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El peligro oculto de los coches conectados: controló a distancia el Tesla de su expareja

Madrid |

La tecnología pensada para aportar comodidad terminó convirtiéndose en una herramienta capaz de alterar el uso del automóvil.

Mujer conduciendo asustada

Foto: Getty Images

Abrir las puertas, preparar la temperatura o consultar dónde está aparcado son algunas de las posibilidades que ofrecen los coches conectados. Funciones creadas para facilitar el día a día y evitar que el conductor tenga que estar dentro del vehículo. 

Sin embargo, ese control puede adquirir una dimensión completamente distinta cuando otra persona conserva los permisos necesarios. Un caso ocurrido en Australia muestra hasta dónde puede llegar el acceso remoto a un automóvil moderno. 

Todo comenzó con la alarma del coche 

La protagonista, identificada con el pseudónimo de Stacey para proteger su identidad, había comprado un Tesla mientras todavía mantenía una relación un hombre residente en Sídney. 

Tiempo después de que la pareja se separase, la alarma del automóvil comenzó a activarse durante la noche. Al revisar el vehículo, la mujer no encontró daños exteriores, pero sí descubrió algo extraño en su sistema. 

La configuración había sido reiniciada y en la pantalla aparecía un nuevo perfil de control parental al que ella no podía acceder. Poco después comprobaría que alguien todavía tenía capacidad para modificar el funcionamiento del vehículo a distancia. 

Su expareja conservaba acceso digital al Tesla y podía conocer su ubicación. Según los documentos policiales recogidos por The Guardian, durante varios días utilizó esos privilegios para intervenir sobre diferentes funciones mientras la mujer trataba de utilizar el automóvil. 

Controló varios servicios del coche

Una de las manipulaciones afectó directamente al climatizador. La temperatura del habitáculo era modificada remotamente, alternando ajustes extremadamente bajos y elevados sin que la conductora tuviera el control completo de lo que ocurría. 

La situación fue más lejos cuando se activó el denominado ‘Modo Valet’. Esta función restringió la velocidad máxima del Tesla a 40 km/h, provocando problemas de seguridad mientras la propietaria se encontraba circulando por carretera. 

También hubo interferencias mientras el automóvil permanecía enchufado. Su expareja realizó hasta siete intentos de detener remotamente el proceso de carga utilizando las posibilidades disponibles desde la aplicación

A todo ello se sumaba la capacidad de consultar dónde se encontraba el coche. El acceso a la localización permitía conocer sus movimientos sin necesidad de instalar ningún dispositivo adicional en el vehículo. 

El Tesla no había sido hackeado 

El caso puede parecer inicialmente un ataque informático, pero existe una diferencia importante. No consta que se explotara una vulnerabilidad del automóvil ni que alguien consiguiera entrar desde fuera en los sistemas de Tesla. 

La explicación estaba en cómo se había configurado originalmente la cuenta. Cuando la mujer compró el vehículo todavía mantenía la relación y tuvo dificultades para familiarizarse con algunas de sus funciones tecnológicas

El hombre se ofreció entonces a ayudarla y la convenció para registrar el control de la cuenta a su nombre. De esta manera podía administrar determinadas características del automóvil desde la aplicación y asistirla cuando fuera necesario. 

El problema apareció después de la ruptura. Aquellos privilegios no habían desaparecido y terminaron proporcionando a su expareja las herramientas necesarias para seguir interviniendo sobre el vehículo sin encontrarse físicamente junto a él. 

La documentación oficial de Tesla permite entender la importancia de esta diferencia. El propietario principal puede administrar los conductores asociados al automóvil, mientras los usuarios autorizados tienen disponibles numerosas funciones remotas desde el teléfono. 

El sistema de grabación interior de los Tesla.

Qué se puede controlar desde el móvil 

Los automóviles de Tesla permiten gestionar desde la aplicación elementos que tradicionalmente requerían encontrarse junto al vehículo. Entre ellos figuran el cierre, la climatización, la carga y diferentes parámetros relacionados con su utilización. 

La compañía también dispone de controles parentales, diseñados para establecer ciertas restricciones cuando el automóvil es utilizado, por ejemplo, por un conductor joven. 

Desde estos ajustes es posible fijar un límite de velocidad, reducir la aceleración y mantener activadas determinadas funciones de seguridad. Son herramientas concebidas para supervisar el uso del vehículo, aunque requieren que quien las administra disponga de los permisos correspondientes. 

La aplicación también puede mostrar la posición del automóvil a los usuarios autorizados. La combinación de todas estas posibilidades explica por qué conservar el acceso administrativo a un coche conectado puede tener mucha más importancia que disponer simplemente de una segunda llave física. 

Una condena tras utilizar la tecnología

La actuación del hombre terminó formando parte del procedimiento judicial abierto por el comportamiento mantenido contra su expareja. El señor, de 50 años, se declaró culpable y fue condenado a dos años y tres meses de prisión por diferentes delitos relacionados con violencia doméstica. 

Entre los hechos valorados por la Justicia australiana figuraba precisamente la utilización de la tecnología del Tesla para ejercer control sobre la mujer, junto a otras conductas que iban más allá del automóvil. 

El tribunal consideró que esas actuaciones formaban parte de un patrón de comportamiento coercitivo. El caso ha puesto además el foco sobre una cuestión cada vez más relevante a medida que los coches incorporan más funciones conectadas. 

La propia Tesla permite eliminar conductores asociados desde su aplicación y diferencia entre añadir usuarios y transferir la propiedad del vehículo, dos operaciones especialmente importantes cuando cambia la persona que debe conservar el acceso principal al automóvil. 

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Ruth García Perfil de Ruth García en Linkedin

Nació en Madrid y desde pequeña soñaba con conducir. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y amplió su formación en Barcelona con un máster en Periodismo Deportivo en la Universitat Pompeu Fabra. Especializada en motor y también en competición, combina la redacción con la radio y la cobertura de grandes premios de motociclismo. 

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