Trabaja en un desguace y revela que este gesto muy común entre los conductores destroza la caja de cambios

Un hábito tan extendido como invisible que pasa factura al vehículo sin que el conductor sea consciente.

Desguace Bernat Escolano.
Desguace Bernat Escolano.

La imagen es reconocible: una mano en el volante y la otra reposando sobre la palanca de marchas. Un gesto cómodo, casi instintivo, que muchos conductores adoptan sin pensar y que incluso se asocia a una conducción relajada o con estilo.

Sin embargo, detrás de esta costumbre aparentemente inocente se esconde un enemigo silencioso de uno de los componentes más caros del vehículo: la caja de cambios.

Consecuencias a largo plazo

Inconscientemente le estás metiendo presión a la palanca”, explica Bernat Escolano, conocido en redes sociales como Berni del desguace, un creador de contenido que trabaja a diario con coches averiados.

Según detalla, ese pequeño apoyo continuado de la mano termina trasladándose a los mecanismos internos. “No es que vayas a romperla sí o sí, pero aumenta las probabilidades de desgaste por fatiga”, añade.

La clave del problema está en la mecánica interna del sistema. La palanca de cambios no es un elemento aislado: está conectada mediante varillas o cables a la propia transmisión. Cualquier presión ejerce una ligera fuerza sobre estos componentes, diseñada para actuar solo en los cambios de marcha.

Ese esfuerzo, aunque leve, puede generar holguras con el tiempo. Es un proceso lento y, sobre todo, difícil de percibir en el día a día. En otras palabras, no es tanto la intensidad del gesto como su repetición constante lo que termina pasando factura.

Averías muy costosas

La caja de cambios es, junto al motor, una de las piezas más complejas y caras de reparar. Escolano lo deja claro desde su experiencia en el sector: “Si llegas a dañar la caja, la reparación puede ser muy cara, hasta el punto de que algunos coches acaban en el desguace”.

En vehículos de cierta antigüedad, una caja de cambios de segunda mano puede oscilar entre los 300 y 500 euros, pero en modelos más modernos es habitual que supere los 1.000 o incluso 1.500 euros solo la pieza. A esto hay que sumar la mano de obra, lo que puede elevar la factura a varios miles de euros.

Señales de desgaste

Aunque el deterioro es progresivo, existen indicios que pueden alertar al conductor. Uno de los más habituales es el exceso de holgura en la palanca cuando está en punto muerto. “Si notas que tiene mucho ‘juego’, es una señal de desgaste”, apunta el experto.

Otro síntoma claro es el conocido rascado al introducir una marcha. Esa resistencia o sonido al engranar puede indicar que la sincronización interna no está funcionando correctamente, algo que puede estar relacionado con ese desgaste previo.

Entre la comodidad y el desconocimiento

¿Por qué, entonces, tantos conductores siguen haciéndolo? La respuesta es sencilla: una mezcla de comodidad, costumbre y estética. Según Escolano: “Es un vicio adquirido. Lo ves, lo repites y acabas conduciendo así sin pensar”.

A ello se suma una falsa sensación de control. Mantener la mano cerca de la palanca puede parecer práctico, pero en realidad reduce la sujeción del volante, comprometiendo la capacidad de reacción ante imprevistos.

malos hábitos

Hábitos perjudiciales comunes

El gesto de la palanca no es el único hábito perjudicial. Durante la entrevista con El Motor, Escolano menciona otros comportamientos habituales que conviene evitar.

Por ejemplo, acelerar con brusquedad nada más arrancar, ya que los componentes mecánicos necesitan unos segundos para lubricarse correctamente. También advierte sobre apurar la reserva: “Puedes arrastrar sedimentos que acaben afectando al sistema”. O, evidentemente, circular con neumáticos en mal estado o presión incorrecta, lo que acelera su desgaste y compromete la seguridad.

Un gesto evitable

En un contexto en el que el mantenimiento del vehículo se ha encarecido, pequeños cambios de hábito pueden evitar averías importantes. Retirar la mano de la palanca cuando no se está cambiando de marcha es un gesto sencillo, pero con impacto real en la vida útil del coche.

Porque, como resume el propio Escolano con una frase heredada de su padre: “A lo mejor no lo estás dañando directamente, pero seguro que no le estás haciendo ningún bien”.

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