LO ÚLTIMO
¿Qué coche me compro en 2026? Cuatro opciones baratas por menos de 15.000 euros

Se están derritiendo las carreteras en Europa por el calor: por qué en España no ocurre y aun así tu coche está sufriendo lo mismo

Madrid |

Las altas temperaturas están cambiando el comportamiento del asfalto y poniendo a prueba la mecánica del coche.

Asfalto sol

Foto: Getty Images

En varios países europeos, la primera gran ola de calor del verano está dejando carreteras deformadas y escenas poco habituales que evidencian hasta qué punto el calor extremo puede afectar a la circulación. 

Alemania, Bélgica o Francia han registrado incidencias en distintos tramos de su red viaria como consecuencia de las elevadas temperaturas. Un fenómeno que confirma que las infraestructuras también empiezan a notar los efectos de episodios de calor.

Aunque pueda parecer una situación lejana, este fenómeno también tiene consecuencias para quienes conducen en España. No solo porque las carreteras soportan temperaturas muy superiores a las del aire, sino porque ese exceso de calor pone a prueba algunos de los elementos más importantes del vehículo. 

Por qué el asfalto puede llegar a deformarse 

Cuando el aire alcanza los 40 grados, la superficie del pavimento puede superar con facilidad los 70 e incluso los 80 ºC. La razón está en el color oscuro del asfalto, capaz de absorber una enorme cantidad de radiación solar durante las horas centrales del día. 

El elemento que más acusa ese incremento térmico es el betún, un material derivado del petróleo que actúa como aglutinante de la mezcla de piedras y arena que forma la carretera. A medida que aumenta la temperatura pierde rigidez y comienza a reblandecerse. 

Ese cambio de comportamiento provoca que el firme pueda presentar ondulaciones, roderas y pequeñas deformaciones, especialmente en vías con mucho tráfico pesado o sometidas durante varios días a temperaturas extremas.

Por qué España resiste mejor este fenómeno 

Aunque a simple vista todas las carreteras parezcan iguales, su composición cambia en función del clima para el que han sido diseñadas. No es el mismo asfalto el que se instala en el norte de Europa que el utilizado habitualmente en España. 

Los países con inviernos muy fríos emplean betunes más elásticos, capaces de soportar mejor las bajas temperaturas sin agrietarse. El inconveniente es que también se reblandecen antes cuando el calor alcanza niveles poco habituales. 

En España ocurre justo lo contrario. Las mezclas utilizan betunes más resistentes al calor, preparados para soportar veranos con temperaturas muy elevadas. A cambio, el pavimento suele necesitar más mantenimiento porque esos materiales también son más rígidos y terminan deteriorándose antes con el paso del tiempo. 

Eso explica que las escenas vistas estos días en algunos países europeos no sean habituales en la red viaria española, aunque las olas de calor cada vez más intensas también obligan a vigilar el estado del firme durante los meses de verano

También cambia la forma de conducir 

Las deformaciones del asfalto no solo afectan al estado de la carretera. También modifican el comportamiento del vehículo, especialmente cuando aparecen roderas o pequeñas ondulaciones que alteran el apoyo de los neumáticos sobre la calzada. 

Además del deterioro progresivo del pavimento, esas irregularidades pueden convertirse en un problema añadido cuando regresan las lluvias. El agua tiende a acumularse en las zonas deformadas y aumenta el riesgo de aquaplaning, una de las situaciones más peligrosas al volante porque reduce de forma drástica la capacidad de dirección y frenado. 

A ello se suma que una superficie más blanda o irregular obliga a trabajar con mayor intensidad a la suspensión y a los neumáticos, incrementando el desgaste de algunos componentes durante los desplazamientos largos. 

La lluvia más la falta de inversión en mantenimiento, ha dejado el asfalto en una situación especialmente vulnerable. 

Los neumáticos son los primeros en sufrir el calor 

Si existe una pieza especialmente expuesta durante una ola de calor son los neumáticos, ya que constituyen el único punto de contacto entre el coche y un asfalto que puede encontrarse a temperaturas cercanas a los 80 grados. 

Ese exceso de temperatura acelera el envejecimiento del caucho y puede reducir la vida útil de la rueda hasta un 15%, dependiendo de su estado, del tipo de compuesto y de las condiciones de utilización. 

El calor también modifica la presión del aire que hay en el interior del neumático. Si ya era demasiado elevada antes de iniciar el viaje, aumentará todavía más durante la marcha, favoreciendo un desgaste en la parte central de la banda de rodadura, reduciendo el agarre y alargando la distancia de frenado. 

Sin embargo, circular con una presión inferior a la recomendada tampoco es una solución. En ese caso, la carcasa se deforma más de lo debido, genera todavía más temperatura y aumenta el riesgo de sufrir un fallo estructural o incluso un reventón cuando el firme alcanza temperaturas extremas. 

Por ese motivo, la presión debe comprobarse siempre en frío, antes de comenzar el viaje o tras recorrer apenas unos pocos kilómetros. Es la única forma de obtener una medición fiable y ajustada a las recomendaciones del fabricante

Vigilar rutinariamente la presión de los neumáticos es fundamental para evitar males mayores.

El calor también pone a prueba el resto del coche 

Las ruedas no son las únicas que sufren durante estos episodios. El sistema de refrigeración trabaja con mayor intensidad para mantener la temperatura del motor dentro de los valores adecuados y cualquier falta de mantenimiento puede provocar averías por sobrecalentamiento. 

La batería también acusa las temperaturas extremas. El exceso de calor acelera las reacciones químicas que se producen en su interior y puede reducir su vida útil, especialmente en vehículos que permanecen muchas horas estacionados al sol. 

Aceite, líquido refrigerante, frenos y sistema de climatización soportan igualmente una mayor exigencia durante los meses más calurosos del año. Revisar su estado antes de emprender un viaje largo resulta especialmente recomendable cuando las previsiones anuncian varios días consecutivos de temperaturas extremas. 

Sigue toda la información de EL MOTOR desde Facebook, Twitter o Instagram

Ruth García Perfil de Ruth García en Linkedin

Nació en Madrid y desde pequeña soñaba con conducir. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y amplió su formación en Barcelona con un máster en Periodismo Deportivo en la Universitat Pompeu Fabra. Especializada en motor y también en competición, combina la redacción con la radio y la cobertura de grandes premios de motociclismo. 

Salir de la versión móvil