Encontrar aparcamiento no siempre es fácil, pero algunas maniobras consiguen complicárselo todavía más al resto. En una pequeña localidad francesa, una de ellas terminó agotando la paciencia del Ayuntamiento.
Todo comenzó con un coche colocado de una forma difícil de pasar por alto. Cuando los servicios municipales lo encontraron, decidieron responder de una manera bastante alejada de lo habitual.
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Un coche para dos plazas
El suceso tuvo lugar en Blâmont, una localidad situada en el departamento francés de Meurthe-et-Moselle. El vehículo apareció estacionado en el quai de la Vezouze ocupando simultáneamente dos espacios.
La posición difícilmente podía pasar inadvertida. El automóvil había quedado prácticamente centrado sobre la marca blanca que dividía ambas plazas, impidiendo que cualquiera de ellas pudiera aprovecharse con normalidad.
Los servicios municipales valoraron inicialmente recurrir a la grúa, pero finalmente optaron por otra solución: rodearon el coche con varias vallas metálicas, dejándolo encerrado en el mismo lugar en el que había sido estacionado.
La intervención no terminó ahí. El Ayuntamiento fotografió el resultado y decidió compartirlo públicamente con un mensaje cargado de ironía.
El “campeón del mundo del estacionamiento”
La publicación comenzaba otorgando al protagonista un peculiar título: “campeón del mundo del estacionamiento”. A partir de ahí, el consistorio convirtió la posición del vehículo en motivo de una sucesión de comentarios irónicos.
“Dos plazas por el precio de una”, escribía el Ayuntamiento, que también destacaba el “centrado casi quirúrgico” conseguido sobre la línea blanca.
La administración local aseguraba que el jurado municipal había dudado “entre la admiración y las lágrimas” ante semejante demostración y presentaba el vehículo como si se tratase de una obra que debía ser protegida.
De ahí llegaban las barreras. Según explicaba el mensaje, la grúa había sido finalmente cancelada y los servicios técnicos habían tenido que “asegurar el perímetro” para proteger aquel particular ejemplar.
La publicación añadía además un dato relevante: según el consistorio, no era la primera vez que ese conductor llamaba la atención por su forma de aparcar. La prensa regional francesa también recoge que aparentemente era reincidente en este tipo de comportamiento.

Una condición para recuperar el coche
El tono irónico continuaba cuando llegaba el momento de explicar cómo podía marcharse el propietario. El Ayuntamiento aseguraba que podría volver a utilizar su vehículo con una única condición.
Debía acudir urgentemente a Optic’Chic, en Lunéville, para someterse a una revisión de la vista que le permitiera “volver a aprender a distinguir las líneas del suelo”.
Evidentemente, no se trataba de una obligación administrativa ni de una sanción oficial. La referencia al examen visual formaba parte de la respuesta humorística con la que el consistorio quiso señalar públicamente la conducta del automovilista.
El coche tampoco fue trasladado a un depósito. Las vallas permitieron que permaneciera en el lugar mientras convertían la escena en una llamada de atención bastante más visible que una simple nota colocada en el parabrisas.
Tampoco consta que este episodio terminara con una multa para su propietario. La peculiar intervención municipal fue la protagonista de un caso que terminó saltando de las calles de Blâmont a las redes sociales.

No era la primera vez que utilizaban las vallas
La ocurrencia tampoco surgió con este conductor. Apenas unas semanas antes, Blâmont ya había recurrido a una estrategia prácticamente idéntica con otro vehículo mal estacionado.
A finales de julio, un automóvil apareció sobre el césped municipal situado frente al cine de la localidad, en la rue des Capucins. La decisión resultaba todavía más llamativa porque, según la información publicada entonces, había un aparcamiento libre a menos de un metro.
Los servicios municipales volvieron a intervenir sin necesidad de mover el vehículo. Colocaron varias vallas alrededor del automóvil y lo dejaron encerrado sobre la zona verde hasta que apareciera su responsable.
En aquel caso sí se conoce además qué ocurrió con la posible sanción: el propietario se libró de la multa, según recogió entonces L’Est Républicain.
La actuación encajaba con una campaña más amplia que el municipio había iniciado contra determinados comportamientos relacionados con el estacionamiento. Un mes antes, las autoridades locales ya habían puesto el foco sobre los denominados ‘coches ventosa’, vehículos que permanecían durante semanas o incluso meses ocupando espacios públicos.
Varios habían sido retirados de distintas calles y el consistorio había advertido de que recurriría al depósito cuando sus propietarios no reaccionasen. Con las vallas, sin embargo, Blâmont encontró otra fórmula para aquellos casos en los que la manera de aparcar resultaba difícil de ignorar.
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