Un terremoto no avisa. Y si te sorprende mientras conduces, la situación puede volverse especialmente delicada. La vibración del asfalto, la reacción imprevisible de otros conductores y el posible desprendimiento de objetos convierten esos segundos en un escenario de riesgo real.
La buena noticia es que existe un protocolo básico, respaldado por organismos de emergencia y seguridad vial, que conviene tener claro.
Más información
Lo primero: mantener la calma. Puede parecer obvio, pero es el paso más importante. Un volantazo brusco o un frenazo repentino pueden provocar un accidente incluso antes de que el temblor alcance su punto máximo. Si notas que el coche se mueve de forma extraña o ves que otros vehículos reducen la velocidad de forma repentina, sujeta el volante con firmeza y comienza a disminuir la velocidad de manera progresiva.
Los expertos coinciden en que no se debe frenar en seco salvo que sea imprescindible. Lo recomendable es apartarse con suavidad hacia el arcén o una zona despejada.
Dónde parar
Aquí entra el segundo punto clave: elegir bien dónde detenerse. Evita parar bajo puentes, pasos elevados, túneles, edificios altos, postes eléctricos, árboles grandes o paneles publicitarios. Durante un sismo pueden caer fragmentos de hormigón, cristales o estructuras metálicas.
Una vez que encuentres un lugar razonablemente seguro, detén el vehículo por completo, activa las luces de emergencia, pon la baliza V-16 y acciona el freno de mano. Apaga el motor si la situación lo permite. En la mayoría de los casos, permanecer dentro del coche es más seguro que salir. La carrocería ofrece cierta protección frente a objetos que puedan desprenderse.

Y si estás en un túnel…
¿Y si el terremoto te pilla en un túnel? En ese caso, lo aconsejable es seguir avanzando con precaución hasta la salida si está cerca y es posible hacerlo con seguridad. Si no, detente sin bloquear completamente la vía y espera instrucciones de los servicios de emergencia a través de la señalización o la megafonía, si la hubiera.
Otro aspecto fundamental es mantener la atención en el entorno. Durante un seísmo, otros conductores pueden reaccionar de forma imprevisible: frenazos, cambios de carril sin señalizar o incluso vehículos que se detienen en mitad de la calzada. Mantén distancia de seguridad y evita cualquier maniobra brusca.
Cuando el temblor termine, no reanudes la marcha inmediatamente. Observa el estado del entorno: grietas en el asfalto, desprendimientos, cables caídos o señales dañadas. En zonas urbanas, presta especial atención a fachadas y cristales. Además, no se descartan réplicas, por lo que conviene circular con prudencia extrema.

En autopistas y autovías, es importante no invadir carriles de emergencia salvo necesidad real, ya que deben quedar libres para ambulancias, bomberos y fuerzas de seguridad. Si hay retenciones, mantén la calma y sigue las indicaciones oficiales.
En definitiva, si el suelo tiembla mientras conduces, la prioridad no es ‘huir’, sino detenerse de forma controlada y esperar en un lugar seguro. Saber cómo actuar reduce el riesgo de accidente y puede marcar la diferencia entre un susto y una situación mucho más grave.
Sigue toda la información de EL MOTOR desde Facebook, X o Instagram
Una pendiente se desmorona en cuestión de segundos por las fuertes lluvias: varios coches sufren las terribles consecuencias
¿Cubre el seguro los daños producidos en el coche por un huracán?