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Un inventor genial y mucho plomo: el origen de los coches híbridos

El nacimiento de esta tecnología es tan remoto como el del propio automóvil y hay que remontarse hasta hace más de un siglo.

Un inventor genial y mucho plomo: el origen de los coches híbridos

En 2021 se venderán en España casi 50 modelos diferentes con tecnología híbrida. Y el año pasado, pese a la crisis de la pandemia, este tipo de coches experimentó un importante crecimiento del 28% en el caso de los híbridos convencionales y del 213% en el de los enchufables, sumando entre ambos 164.229 unidades matriculadas.

Y este inusitado crecimiento ha sido general y propició que en 2020 por primera vez en Europa las ventas de coches electrificados (contando también con los eléctricos puros) superasen a los modelos con motores convencionales.

Las razones de su éxito son varias pero contundentes: consumos inferiores, ventajas para circular por zonas restringidas de las ciudades, hasta un 30% menos en costes de mantenimiento y unos precios que ya son competitivos en el mercado.

Toyota se adelantó en 1997 con el modelo Prius y desde entonces ha vendido 15 millones de vehículos híbridos en el mundo, siendo la marca que lidera hoy por hoy esta tecnología. Pero el resto de fabricantes se ha sumado a la oferta y muy pocos son los que todavía no disponen de algún modelo de este tipo en su catálogo, ya sean de hibridación ligera (MHEV por sus siglas en inglés), híbrido convencional (HEV), enchufable (PHEV) o de autonomía extendida (EREV).

El genio de Ferdinand Porsche

Pero aunque el Prius tiene el mérito de haber popularizado el coche híbrido en el mundo, no ha sido el primero. Para conocer su antecedente hay que retroceder mucho tiempo atrás. Concretamente a 1901, cuando se le ocurrió la idea de unir en un mismo coche la tecnología eléctrica y la de combustión al visionario Ferdinand Porsche, que, aunque no era ingeniero de formación, aportaría a lo largo de su vida grandes adelantos en la automoción y fundaría una de las marcas más emblemáticas.

Y lo curioso de la historia del primer coche híbrido es que su desarrollo aconteció justo al revés de como lo ha hecho en nuestros días. Porsche partió de un coche eléctrico puro, que por entonces eran más habituales por su facilidad de construcción frente a los de motor a combustión, más complejos, poco fiables y mucho más caros de fabricar. Sin hablar del elevadísimo precio de la gasolina, un combustible todavía exótico y difícil de conseguir en aquellos tiempos.

Autonomía extendida

En concreto era un Lohner-Porsche Electromobile, un cabriolet eléctrico con motores alojados en las ruedas delanteras, alimentado con la energía suministrada por 1.800 kilos de pilas de plomo y que era un modelo que ya venía perfeccionando desde 1898. Pero Porsche no se conformaba con los resultados y, a petición de un cliente británico, mejoró el Electromobile dotándolo de motores en todas las ruedas, tracción 4×4, y de otro motor de gasolina que funcionaba exclusivamente para cargar las baterías y solventar así el problema de la escasa autonomía disponible.

Una unidad del Lohner-Porsche Mixte Hybrid.

Así nacía el Lohner-Porsche Mixte Hybrid, primer coche de motor híbrido de la historia. Era del tipo que hoy se conoce como autonomía extendida (EREV). Tal fue su éxito que daría pie a la fabricación de 300 vehículos con la misma tecnología, una cantidad muy elevada para aquellos años, y que se destinarían a muy diferentes usos, desde el comercial a la competición de rallies, con el propio Ferdinand Porsche a los mandos.

El inicio de la producción industrial de gasolina en refinerías y su abaratamiento, además de la mejora en los procesos de mecanización de piezas para fabricar los motores de combustión, frenarían la expansión de los coches eléctricos que, paradójicamente, ahora vuelven ante el proceso inverso para prescindir definitivamente de los combustibles fósiles.

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