Los patinetes eléctricos han pasado en pocos años de ser un medio de movilidad alternativa a convertirse en un elemento más del tráfico urbano. Sin embargo, su uso también ha derivado en situaciones cada vez más preocupantes.
La última, detectada en Cornellà de Llobregat (Barcelona), ha llevado al límite lo que se considera un vehículo de movilidad personal.
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Muy lejos de lo legal
El vehículo fue detectado inicialmente por una patrulla de los Mossos d’Esquadra mientras circulaba a una velocidad anormalmente alta en una vía urbana. Posteriormente, la Guardia Urbana de Cornellà intervino el patinete y comprobó, mediante un dinamómetro, su capacidad real.
El resultado fue contundente: 140 km/h de velocidad máxima. Esta cifra está completamente fuera de cualquier normativa vigente. Es más, multiplica por más de cinco el límite permitido para este tipo de vehículos. El caso no solo destaca por la velocidad, sino por el conjunto de infracciones asociadas que ponen en evidencia un problema creciente.
Este tipo de manipulación convierte al patinete en algo completamente distinto a un VMP convencional, acercándolo más a un ciclomotor o incluso a una motocicleta, pero sin cumplir los requisitos legales de ninguno de ellos.
Qué dice la normativa sobre los patinetes
En España, los patinetes eléctricos están regulados como Vehículos de Movilidad Personal (VMP), con condiciones muy claras.
Entre las principales limitaciones destacan: velocidad máxima de 25 km/h, prohibición de circular por aceras, prohibición de transportar pasajeros y obligación de cumplir con requisitos técnicos homologados.
Irregularidades en cadena
El caso de Cornellà no se limita a la manipulación del vehículo. El conductor fue denunciado por varias infracciones adicionales como conducir sin haber obtenido nunca el permiso de conducción, circular sin seguro obligatorio y carecen del certificado de la DGT del vehículo.
Además, el patinete fue requisado y trasladado al depósito municipal. Estas infracciones no son menores. En conjunto, convierten el caso en un ejemplo claro de conducción irregular con implicaciones legales importantes.
El papel del dinamómetro
Es una herramienta que permite medir la velocidad real que puede alcanzar el vehículo. La Guardia Urbana de Cornellà ha sido uno de los primeros cuerpos en incorporar este sistema, precisamente para detectar manipulaciones en patinetes eléctricos.
Desde su puesta en marcha, se han intervenido más de un centenar de vehículos con características similares. Esto evidencia que no se trata de un caso aislado, sino de una práctica más extendida de lo que parece.
Un riesgo real en la vía pública
Más allá de la sanción, el verdadero problema está en la seguridad. Un patinete capaz de alcanzar velocidades propias de un coche o una moto supone un riesgo extremo, tanto para el conductor como para el resto de usuarios de la vía.
Estos vehículos no están diseñados para soportar ese nivel de exigencia, ya que no cuentan con sistemas de frenado adecuados para esas velocidades, no tienen la estabilidad ni la protección de otros vehículos ni tampoco elementos de seguridad como airbags o estructuras de absorción de impactos.
Un caso similar
Esta misma semana, otro caso ha vuelto a poner el foco sobre este tipo de conductas. En Lanzarote, un vídeo difundido en redes sociales ha mostrado a un conductor de patinete circulando a una velocidad muy superior a la permitida en una carretera entre Arrecife y San Bartolomé.
En las imágenes, grabadas desde el interior de otro vehículo, se escucha cómo los ocupantes comentan que el patinete podría estar superando los 100 km/h.
Este tipo de situaciones refuerzan la preocupación de las autoridades, que insisten en que no se trata de hechos aislados, sino de una tendencia creciente que requiere más control y concienciación.
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Historiador de formación, periodista deportivo de vocación y apasionado del motor por elección. Terminé contando carreras en vez de guerras. Entre libros, crónicas y gasolina he ido encontrando el camino. Ahora intento comunicarlo sin levantar el pie del acelerador.
