Qué revisar en un coche diésel de segunda mano antes de comprarlo para evitar averías de miles de euros

No todos los motores de gasóleo envejecen igual y conocer algunos detalles antes de decidir puede evitar más de una sorpresa.

diésel

Durante los últimos años, el motor diésel ha quedado rodeado de dudas. Las restricciones medioambientales y el avance de la electrificación han llevado a muchos conductores a descartarlo antes de analizar si se adapta a sus necesidades. 

Pese a ello, el gasóleo sigue teniendo un papel importante en el mercado de ocasión. Para quienes recorren muchos kilómetros al año, continúa siendo una de las opciones más eficientes, siempre que el vehículo haya recibido el mantenimiento adecuado. 

Una buena elección

El tipo de uso sigue siendo el factor que más influye a la hora de decidir si merece la pena apostar por un coche diésel de ocasión. Para quienes realizan desplazamientos diarios por carretera o acumulan muchos kilómetros cada año, su menor consumo de combustible continúa siendo una ventaja frente a otras alternativas. 

En cambio, los recorridos cortos y urbanos pueden acelerar el desgaste de algunos de sus sistemas anticontaminación. Componentes como el filtro de partículas o la válvula de recirculación de gases necesitan alcanzar determinadas temperaturas para funcionar correctamente, algo que no siempre ocurre en trayectos de pocos minutos. 

Por eso, antes incluso de analizar el estado del vehículo, conviene valorar si el uso previsto coincide con el tipo de conducción para el que fue diseñado este tipo de motor. 

El historial de mantenimiento

Uno de los errores más frecuentes al comprar un diésel usado consiste en fijarse únicamente en el kilometraje. Los especialistas recuerdan que la documentación del mantenimiento ofrece mucha más información sobre el estado real del vehículo.

Las revisiones periódicas, los cambios de aceite realizados dentro de los plazos recomendados y la sustitución de elementos de desgaste permiten conocer si el coche ha recibido los cuidados necesarios para conservar su fiabilidad

También resulta recomendable comprobar cuándo se cambiaron componentes como la correa de distribución, las bombas de agua o los líquidos del sistema de refrigeración, intervenciones que suelen evitar averías mucho más costosas con el paso del tiempo. 

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Las piezas que conviene revisar  

Aunque los motores diésel modernos han demostrado una elevada resistencia, existen varios elementos que concentran buena parte de las averías más habituales. Entre ellos destacan la válvula EGR, el filtro de partículas (FAP), el turbocompresor y los inyectores. 

Una EGR con exceso de carbonilla puede provocar pérdidas de potencia y un funcionamiento irregular. En el caso del filtro de partículas, los trayectos urbanos repetidos favorecen su obstrucción y pueden obligar a realizar reparaciones de elevado coste. 

Los inyectores también merecen una revisión específica, ya que trabajan sometidos a altas presiones y su sustitución puede alcanzar varios cientos de euros por unidad. 

Lo mismo ocurre con el turbo, una pieza fundamental cuyo desgaste suele detectarse por silbidos anómalos, falta de rendimiento o presencia de humo en el escape. 

inyector redirecciones

La prueba de conducción, imprescindible 

Antes de cerrar cualquier operación, los especialistas recomiendan realizar una prueba dinámica completa. Escuchar el funcionamiento del motor en frío y en caliente puede revelar problemas que no aparecen durante una inspección visual. 

También conviene comprobar el comportamiento de la dirección, los frenos, la suspensión y el embrague, además de revisar posibles fugas de aceite o refrigerante. Si existe la posibilidad de elevar el vehículo en un taller, será más sencillo detectar corrosión, golpes ocultos o pérdidas mecánicas. 

Una inspección independiente suele representar una pequeña inversión frente al coste que puede suponer descubrir una avería importante después de la compra. 

El coste de las averías

Avería Adblue
Los coches diésel tienen un fluido especial que puede dar problemas.

Comprar un diésel usado puede seguir siendo una decisión rentable, pero conviene conocer de antemano cuánto cuestan las reparaciones más habituales del modelo elegido. 

La sustitución de un turbocompresor puede situarse entre 1.500 y 2.500 euros, mientras que cambiar un inyector suele costar entre 300 y 450 euros por unidad. En determinados vehículos también pueden elevar la factura los sistemas de tratamiento de emisiones con AdBlue o las suspensiones neumáticas. 

Por ese motivo, no hay que dejarse llevar únicamente por el precio de compra. Analizar el estado mecánico, el mantenimiento y el uso previo del vehículo sigue siendo la mejor forma de comprobar si un diésel de segunda mano continúa siendo una compra inteligente. 

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