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El error que muchos cometen al pagar una multa de tráfico y que puede salir muy caro

Madrid |
Multa aparcamiento

Foto: Getty images

La situación se repite cada día en miles de hogares. Llega una multa de Tráfico, alguien revisa el importe y otro familiar decide abonarla cuanto antes para aprovechar el descuento disponible y evitar problemas posteriores.

Lo que muchos conductores desconocen es que ese gesto aparentemente inofensivo puede traer consecuencias. En algunos casos, pagar demasiado rápido elimina cualquier posibilidad de recurso y activa automáticamente sanciones como la retirada de puntos.

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El detalle que cambia por completo una multa

En España, la responsabilidad de una sanción depende del tipo de infracción y de cómo haya sido detectada. No siempre paga quien conduce y tampoco siempre recibe el castigo quien figura como propietario del coche. Ahí es donde empiezan muchas de las confusiones.

Cuando un agente detiene un vehículo e identifica al conductor en el momento, la situación suele quedar clara. La multa se tramita directamente a nombre de esa persona y las consecuencias recaen sobre ella. Ocurre, por ejemplo, en infracciones relacionadas con velocidad, alcohol, drogas, uso del móvil o saltarse un semáforo.

El problema aparece especialmente con los radares automáticos y las cámaras de vigilancia. En esos casos, la Dirección General de Tráfico envía inicialmente la notificación al titular del vehículo porque no puede confirmar quién iba al volante en el momento exacto de la infracción.

Ese matiz administrativo tiene más importancia de la que parece. Sobre todo porque muchas sanciones permiten identificar posteriormente al conductor real antes de cerrar definitivamente el expediente.

El pago rápido puede eliminar cualquier posibilidad de recurso

La normativa española contempla descuentos del 50% por pronto pago durante los primeros 20 días naturales. Ese sistema, diseñado para agilizar procedimientos, provoca que numerosos conductores prefieran abonar la sanción inmediatamente para evitar cantidades más elevadas.

Lo que muchos desconocen es que ese pago supone, en la práctica, aceptar la infracción. A partir de ese momento desaparece la posibilidad de presentar alegaciones ordinarias o discutir determinados aspectos del procedimiento administrativo.

La situación se complica todavía más cuando quien realiza el ingreso no es el conductor afectado. Tráfico no analiza quién hace el pago ni desde qué cuenta bancaria procede el dinero. Lo relevante para la administración es que el expediente quede liquidado correctamente y dentro de plazo.

Eso significa que un familiar, una pareja o incluso una empresa puede pagar una multa ajena sin ningún impedimento técnico. Pero las consecuencias legales seguirán vinculadas al conductor identificado o al titular del vehículo, dependiendo del tipo de sanción.

Un agente de la Guardia Civil en una imagen de archivo.

El vacío que algunos aprovechan para evitar perder puntos

Existe además una práctica cada vez más conocida entre determinados conductores. Cuando las fotografías del radar no permiten identificar claramente a la persona que iba al volante, algunos propietarios optan por atribuir la infracción a otro familiar con todos los puntos del carnet disponibles.

Es lo que popularmente algunos llaman “el truco del abuelo” o “el truco del tío”. La mecánica consiste en designar como conductor a una persona mayor que apenas utiliza el coche y que acepta asumir la sanción para evitar consecuencias más graves al verdadero infractor.

Este movimiento suele producirse en multas con retirada de puntos, donde identificar correctamente al conductor es obligatorio. Si el titular no facilita esos datos dentro del plazo establecido, puede enfrentarse a sanciones económicas todavía más elevadas que la original.

La DGT lleva años vigilando este tipo de prácticas porque considera que pueden constituir una falsedad documental. Si se demuestra que la identificación fue fraudulenta, las consecuencias dejan de ser únicamente administrativas y pueden derivar en procedimientos penales.

A veces, compensa contar con la ayuda de un abogado para recurrir una multa.

Qué ocurre en los coches de empresa

Las dudas son todavía más frecuentes en vehículos de empresa. En estos casos, el titular es la empresa, pero quien conduce suele ser un trabajador distinto cada día o incluso varios empleados de forma rotatoria.

Cuando la infracción implica pérdida de puntos, la compañía tiene obligación legal de identificar al conductor responsable. Si no lo hace correctamente o decide pagar directamente la multa sin comunicar quién iba al volante, puede enfrentarse a sanciones adicionales.

En flotas grandes, este procedimiento se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza administrativo. Muchas compañías gestionan decenas de expedientes mensuales y cualquier error en la identificación puede multiplicar los costes finales.

Hay multas que siempre recaen sobre el titular

No todas las sanciones dependen de quién conduce. La legislación española establece varios supuestos en los que la responsabilidad corresponde directamente al propietario del vehículo.

Sucede, por ejemplo, con problemas relacionados con la ITV, la documentación obligatoria, el permiso de circulación o determinadas cuestiones administrativas del automóvil. También ocurre en algunas multas de estacionamiento detectadas sin presencia del conductor.

En cambio, otros incumplimientos vinculados al estado del coche pueden recaer sobre quien va al volante. Circular con neumáticos defectuosos, problemas en la iluminación o daños visibles en elementos obligatorios puede terminar afectando directamente al conductor interceptado.

Por eso, los especialistas en derecho vial recomiendan revisar cuidadosamente cualquier notificación antes de pagarla. En determinados expedientes, una transferencia hecha con prisas puede acabar teniendo consecuencias mucho más difíciles de revertir que la propia multa inicial.

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Ruth García Perfil de Ruth García en Linkedin

Nació en Madrid y desde pequeña soñaba con conducir. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y amplió su formación en Barcelona con un máster en Periodismo Deportivo en la Universitat Pompeu Fabra. Especializada en motor y también en competición, combina la redacción con la radio y la cobertura de grandes premios de motociclismo. 

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