El gesto al volante que muchos repiten sin saber que puede costar cientos de euros 

Un hábito cotidiano pasa desapercibido para la mayoría, pero marca la diferencia entre un coche eficiente y otro que visita el taller antes.

Frenos
Si el coche comienza a vibrar al frenar, lo último que hay que hacer es asustarse.

Pocos conductores son conscientes de que una acción aparentemente inofensiva, repetida a diario en atascos o semáforos, puede acelerar el desgaste de componentes clave del vehículo. No aparece en los manuales ni suele enseñarse en la autoescuela, pero tiene consecuencias directas en el bolsillo. 

En un contexto de tráfico cada vez más denso en las ciudades españolas, pequeños gestos al volante pasan desapercibidos hasta que surge el problema. Entonces llegan las averías, las revisiones inesperadas y una factura que, en muchos casos, podría haberse evitado con una conducción diferente. 

El detalle que cambia la vida útil del coche 

Los sistemas de frenado son uno de los elementos más sensibles al estilo de conducción. Su desgaste no depende únicamente de la calidad de los materiales o del paso del tiempo, sino de cómo se utiliza el vehículo en el día a día

Un mecánico ha puesto el foco en este aspecto. Según explica, dos conductores con el mismo coche pueden tener resultados completamente distintos en función de sus hábitos al volante. 

La diferencia es notable, mientras algunos vehículos requieren sustituir componentes con apenas 24.000 kilómetros, otros pueden superar con facilidad los 90.000 kilómetros antes de necesitar intervención. La clave no está en el coche, sino en el conductor

Frenar mal sale caro 

El uso constante del pedal del freno en situaciones donde no es necesario es uno de los errores más habituales. Mantener el pie apoyado en el semáforo o realizar frenadas tardías y bruscas provoca un desgaste prematuro tanto de las pastillas como de los discos. 

A esto se suma la conducción en entornos urbanos, donde las detenciones son continuas. En estas condiciones, los frenos trabajan más de lo necesario si no se adoptan técnicas como la anticipación o el uso del freno motor, que permiten reducir la carga sobre el sistema. 

El resultado es claro, un mayor paso por el taller y un incremento del gasto en mantenimiento, especialmente en coches utilizados a diario en ciudad. 

La tecnología  

En los vehículos más modernos existe una función diseñada precisamente para aliviar este problema. Se trata de un sistema que mantiene el coche detenido automáticamente sin necesidad de mantener el pie sobre el freno. 

Este dispositivo, conocido como Auto Hold, actúa de forma sencilla, al detener completamente el vehículo, mantiene la presión de frenado sin intervención del conductor. Cuando se pisa el acelerador, se libera de forma automática. 

Su uso no solo mejora la comodidad en situaciones de tráfico intenso, sino que también evita mantener el pedal presionado de forma innecesaria, lo que contribuye a un menor desgaste de los componentes

autohold botón coche
Pulsando este botón, se activa el sistema.

Más seguridad  

Además de su impacto en la durabilidad, este sistema añade un plus de seguridad. Evita que el coche se desplace involuntariamente en pendientes o en arranques frecuentes, algo especialmente útil en ciudades con desniveles pronunciados. 

También reduce la fatiga del conductor en trayectos largos o en atascos, donde mantener el pie en el freno durante minutos puede resultar incómodo. Esa mejora en la ergonomía se traduce en una conducción más relajada y controlada. 

No todo depende de la tecnología 

A pesar de estos avances, los expertos insisten en que la clave sigue estando en el comportamiento al volante. Sistemas como el Auto Hold ayudan, pero no sustituyen una conducción eficiente y anticipativa. 

Evitar aceleraciones innecesarias, mantener la distancia de seguridad y planificar las frenadas son hábitos que permiten alargar la vida útil de los frenos de forma significativa. En este sentido, el margen de mejora depende exclusivamente del conductor. 

El error más frecuente

Cuando llega el momento de sustituir los frenos, existe otro fallo habitual, cambiar solo una parte del sistema. Muchos conductores optan por reemplazar únicamente las pastillas, dejando los discos en uso. 

Sin embargo, los especialistas recomiendan realizar el cambio conjunto para garantizar una superficie de contacto uniforme. De lo contrario, el desgaste puede reaparecer antes de lo previsto y comprometer el rendimiento del sistema. 

En un momento en el que el coste del mantenimiento preocupa a cada vez más conductores, entender estos detalles marca la diferencia entre un gasto puntual y una avería recurrente. 

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