Entre los nombres ilustres del mundo del motor aparece el de Ferdinand Piëch. Nieto de Ferdinand Porsche, comenzó su carrera en la marca de Stuttgart para fichar, después, por Audi. Con él, la marca de los cuatro aros creció hasta convertirse en rival directo de las otras alemanas: BMW y Mercedes.
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Lo cierto es que, a la hora de experimentar con sistemas de propulsión, para Ferdinand Piëch no había límites de ningún tipo: tampoco económicos. Este fue el punto de partida de los Audi Quattro, Porsche 917 o los Volkswagen Passat W8 y Phaeton (impulsado por un W12).
Eso sí, el mejor ejemplo de esa ausencia de límites de Ferdinand Piëch fue la idea de montar un V12 diésel en un Audi R8… que nunca llegó a producirse. Un diésel de doce cilindros también impulsó brevemente al Audi Q7 y Volkswagen también tuvo un Touareg con un V10 TDI.
Un Lamborghini Diablo con 16 cilindros
Cuando muchos pensaron que Ferdinand Piëch ya no podía superarse, lo hizo con el W16 de 8.0 litros con cuatro turbos que montaría el Bugatti Veyron. Antes de montarlo en los primeros prototipos, había que probar ese motor: el elegido fue otro coche que nada tenía que ver con el Grupo Volkswagen.
Para ello, en 1998, pidieron los derechos de la marca a Lamborghini y el experimento lo protagonizó un Diablo SV. Era una unidad revisada que, por ejemplo, no tiene los faros escamoteables que desaparecerían un año después.
Le quitaron el V12 italiano para colocar el W16, que todavía estaban desarrollando, y dieron lugar a un Lamborghini Diablo SV con un motor de 16 cilindros en forma de ‘W’. Para instalarlo y para proporcionarle la refrigeración necesaria, tuvieron que hacer algunos recortes adicionales en la parte trasera de la carrocería.

El W16 en el Grupo Volkswagen
Cabe recordar que cuando Bugatti presentó el Chiron 18/3 en el Salón del Automóvil de Frankfurt de 1999, el motor elegido era un W18 de 6.2 litros. Finalmente, la marca francesa optó por otra mecánica más práctica que sería ese W16 de 8.0 litros con cuatro turbos. Descartaron, también, que fuera atmosférico.
Posteriormente, el W16 únicamente se utilizó en el Bugatti Veyron. Eso sí, el Grupo Volkswagen presentó dos prototipos con la misma cilindrada: el Bentley Hunaudières de 1999 y el Audi Rosemeyer de 2000.
La historia del W16 llega a su fin con el Bugatti W16 Mistral, un roadster basado en el Chiron que supone el adiós definitivo al icónico motor de la casa francesa. No hay que olvidar que el Bolide es sólo para circuitos y que el Tourbillon retoma la tradición de los 16 cilindros, aunque en forma de ‘V’.
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