De repente, el conductor se encuentra sin una referencia básica como lo es la aguja de la velocidad y empiezan las dudas. ¿Es grave? ¿Puedo seguir conduciendo? ¿Será una reparación sencilla?
En una entrevista con El Motor, la mecánica Irati Etxandi aporta una visión clara basada en la experiencia de taller: no hay una única causa y, en muchos casos, el origen está lejos de lo que imagina el conductor.
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Posibles orígenes
En algunos modelos, el problema está en el propio cuadro. “El motorcito de la aguja se rompe”, explica Etxandi, y en esos casos la solución pasa por sustituir esa pieza.
En otros vehículos, el fallo es más complejo. “Puede haber condensadores que pierden líquido y rompen las pistas del circuito”, comenta, lo que provoca que la señal no llegue correctamente. Por eso, un mismo síntoma puede esconder problemas muy distintos.
El caso más típico en coches antiguos
En vehículos más antiguos, la causa más común es más mecánica. “Lo más habitual es la sirga”, detalla. Este cable metálico conecta la caja de cambios con el cuadro y transmite el movimiento a la aguja.
Con el tiempo, esa pieza se desgasta o pierde su forma. “Al final deja de tener estructura y gira loco”, resume. Aunque es una avería conocida, hoy presenta un problema añadido: cada vez hay menos talleres que trabajen con este tipo de sistemas.
Sensores y módulos electrónicos
En coches más modernos, el sistema es completamente distinto. La velocidad se mide mediante sensores, como el captador de velocidad, que envía la información al cuadro. Si falla, la aguja deja de funcionar.
Pero no es la única posibilidad. “Hay coches en los que el módulo de ABS es el que manda la señal”, explica la mecánica. En estos casos, el fallo puede ser más serio. “Es lo peor, porque es una pieza bastante cara y difícil de reparar”, apunta.
El peligro de un fallo que no avisa
Uno de los aspectos que más sorprende a los conductores es que no suele dar señales previas. “Es de repente”, afirma. La aguja deja de marcar sin avisos previos, lo que genera desconcierto. Esto refuerza la idea errónea de que debe ser algo simple, cuando en realidad no siempre lo es.
Desde el punto de vista mecánico, el coche seguirá funcionando. Pero eso no significa que no tenga consecuencias. “No ver la velocidad es, además de molesto, peligroso”, reconoce, aunque matiza que el conductor puede intuirla.
Más allá de eso, el fallo puede afectar a otros aspectos como que el cuenta cuentakilómetros deje de funcionar, que aparezcan errores en el cuadro y que en algunos casos se encienda el testigo ABS. Y esto puede derivar en problemas, por ejemplo, en la ITV.
Qué hacer y diferencias entre averías
El coste depende totalmente del origen. Si se trata de un sensor, la reparación suele ser relativamente económica. Sin embargo, si el problema está en el módulo ABS o en componentes electrónicos del cuadro, el coste puede aumentar. En coches antiguos, el mayor problema no es el precio, sino encontrar quién repare la pieza.
Ante este fallo, el margen de actuación es limitado. “El cliente poco puede hacer”, reconoce Etxandi. La clave está en llevar el coche al taller para que se investigue el origen concreto. Y es que, como insiste, cada modelo funciona de forma distinta.
Porque aunque no suele romper el coche, el fallo de la aguja de velocidad necesita un diagnóstico preciso para evitar problemas mayores en el sistema.
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Historiador de formación, periodista deportivo de vocación y apasionado del motor por elección. Terminé contando carreras en vez de guerras. Entre libros, crónicas y gasolina he ido encontrando el camino. Ahora intento comunicarlo sin levantar el pie del acelerador.
