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El coche se convierte en médico: así empiezan el volante, el cinturón y la cámara a vigilar la salud del conductor

Madrid |

El sistema analiza señales como el ritmo cardíaco o la respiración para detectar cambios mientras se conduce.

coche detecta enfermedades

Foto: Getty Images

La tecnología que incorporan los vehículos está a punto de entrar en un terreno que hasta ahora parecía reservado a la medicina. Y lo hace utilizando elementos que ya forman parte del propio habitáculo. 

El volante, el cinturón de seguridad y una cámara situada frente al conductor pueden convertirse en nuevos sensores del automóvil, capaces de recoger información que hasta ahora quedaba fuera de los sistemas convencionales de asistencia. 

Un habitáculo que empieza a vigilar al conductor 

El proyecto lo desarrolla el Peter L. Reichertz Institute for Medical Informatics (PLRI) de la Universidad Técnica de Braunschweig, junto con la Escuela de Medicina de Hannover y el Instituto de Ingeniería del Automóvil de la misma universidad. 

Los investigadores han creado dos vehículos de pruebas para estudiar cómo puede utilizarse el coche como plataforma capaz de monitorizar determinados parámetros físicos durante la conducción

La tecnología se presentará en Automechanika Frankfurt, que se celebrará del 8 al 12 de septiembre de 2026. Allí se podrá comprobar cómo se han integrado los distintos sensores en el interior de los vehículos. 

Imagen de PLRI/TU Braunschweig

El volante deja de ser solo un elemento de control 

Uno de los componentes más llamativos del sistema se encuentra en el volante. Los investigadores han colocado electrodos que permiten registrar un electrocardiograma mientras el conductor mantiene las manos sobre él. 

El cinturón de seguridad también incorpora tecnología adicional. En este caso, unos micrófonos integrados captan los sonidos producidos por el corazón, una técnica conocida como fonocardiografía. 

La tercera pieza está situada en la zona del retrovisor interior. Una cámara analiza los movimientos corporales y los cambios de coloración del rostro para obtener información relacionada con la respiración y el ritmo cardíaco. 

El sistema se completa con sensores ópticos capaces de detectar variaciones en el volumen de sangre de los tejidos. A través de esta técnica, conocida como fotopletismografía, se puede obtener información sobre la frecuencia cardíaca y posibles alteraciones del ritmo. 

Todo está diseñado para funcionar de manera discreta y sin modificar la forma de conducir. No hay que ponerse un dispositivo específico ni iniciar manualmente una medición antes de arrancar. 

El coche también tiene que saber analizar datos

Aquí aparece uno de los mayores retos del proyecto. Los datos fisiológicos registrados dentro de un automóvil pueden cambiar simplemente por lo que ocurre durante un trayecto. 

Una frenada, una aceleración, una curva, las vibraciones de la carretera o un cambio de postura pueden modificar las señales que reciben los sensores. Por eso, un valor diferente no puede interpretarse automáticamente como una alarma

Los vehículos desarrollados por la universidad alemana registran simultáneamente información sobre la dinámica del vehículo. La inteligencia artificial cruza esos datos con las señales procedentes del conductor para determinar el contexto en el que se ha producido cada variación. 

De esta manera, el automóvil puede diferenciar mejor entre una reacción provocada por una determinada maniobra y un cambio fisiológico que podría tener otra explicación. 

De medir datos a adaptar el coche 

La investigación no se limita a comprobar si el automóvil puede registrar correctamente las constantes del conductor. El siguiente paso consiste en estudiar qué puede hacer el propio vehículo con esa información. 

Una de las posibilidades son sistemas de asistencia personalizados. Si el automóvil detectara determinados patrones anómalos, podría modificar el funcionamiento de algunas ayudas a la conducción para aumentar la seguridad de los ocupantes. 

La tecnología también podría utilizarse para adaptar determinadas funciones de confort a las circunstancias de quien está al volante. 

El concepto cambia así de forma considerable: los asistentes dejan de analizar únicamente el entorno exterior y empiezan a tener en cuenta también el estado de la persona que controla el vehículo. 

Una vigilancia que podría funcionar a largo plazo 

La otra gran diferencia respecto a muchos sistemas actuales está en la forma de analizar la información. Los investigadores no buscan únicamente detectar un valor anormal en un momento concreto. 

El proyecto utiliza una tendencia personalizada a largo plazo para identificar cambios respecto al comportamiento habitual de cada conductor. 

Ese seguimiento podría servir para detectar determinadas alteraciones antes de que sean evidentes. Entre las posibilidades estudiadas se encuentran señales relacionadas con problemas cardíacos, enfermedades neurológicas como el párkinson o patologías respiratorias como la EPOC. 

El automóvil, por tanto, no realizaría un diagnóstico médico. Su función sería identificar cambios o posibles anomalías que pudieran justificar una comprobación posterior por parte de un profesional sanitario. 

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Ruth García Perfil de Ruth García en Linkedin

Nació en Madrid y desde pequeña soñaba con conducir. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y amplió su formación en Barcelona con un máster en Periodismo Deportivo en la Universitat Pompeu Fabra. Especializada en motor y también en competición, combina la redacción con la radio y la cobertura de grandes premios de motociclismo. 

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