Uno de los avisos más habituales en esta época del año es el riesgo de que el frío afecte a algún componente del vehículo, reduciendo su rendimiento o incluso impidiendo que funcione correctamente. Las bajas temperaturas no sólo impactan en piezas mecánicas, también pueden alterar el comportamiento de ciertos líquidos esenciales para el motor.
De hecho, algunos fluidos pueden llegar a perder propiedades. El aceite, la gasolina e incluso el gasóleo se vuelven más espesos cuando el termómetro desciende de forma acusada. No llegan a solidificarse, pero sí pierden fluidez, lo que dificulta su circulación por los conductos del coche y afecta al rendimiento general.
Más información
Así se produce el diésel de invierno
Entre los combustibles, el diésel es el que presenta mayor riesgo de congelación. Por ello, en zonas de montaña o regiones muy frías, las gasolineras suelen ofrecer durante el invierno un producto específico: el diésel de invierno.
Este combustible no es más que gasóleo formulado con proporciones distintas para reducir su punto de congelación. El proceso comienza en las refinerías, donde se ajusta la composición, y termina en las estaciones de servicio. La transición del diésel de verano al de invierno es, por tanto, un procedimiento planificado y prolongado.

Según explican desde Eurowag, en las refinerías se sustituye la fracción más pesada del gasóleo por una mayor cantidad de parafina. Este componente es más ligero y evita que el combustible se espese, aunque también resulta más costoso, lo que obliga a calcular con precisión la producción.
Posteriormente, las gasolineras deben estimar la demanda para evitar excedentes. Las estaciones pequeñas o con menor rotación son las que más dificultades encuentran para gestionar este cambio estacional.

Por qué repostar diésel de invierno
Para el conductor, repostar diésel de invierno es fundamental. Primero, porque garantiza el correcto funcionamiento del motor durante los meses fríos. Segundo, porque reduce el riesgo de bloqueos, congelación y averías en el sistema de combustible. Además, contribuye a prolongar la vida útil del motor, mejorar la eficiencia y cumplir con las normativas de emisiones.
En definitiva, elegir el combustible adecuado en invierno no es solo una cuestión de precio, sino de seguridad y rendimiento. Un pequeño detalle que puede marcar la diferencia entre un viaje sin problemas y una avería inesperada.
Sigue toda la información de EL MOTOR desde Facebook, X o Instagram
Los coches diésel circulan libremente por esta capital europea: las medidas que los han salvado
Más de 2.800 kilómetros de un tirón: el rey de la autonomía es un coche diésel