La formación para obtener el permiso de conducir entra en una fase de transformación profunda. El nuevo modelo plantea que los aspirantes puedan familiarizarse con situaciones de tráfico sin necesidad de subirse a un coche en las primeras fases.
El cambio llega con un enfoque claro, reducir costes, adaptar la enseñanza a entornos digitales y mejorar la eficiencia del proceso formativo. Todo ello bajo una premisa que ya genera debate en el sector: menos horas reales en carretera y más entrenamiento virtual.
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La propuesta, impulsada en Alemania, podría marcar tendencia en otros países europeos si demuestra eficacia en seguridad vial y resultados de examen.
El simulador entra en la autoescuela
Uno de los pilares de la reforma es la incorporación de simuladores de conducción de última generación como parte oficial del aprendizaje. Estos sistemas permiten reproducir situaciones reales de tráfico sin necesidad de circular en carretera, desde maniobras básicas hasta escenarios complejos.
Según los estudios citados por el organismo federal de seguridad vial alemán, estos dispositivos ofrecen ventajas claras. Entre ellas destacan la reducción de emisiones, la eliminación del consumo de combustible y una mayor flexibilidad horaria. Además, su uso reduce costes operativos al no depender de un vehículo ni de la presencia constante de un instructor.
La tecnología permite recrear condiciones meteorológicas adversas, tráfico urbano intenso o situaciones críticas como la formación de una ruta de emergencia, un aspecto que se considera especialmente útil para la formación inicial.

Del aula al entorno digital
La reforma no se limita a la parte práctica. La enseñanza teórica también experimenta una transformación radical, ya que las autoescuelas podrán ofrecer formación completamente digital. Esto incluye clases en directo, contenidos en streaming o sistemas asíncronos donde el alumno avanza a su propio ritmo.
Este modelo elimina la obligatoriedad de acudir a un aula física, algo que hasta ahora era la norma en la mayoría de centros. También se simplifican los requisitos de infraestructura, lo que reduce la inversión necesaria para abrir o mantener una autoescuela.
En paralelo, el banco de preguntas del examen teórico se revisa y simplifica, con una estructura más homogénea que elimina sistemas de puntuación complejos. El objetivo es hacer la evaluación más comprensible y alineada con estándares europeos.

Menos horas obligatorias y más simulación
La reforma también elimina el esquema tradicional de horas obligatorias cerradas en distintos tipos de vías. En lugar de un número fijo de prácticas en situaciones concretas, como autopista, carretera secundaria o conducción nocturna, el sistema pasa a un modelo flexible en el que el progreso del alumno determina cuándo está preparado para cada fase.
Esto supone que las llamadas ‘clases especiales’ dejan de estar contabilizadas como bloques obligatorios independientes y pueden integrarse parcialmente en simulador, especialmente en etapas iniciales del aprendizaje.
En España, el sistema funciona de manera diferente. No existe un número mínimo estatal obligatorio de clases prácticas para el permiso B, sino que la formación depende de cada alumno y de la autoescuela.
La única exigencia formal es superar el examen práctico tras demostrar las habilidades necesarias, aunque en la práctica muchas autoescuelas recomiendan un número orientativo de clases.

A diferencia del modelo alemán, en España tampoco se establecen obligatoriamente sesiones separadas de conducción en condiciones específicas como autovía o nocturnidad con un número cerrado de horas, aunque sí se exige que el aspirante demuestre competencia en diferentes escenarios durante la prueba final.
Otro de los cambios relevantes afecta a la formación con cambio manual. El número mínimo de horas se reduce y una parte significativa podrá completarse en simulador, lo que acelera el proceso de aprendizaje sin eliminar la evaluación final en carretera.
Pruebas más cortas
El examen práctico también se ajusta. Se prevé una reducción en su duración total, con el objetivo de aumentar la capacidad de examen diario y reducir las listas de espera.
Además, se introduce la posibilidad de que los aspirantes acumulen experiencia acompañados por conductores particulares en determinadas condiciones, una medida que aún se encuentra en fase experimental y que busca ampliar el aprendizaje fuera del entorno tradicional de la autoescuela.
Este conjunto de cambios dibuja un nuevo modelo de acceso al carnet de conducir donde la tecnología gana protagonismo y el vehículo real deja de ser el único espacio de aprendizaje.
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