El verano no solo pone a prueba al conductor, también exige al vehículo. Y si hay un punto crítico cuando suben las temperaturas, ese es el motor. Con el calor, el riesgo de sufrir una avería grave se dispara, especialmente si el sistema de refrigeración no está en buen estado.
Uno de los problemas más habituales en esta época es el sobrecalentamiento del motor. Esta avería puede acabar con tu coche, por ello es esencial saber qué es, las causas y las consecuencias ahora que llega el calor extremo.
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Qué es y por qué ocurre
El motor de un coche funciona a temperaturas elevadas, pero siempre dentro de un rango controlado. Para mantener ese equilibrio, utiliza un sistema de refrigeración compuesto por radiador, líquido anticongelante, termostato y ventiladores.
Cuando este sistema falla o no es capaz de disipar el calor suficiente, el motor empieza a subir de temperatura de forma anormal. El problema aparece cuando ese exceso de calor no se reduce a tiempo, ya que puede afectar directamente a componentes internos clave.
El peor escenario
Las altas temperaturas exteriores hacen que el sistema de refrigeración trabaje más de lo habitual. Con calor extremo, el motor necesita disipar más energía para mantenerse en condiciones óptimas. Si a eso se suma tráfico, atascos o largas distancias, el riesgo aumenta todavía más.
Además, en muchos casos, el coche llega al verano sin una revisión previa, lo que multiplica las posibilidades de fallo. El calor no provoca la avería por sí solo, pero sí actúa como detonante.
Qué puede pasar si el motor se sobrecalienta
El principal peligro del sobrecalentamiento es que puede derivar en daños mecánicos graves. Entre los más habituales están:
- Deformación de la culata.
- Rotura de juntas.
- Daños en el bloque motor.
- Pérdida de potencia o parada total.
En el peor de los casos, el coche se detiene completamente y no puede continuar circulando. Una avería grave derivada del sobrecalentamiento puede suponer reparaciones de varios miles de euros, especialmente si afecta a la culata o al bloque motor.

Las causas más frecuentes
El sobrecalentamiento no suele deberse a un único factor, sino a una combinación de fallos o descuidos. Las causas más habituales son:
- Falta de líquido refrigerante.
- Fugas en el circuito.
- Radiador obstruido o deteriorado.
- Termostato defectuoso.
- Fallo en el ventilador.
El problema de estas incidencias es que se suelen ignorar. Por tanto, un pequeño fallo puede acabar en una reparación muy costosa. Se podría decir, por tanto, que uno de los errores más comunes es el de confiarse. Por ello, un mantenimiento básico siempre puede marcar la diferencia.
Otras averías comunes en verano
Según la empresa alemana Carly, especializada en diagnóstico automotriz, las olas de calor provocan un aumento significativo de ciertas averías mecánicas, muchas de las cuales podrían evitarse con una revisión preventiva.
Batería: aunque suele fallar más en invierno, el calor acelera su deterioro químico, especialmente en vehículos con más de cuatro años. Las altas temperaturas provocan la evaporación del electrolito y aumentan el riesgo de sobrecarga. Una batería defectuosa puede dejar el coche inmovilizado en el peor momento. Sustituirla cuesta entre 100 y 300 euros, pero una revisión a tiempo puede evitar el problema.
Aire acondicionado: más allá del confort, es esencial para mantener la concentración del conductor. Las fugas de gas, los compresores averiados o los condensadores sobrecalentados son fallos comunes en verano. Las reparaciones pueden superar los 1.000 euros si se requiere cambiar componentes clave.
Aceite y transmisión: el calor reduce la viscosidad del aceite, lo que compromete la lubricación del motor y la transmisión. Esto puede provocar un desgaste acelerado o incluso la rotura de piezas internas. El coste puede ser de varios miles de euros. Revisar y cambiar el aceite según las recomendaciones del fabricante es una inversión que protege el corazón del vehículo.
Neumáticos: las altas temperaturas aumentan la presión de los neumáticos, lo que puede provocar reventones, especialmente si están desgastados o presentan grietas. Un fallo en carretera puede costar entre 100 y 800 euros, además del riesgo para la seguridad. Conviene comprobar la presión y el estado del dibujo antes de un viaje largo es esencial.

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