El peligro en carretera no siempre es evidente. A diferencia de la lluvia o la niebla, el calor no se ve, pero sus efectos pueden incluso más graves. Con la llegada de cada ola de calor, como la que ha marcado el final de junio e inicio de julio en España, conducir se convierte en una actividad más exigente de lo que parece.
Las altas temperaturas influyen directamente en la capacidad del conductor y en el comportamiento del vehículo. En muchos casos, sus consecuencias se producen de forma progresiva, casi imperceptible, hasta que el error acaba apareciendo.
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El cuerpo y el calor
Uno de los principales riesgos del calor al volante está en la respuesta física del conductor. Cuando la temperatura sube, el organismo empieza a experimentar fatiga, deshidratación y somnolencia, y eso tiene un impacto directo en la conducción.
Un conductor deshidratado puede cometer errores similares a los de alguien que ha consumido alcohol, con una disminución clara de los reflejos y la concentración. A esto se suma la somnolencia. Con altas temperaturas en el interior del coche, el nivel de atención cae y el tiempo de reacción aumenta.
El engaño a la vista
Más allá de los efectos físicos, el calor puede alterar la percepción de la carretera. Uno de los fenómenos más comunes son los espejismos sobre el asfalto, esas falsas láminas de agua que aparecen en la distancia.
Se producen por la refracción de la luz al atravesar diferentes capas de aire caliente, lo que genera una ilusión óptica que puede confundir al conductor.
El último caso
El impacto del calor no es teórico. Tiene consecuencias reales. Uno de los últimos ejemplos se ha producido en Francia. En la línea 189, en Puerta de Saint-Cloud, un conductor de autobús sufrió un malestar debido a las altas temperaturas.
El resultado fue que el vehículo terminó su recorrido impactando contra un árbol. El caso, difundido en redes sociales, ha vuelto a poner sobre la mesa la importancia de las condiciones térmicas en cabina, especialmente en vehículos profesionales.
No solo el conductor
El calor no afecta únicamente a quien conduce. El propio vehículo también se resiente, ya que las altas temperaturas pueden deteriorar determinadas piezas. Entre ellas, generan una serie de reacciones químicas en las baterías, sobre todo en aquellas que tienen más de cuatro años de antigüedad.
El motor también se ve afectado, puesto que el sistema de refrigeración tendrá que hacer un esfuerzo mayor para alcanzar la temperatura óptima para su funcionamiento. Y los manguitos y las ruedas tampoco se salvan. Estos primeros pueden acabar resecándose y partiéndose. Respecto a las gomas, una rueda con baja presión tiende a sobrecalentarse y a desgastarse antes, mientras que el exceso de presión reduce el agarre.
Cómo actuar ante el calor
Uno de los problemas del calor es que sus efectos no suelen ser inmediatos, sino acumulativos. Los síntomas aparecen poco a poco: cansancio, pérdida de concentración, sensación de pesadez. Esto hace que muchos conductores subestimen el riesgo real, cuando en realidad el peligro aumenta de forma constante.
Para reducir los errores humanos y minimizar los riesgos mecánicos, los expertos proponen algunos consejos:
- Poner a punto el coche antes de emprender un viaje largo (o cuando ha estado una larga temporada parado, como en el caso del confinamiento). La revisión del aire acondicionado será clave para combatir el calor: los especialistas recomiendan sustituir los filtros cada 15.000 kilómetros.
- Evitar las comidas copiosas y el alcohol antes de coger el coche será otro imprescindible para alejarnos de los percances.
- Vestir prendas ligeras, usar gafas de sol antirreflejantes, hidratarse correctamente y mantener la temperatura del interior entre 22 y 24 grados.
- No salir durante las horas de calor, hacer paradas frecuentes si el trayecto es largo, bajar las ventanillas antes de reemprender la marcha y poner el aire acondicionado sin dirigirlo directamente hacia nuestro cuerpo.
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Historiador de formación, periodista deportivo de vocación y apasionado del motor por elección. Terminé contando carreras en vez de guerras. Entre libros, crónicas y gasolina he ido encontrando el camino. Ahora intento comunicarlo sin levantar el pie del acelerador.
