Algo no encajaba en una de las carreteras más transitadas de Sevilla. Quienes circulaban habitualmente por ella empezaron a fijarse en una ausencia que hasta entonces había pasado desapercibida.
Durante semanas, el lugar permaneció exactamente igual. En el punto donde debía encontrarse una instalación clave para el tráfico solo quedaba una estructura dañada y muchas preguntas sin respuesta.
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La explicación tardó en conocerse. Lo que inicialmente parecía una simple incidencia de mantenimiento escondía en realidad un episodio que ha vuelto a poner sobre la mesa un fenómeno cada vez más frecuente en distintas carreteras españolas.
Una desaparición que tardó semanas en conocerse
Los hechos ocurrieron en la Ronda Urbana Norte de Sevilla, una de las vías con mayor intensidad de circulación de la capital andaluza. Allí desapareció uno de los dispositivos instalados recientemente para vigilar el cumplimiento de los límites de velocidad.
Según la información conocida, los autores cortaron la estructura sobre la que estaba montado el radar y se llevaron la unidad principal junto con parte de los elementos necesarios para su funcionamiento. Desde entonces, en la zona únicamente permaneció visible el soporte dañado.
La actuación afectó a uno de los cinco sistemas incorporados por el Ayuntamiento dentro de un plan destinado a reducir la siniestralidad en una carretera especialmente sensible desde el punto de vista de la seguridad vial.

El hallazgo confirmó cuál era el objetivo
Días después se produjo un descubrimiento que despejó prácticamente cualquier duda sobre la finalidad de la acción. La cámara fue localizada completamente calcinada en un terreno situado en las proximidades del aeropuerto de San Pablo.
El estado en el que apareció el dispositivo descartaba la posibilidad de una simple sustracción para obtener beneficio económico mediante la venta de piezas o materiales. Todo apunta a que el objetivo era impedir que continuara operando.
Una carretera marcada por la preocupación
La ubicación elegida no es una más dentro del mapa viario sevillano. La Ronda Urbana Norte soporta diariamente miles de desplazamientos y figura desde hace años entre los puntos que más preocupan en materia de tráfico dentro de la ciudad.
Aunque el límite está fijado en 50 km/h, la velocidad de circulación ha sido históricamente uno de los asuntos que más inquietud ha generado. Esa situación llevó a buscar medidas cada vez más contundentes.
Antes de apostar por controles permanentes se implantaron otras iniciativas, como paneles informativos luminosos y dispositivos pedagógicos destinados a alertar a los conductores sobre el exceso de velocidad.

Una tendencia que se extiende por España
Lo ocurrido en Sevilla coincide con un fenómeno que ya ha llamado la atención en otros territorios. Durante los últimos meses se han multiplicado los casos de daños intencionados contra sistemas de control de velocidad instalados en carretera.
La Comunidad de Madrid se ha convertido en uno de los ejemplos más visibles. Allí varios equipos han sufrido ataques repetidos, especialmente en carreteras secundarias y accesos metropolitanos donde algunos dispositivos han tenido que ser reparados en numerosas ocasiones.
Los métodos empleados son variados. Algunos sistemas han aparecido cubiertos de pintura para inutilizar las cámaras, mientras que otros han sufrido impactos directos sobre las cabinas o daños en sus elementos de protección.
También se han registrado casos en los que los mecanismos internos han quedado inutilizados tras la rotura de cristales y la introducción de objetos en el interior. La diversidad de técnicas empleadas dificulta la prevención de este tipo de actos.
Mucho más que una cámara
Aunque para muchos usuarios estos dispositivos pasan desapercibidos, su complejidad tecnológica es considerable. Incorporan sensores de medición, sistemas de reconocimiento de matrículas, equipos de procesamiento de datos y conexiones de comunicación permanentes.
Esa sofisticación tiene una consecuencia directa cuando se producen daños. La reposición de un radar puede alcanzar cifras muy elevadas, especialmente cuando la destrucción afecta también a cableados, alimentación eléctrica o sistemas de transmisión.

Un problema que preocupa a las administraciones
La destrucción de infraestructuras destinadas al control de la circulación puede derivar en responsabilidades penales y económicas para sus autores. Además de las sanciones previstas por la legislación, los implicados pueden verse obligados a asumir el coste de los desperfectos ocasionados.
Mientras tanto, las administraciones continúan reforzando la vigilancia en los puntos donde se han detectado ataques reiterados. La preocupación no se limita al daño material, sino también a las consecuencias que estos actos pueden tener sobre las estrategias destinadas a mejorar la seguridad vial.
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