El pique de dos conductores en la M-30 de Madrid desembocó en una persecución que terminó con un choque en cadena en el que murió un tercer hombre, un médico de 35 años. Solo una minoría está a un paso de perder los estribos al volante hasta ese punto extremo, pero muchas personas, millones, solo necesitan un par de pasos o tres para rebasar la línea de la violencia vial. El 74% de los automovilistas reconoce transformarse al volante: insultan, hacen gestos agresivos, entorpecen a propósito a los demás.
Otras cifras del estudio Conductor sostenible: una nueva forma de estar al volante perfilan el panorama. Una de cada tres personas no respeta los límites de velocidad al volante y un 67% se olvida de seguir pautas de movilidad eficiente. En definitiva, sólo un 6,1% pasa el filtro y responde al ideal que propone la Fundación Línea Directa, responsable del informe.
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“El claxon es un sistema de seguridad, no un medio de comunicación”, ha ilustrado la directora de la entidad, Mar Garre, durante la presentación de su iniciativa, que propone un decálogo de comportamiento para mejorar la convivencia vial, que parece mejorable. El 29% de los automovilistas usa la bocina “recurrentemente” para quejarse, uno de cada cuatro “adelanta bruscamente para intimidar a otros” y un 10% confiesa haberse peleado o haberse quedado a punto por culpa de un encontronazo sobre cuatro ruedas.
Una prueba para los conductores
No se trata de comportamientos ajenos: a cualquiera que esté leyendo (o escribiendo) este artículo puede sucederle. ¿Quién es un conductor responsable? Que levante la mano después de responder a un test específico que devuelve una imagen compleja, no siempre fácil de admitir. Un 14% de los encuestados, por ejemplo, confiesa beber alcohol antes de subirse a su vehículo; unos 3,7 millones de automovilistas ha retado a otro a bajarse del coche.
“El conductor más sostenible es el más seguro”, ha dicho en alguna ocasión el director general de Tráfico, Pere Navarro. Un siniestro genera un enorme impacto social y económico y, en cambio, una conducción eficiente (sin acelerones ni frenazos, a una velocidad más calmada) es más segura.
Con esta idea de fondo, la entidad sugiere avanzar hacia una conducción sostenible como idea global. Y por razones que parecen obvias: la evidencia científica ha demostrado que la agresividad al volante multiplica por 30 el riesgo de sufrir un siniestro con heridos graves.
Detrás de esta violencia vial se asoman el estrés del día a día, los atascos, la sensación de anonimato que provee un vehículo y el comportamiento de otros usuarios de la vía, de modo que la rueda no deja de girar.
“Ser un conductor sostenible es entender que nuestras decisiones al volante afectan a la convivencia con los demás, a la seguridad y al planeta. Defendemos una conducción con respeto, más calmada y consciente, en la que se respeten las normas, al resto de los usuarios y al medioambiente para lograr el objetivo de todos, que es llegar a las cero víctimas en accidente de tráfico”, ha rubricado Garre.
Ideología de conductor
El 90% de los más de 100.000 accidentes de tráfico que se registran anualmente en España se debe a errores humanos, con factores concurrentes como la velocidad (25%), las distracciones (en torno al 30%) y el consumo de alcohol o drogas. En 2024, último año con datos del Instituto Nacional de Toxicología, el 48% de los automovilistas fallecidos en un siniestro había consumido alcohol, drogas o psicofármacos, solos o en combinación.
“Una conducción sostenible empieza antes de entrar en el vehículo”, ha defendido el catedrático de Estadística en Psicología de la Universidad de Valencia Pedro Valero-Mora, que ha participado en la mesa redonda posterior a la presentación del informe y ha puesto el foco no tanto en los impulsos primarios de rabia, sino en la “ideología de conductor”.
A su juicio, abunda el automovilista agresivo que “se cree con autoridad moral para actuar así, que cree que hace lo correcto. Y en ese caso no basta con pedir autocontrol. Se trata de cambiar ideas erróneas y esas son las que se deben trabajar con la formación”.
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En ese terreno pueden desempeñar un papel fundamental los cursos de conducción segura y eficiente que puso en marcha la Dirección General de Tráfico (DGT) el año pasado. “Formamos al conductor para que aprenda técnicas de conducción defensiva y pausada. Y en estos cursos hablamos mucho de concienciación, de protección de usuarios vulnerables, de normativa…”, ha enumerado la subdirectora general de Formación y Educación Vial de la DGT, Montserrat Pérez, que ha apostado por escapar de la angustia del día a día: “Vivimos en la sociedad de la inmediatez y conducimos como vivimos”.
El informe resalta que los automovilistas de Asturias, País Vasco y Cataluña han resultado ser los más sostenibles del país, con porcentajes sensiblemente superiores a la media, mientras que en el lado contrario aparecen Baleares, La Rioja y Extremadura.
Manifiesto por el conductor sostenible
Como parte de su iniciativa, la Fundación Línea Directa ha elaborado un manifiesto por la conducción sostenible como idea global. Así, a juicio de la entidad, un conductor sostenible es aquel que muestra empatía con los demás (rechazando los comportamientos agresivos), respeta las normas de tráfico, protege a los usuarios vulnerables de la vía, reduce la huella de carbono de su movilidad y, en definitiva, se compromete con el objetivo cero víctimas.
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Periodista especializado en seguridad vial. Editor y redactor de El Motor desde 2016. Empezó a escribir de fútbol en 1998 en Diario 16 y ha trabajado en varios proyectos de Prisa Media desde 2000. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, es autor de ‘Aquí no se rinde ni Dios’ (2020).
