Un chaleco reflectante junto a unas obras ya no significa únicamente operarios, maquinaria pesada o tráfico lento. En algunos puntos de Estados Unidos, también puede ocultar algo que muchos conductores no esperan encontrar hasta que es demasiado tarde.
La escena se repite cada día en autopistas con carriles estrechos y conos naranjas. Vehículos que reducen la velocidad durante unos metros y vuelven a acelerar justo antes de abandonar la zona afectada. Sin embargo, una nueva fórmula de vigilancia ha empezado a cambiar ese comportamiento.
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El control que nadie ve venir
Según informan medios internacionales, la iniciativa se desarrolla en varias carreteras del estado de Nueva York y tiene un objetivo muy concreto: reducir la siniestralidad en zonas de obras. Para lograrlo, algunos agentes de tráfico trabajan camuflados entre los operarios reales, vestidos con casco, chaleco fluorescente y ropa de mantenimiento.
Desde la distancia resulta imposible diferenciarlos. Observan a los conductores que circulan demasiado rápido, utilizan el teléfono móvil o ignoran las señales temporales de desvío. Cuando detectan una infracción, avisan por radio a otras patrullas situadas varios metros más adelante.
El método forma parte de un operativo bautizado como ‘Operation Hard Hat‘, un programa impulsado por las autoridades estadounidenses para aumentar la vigilancia en tramos especialmente sensibles. La campaña ha ganado protagonismo tras el incremento de accidentes registrados en áreas de obras.

Cientos de multas en solo unos días
Los resultados han sido inmediatos. Durante una semana especial dedicada a la seguridad vial en carreteras en obras, la policía estatal de Nueva York impuso 747 sanciones en apenas cinco días en la autopista Thruway, una de las más transitadas de la región.
Más de 450 conductores fueron denunciados por exceso de velocidad. También se registraron decenas de infracciones relacionadas con el uso del teléfono móvil al volante y el incumplimiento de la normativa que obliga a cambiar de carril o reducir la marcha al aproximarse a vehículos detenidos.
Las autoridades consideran que el sistema funciona precisamente porque elimina el factor de anticipación. Muchos automovilistas reducen la velocidad únicamente cuando identifican un coche policial o un radar visible. Con agentes infiltrados entre trabajadores reales, esa reacción desaparece.
Preocupa a las autoridades
La presión sobre este tipo de controles no surge por casualidad. Las cifras de accidentalidad en zonas de obras llevan años encendiendo las alarmas en Estados Unidos. Solo en 2024 murieron alrededor de 850 personas en accidentes relacionados con trabajos en carretera.
Los datos de la Federal Highway Administration muestran además un aumento de los siniestros vinculados al exceso de velocidad. Aproximadamente un tercio de los accidentes mortales registrados en estos entornos tuvo relación directa con una velocidad inadecuada.
Las colisiones por alcance siguen siendo las más frecuentes. Muchos conductores reaccionan tarde ante cambios repentinos de carril, retenciones inesperadas o estrechamientos temporales. La situación empeora durante la noche, cuando se produce más de la mitad de los accidentes graves.

Un modelo que empieza a extenderse
Aunque Nueva York concentra gran parte de la atención mediática, esta fórmula no es completamente nueva en Estados Unidos. Otros departamentos policiales ya habían probado tácticas similares en estados como Georgia, especialmente para perseguir el uso del móvil al volante.
La clave del operativo reside en el efecto psicológico. La posibilidad de que cualquier trabajador pueda ser realmente un agente modifica el comportamiento del conductor incluso antes de detectar un control visible. El margen de confianza desaparece.
El debate, mientras tanto, empieza a crecer fuera de Estados Unidos. En varios países europeos ya existen sistemas especiales de vigilancia en tramos de obras, aunque el uso de policías disfrazados de operarios sigue siendo una medida excepcional.
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