Las discusiones en una comunidad de vecinos no siempre empiezan por el ruido, las obras o las cuotas. En muchos edificios, el origen del problema está mucho más cerca del coche y suele pasar desapercibido hasta que aparece el primer roce.
Una maniobra ajustada, un vehículo ligeramente desplazado o la sensación de que alguien ocupa más espacio del debido bastan para generar un conflicto que, en algunos casos, acaba llegando a los tribunales.
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La pintura del suelo no determina quién tiene razón
Es habitual pensar que la línea blanca que separa dos plazas pertenece a ambos vecinos o que marca por sí sola el límite exacto de cada estacionamiento.
Sin embargo, la legislación española interpreta esa marca de otra forma. Aunque sirva para organizar el aparcamiento, no constituye un elemento privativo de ninguno de los propietarios.
La Ley de Propiedad Horizontal considera que cada plaza de garaje es un elemento de uso exclusivo de su titular, pero integrada dentro de un espacio que pertenece a la comunidad. Eso significa que el pavimento, los pilares, los techos y también la señalización horizontal forman parte de los elementos comunes del edificio.
En la práctica, esa línea pintada no pertenece ni al propietario de la izquierda ni al de la derecha. Su función es identificar visualmente el espacio asignado a cada vehículo, pero jurídicamente forma parte de la infraestructura común del garaje.
El verdadero límite no está pintado sobre el suelo
La realidad legal va un paso más allá. Los límites de una plaza no dependen de la pintura, sino de la documentación con la que nació la propiedad. Es decir, el título constitutivo de la división horizontal y, cuando existen, los estatutos de la comunidad son los documentos que fijan oficialmente la superficie y los linderos de cada plaza.
En esos documentos suelen aparecer tanto la descripción literal como los planos que delimitan cada espacio. La línea visible sobre el suelo únicamente representa esa distribución, pero no tiene capacidad para modificarla si no coincide con la documentación oficial.
Por ese motivo, una raya desgastada, desplazada tras una obra o incluso repintada hace años por error no altera los derechos de propiedad. Si existe una contradicción entre la pintura y la documentación registral, prevalece lo que figura en la escritura y en los planos oficiales.
Cambiar la delimitación
Algunos propietarios optan por repintar las líneas cuando consideran que su plaza ha perdido espacio o cuando creen que la distribución original no se ajusta a las dimensiones reales. Sin embargo, esa actuación puede tener consecuencias jurídicas importantes.
Modificar la delimitación supone alterar un elemento común y, además, puede afectar directamente a los derechos del propietario colindante. Por ese motivo, ningún vecino puede hacerlo por iniciativa propia, aunque considere que está corrigiendo un error evidente.
Aparcar sobre la línea puede generar problemas
Más allá de la titularidad de la pintura, otra de las dudas más frecuentes tiene que ver con la forma de estacionar el vehículo. Muchos conductores dejan parte del coche invadiendo la línea divisoria, especialmente cuando las plazas son estrechas o el automóvil tiene mayores dimensiones.
La interpretación que realizan tanto la normativa como la doctrina judicial es clara: el vehículo debe quedar completamente dentro de los límites asignados. Invadir la línea de forma permanente implica ocupar parcialmente el espacio reservado a otra plaza, aunque apenas sean unos centímetros.
Existe, no obstante, una excepción lógica. La apertura de las puertas o el despliegue de los retrovisores pueden sobrepasar temporalmente esa delimitación cuando resulte imprescindible para acceder o salir del vehículo. Esa circunstancia no se considera una ocupación indebida siempre que el coche permanezca correctamente estacionado.
Qué hacer cuando la raya parece estar mal situada
En algunos garajes aparecen discrepancias entre la realidad física y la documentación. Hay propietarios que descubren que las dimensiones de su plaza no coinciden con las indicadas en la escritura o que la pintura parece haberse desplazado con el paso del tiempo.
La primera comprobación debería realizarse consultando la escritura de división horizontal, donde figura la descripción oficial de la plaza. Si existen planos registrados junto al proyecto del edificio, también sirven como referencia para verificar la ubicación exacta.
Cuando la discrepancia persiste, pueden utilizarse igualmente los planos catastrales como elemento de apoyo, aunque el mayor peso jurídico suele recaer sobre la documentación inscrita en el Registro de la Propiedad.
Si después de revisar toda esa información sigue existiendo desacuerdo, la vía habitual pasa por intentar una mediación dentro de la comunidad antes de acudir a los tribunales.
En los procedimientos de deslinde, suele intervenir un perito especializado que compara escrituras, planos y situación real para determinar dónde debe situarse exactamente la delimitación.
No todo vale dentro de una plaza de garaje
Ser propietario de una plaza tampoco significa poder transformarla libremente. Las actuaciones que afectan únicamente al uso interior y no perjudican a terceros suelen admitirse sin dificultad.
En cambio, cerrar el espacio con muros, instalar elementos fijos anclados al suelo, modificar la configuración del garaje o destinar la plaza a un uso distinto del estacionamiento requiere, con carácter general, la autorización de la comunidad de propietarios y el cumplimiento de las mayorías previstas en la Ley de Propiedad Horizontal.
Una de las pocas excepciones contempladas expresamente por la normativa afecta a los puntos de recarga para vehículos eléctricos. En estos casos, el propietario puede instalar el sistema para uso individual comunicándolo previamente a la comunidad, sin necesidad de obtener una autorización específica.
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Nació en Madrid y desde pequeña soñaba con conducir. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y amplió su formación en Barcelona con un máster en Periodismo Deportivo en la Universitat Pompeu Fabra. Especializada en motor y también en competición, combina la redacción con la radio y la cobertura de grandes premios de motociclismo.
