulsor debe intervenir en función de la carga de la batería, la velocidad, la demanda del acelerador y el modo de conducción seleccionado.
Dos motores en un eléctrico
En los coches completamente eléctricos la explicación suele ser más sencilla. Un modelo de un solo motor normalmente impulsa el eje delantero o el trasero. Cuando dispone de dos, una configuración muy extendida consiste en instalar un motor eléctrico en cada eje.
El resultado es una tracción total gestionada electrónicamente. Además de proporcionar más potencia y capacidad de aceleración, permite repartir el par entre ambos ejes de manera extremadamente rápida.
Eso no significa que ambos motores tengan que trabajar continuamente. En determinadas condiciones, el automóvil puede reducir la intervención de uno de ellos para mejorar la eficiencia y disminuir el consumo.
¿Y para qué sirven tres motores?
Los eléctricos de mayores prestaciones pueden ir todavía más lejos. Una posible arquitectura consiste en utilizar un motor delante y dos detrás, aunque existen otras configuraciones.
Disponer de dos motores independientes en un mismo eje permite controlar con enorme precisión cuánto par recibe cada rueda. Es lo que facilita sistemas avanzados de vectorización de par, capaces de mejorar la motricidad y modificar el comportamiento del coche en curva.
La ventaja, por tanto, no consiste únicamente en conseguir cifras espectaculares de potencia. También permite gestionar de manera mucho más precisa cómo llega esa potencia al asfalto.
Las potencias no siempre se pueden sumar
Aquí aparece otra de las confusiones habituales. Si un coche tiene un motor de 200 CV y otro de 150 CV, no necesariamente dispone de un total de 350 CV.
La potencia máxima conjunta puede estar condicionada por la capacidad de descarga de la batería, los inversores, la temperatura del sistema o las limitaciones establecidas por la propia electrónica.
Por eso los fabricantes suelen indicar una potencia máxima del sistema, que puede ser inferior a la suma aritmética de las potencias máximas individuales de cada motor.
Dos combustibles tampoco significan dos motores
Algo parecido ocurre con los vehículos bifuel. Un coche preparado para funcionar con gasolina y GLP dispone normalmente de un único motor de combustión capaz de utilizar cualquiera de los dos carburantes.
Tiene dos depósitos y puede utilizar dos combustibles, pero no tiene dos motores. La confusión procede de mezclar la fuente de energía con el dispositivo que finalmente la transforma en movimiento.
Los mild hybrid también merecen una aclaración. Su pequeño motor eléctrico puede recuperar energía y ayudar al propulsor térmico, pero normalmente no puede mover por sí solo el vehículo. En un híbrido completo, en cambio, sí puede existir conducción exclusivamente eléctrica durante determinadas situaciones.
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Periodista especializado en motor desde hace más de 20 años, ha trabajado en diferentes gabinetes de prensa (Federación Española de Automovilismo o Circuito del Jarama) y medios especializados (Motor 16, Marca Motor o Auto Bild). Apasionado de coches, motos y, ahora también, de los cacharros con alas.
