En algunas carreteras españolas, existen circunstancias poco conocidas en las que determinados vehículos pueden superar los límites de velocidad sin ser sancionados. Aunque pueda parecer sorprendente, no se trata de un vacío legal.
Esta posibilidad está recogida dentro de una excepción normativa, diseñada para cubrir necesidades muy específicas del sector automovilístico. No es algo habitual, pero sí completamente legal cuando se cumplen ciertos requisitos concretos.
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Vehículos de prueba
Los coches que pueden acogerse a esta excepción forman parte de ensayos técnicos autorizados, realizados por fabricantes o empresas del sector. Su objetivo es evaluar el comportamiento de los vehículos bajo situaciones de circulación real.
Para estos ensayos, los coches circulan en autopistas, autovías o carreteras convencionales, donde se necesitan superar las velocidades habituales para probar sistemas de seguridad, motores, frenos o elementos electrónicos avanzados.
No se trata de libertad total. Estos vehículos deben cumplir normas específicas y llevar una identificación especial, de modo que el resto de conductores reconozca que se trata de un ensayo y no de un exceso de velocidad habitual.
La señal que marca la diferencia
El elemento más importante para que un vehículo pueda circular a velocidades superiores es la señal V-12, visible mediante las letras F.V. colocadas en placas específicas. Esta identificación indica que el coche participa en un ensayo autorizado por la DGT.
Sin esta señal, cualquier exceso de velocidad estaría sujeto a sanción. Por ejemplo, circular a 150 km/h donde el límite es 120 km/h supondría una multa de 100 euros sin pérdida de puntos para un conductor común.

Un límite controlado
Aunque estos coches pueden superar los límites, existe un margen máximo establecido: hasta 30 km/h más de lo permitido en la vía. Esto asegura que la prueba se realice con seguridad y dentro de parámetros legales.
En autopistas donde el límite es de 120 km/h, los vehículos de prueba pueden alcanzar los 150 km/h. En carreteras convencionales, con límite de 90 km/h, la velocidad máxima para estos ensayos sería de 120 km/h.
Este margen no es arbitrario, sino regulado por la normativa para que los ensayos no supongan un riesgo para los demás usuarios de la vía.
Planificación obligatoria
Antes de iniciar cualquier prueba, los fabricantes deben solicitar un permiso a la Dirección General de Tráfico con al menos 72 horas de antelación. La solicitud incluye información detallada sobre el ensayo como el tipo de prueba, itinerario, duración y condiciones específicas.
Además, solo los conductores autorizados pueden participar en estas pruebas. La formación y experiencia son esenciales para que los ensayos se desarrollen sin incidentes y de manera controlada.
Restricciones de ubicación
La excepción no se aplica en todas partes. Quedan prohibidos los ensayos en zonas urbanas, travesías o tramos con limitaciones de velocidad específicas, como curvas señalizadas por debajo del límite general de la vía.

Incluso dentro de autopistas y autovías, si existen señales que reduzcan la velocidad por motivos de seguridad, esas restricciones prevalecen. De este modo, se garantiza que la excepción no interfiera con situaciones de riesgo elevado.
Medidas de seguridad
En algunos casos, la DGT puede señalizar los tramos donde se realizan ensayos para alertar a los demás usuarios de la carretera. Esto permite anticiparse a vehículos que circulan a velocidades superiores a las habituales.
La combinación de señalización, permisos y márgenes controlados asegura que estos ensayos se realicen bajo condiciones seguras, equilibrando la innovación en el sector automovilístico con la seguridad vial.
Un proceso regulado
Todo el procedimiento está diseñado para que los fabricantes puedan probar avances tecnológicos sin poner en peligro al tráfico general. Desde la solicitud anticipada del permiso hasta la identificación obligatoria, cada paso está regulado.
Además, la normativa obliga a que los ensayos respeten las condiciones de tráfico y que cualquier variación se comunique a las autoridades competentes. Esto permite que los ensayos sean transparentes y controlados, evitando sorpresas o riesgos innecesarios para otros conductores.
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