El temporal que azota el Mediterráneo ha dejado durante las últimas horas importantes incidencias en Valencia y Barcelona. La intensidad de la lluvia ha anegado calles y carreteras, afectado al transporte y obligado a realizar rescates de conductores atrapados por el agua.
La situación demuestra la rapidez con la que una vía aparentemente transitable puede convertirse en un lugar peligroso. Ante unas inundaciones, las precauciones comienzan mucho antes de encontrarse con una carretera completamente cubierta.
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Lluvias torrenciales en Valencia y Barcelona
Uno de los episodios más intensos se produjo en la provincia de Valencia durante la noche del miércoles 16 de septiembre. En Torrent llegaron a registrarse cerca de 95 litros por metro cuadrado, con aproximadamente 71 concentrados en apenas media hora.
Las precipitaciones provocaron acumulaciones rápidas de agua en calles y carreteras, con intervenciones para auxiliar a personas atrapadas en sus vehículos. También se superaron los 100 litros acumulados en puntos de l’Eliana, Chiva y Torrent-Calicanto.
La movilidad quedó seriamente afectada. Metrovalencia suspendió temporalmente el servicio y el aeropuerto de Valencia tuvo que cerrar durante parte del episodio, mientras se enviaron avisos Es-Alert por el riesgo de inundaciones.
En la provincia de Barcelona, las tormentas también descargaron con fuerza. Canyelles acumuló 85,6 litros por metro cuadrado en tres horas y Sant Pere de Ribes registró 57,4 litros en apenas 30 minutos.
Cómo conducir cuando la lluvia cae con fuerza
Ante un episodio de estas características, la primera precaución comienza antes de arrancar. Si las autoridades envían un Es-Alert recomendando evitar desplazamientos, no se debe coger el coche salvo que sea imprescindible y hay que seguir las indicaciones incluidas en el aviso.
Sin embargo, la lluvia intensa también puede sorprender cuando el conductor ya se encuentra en carretera. En ese caso, si todavía es posible circular con seguridad, resulta fundamental adaptar inmediatamente la conducción a las nuevas condiciones.
La Dirección General de Tráfico recomienda reducir la velocidad y aumentar la distancia de seguridad, ya que el asfalto mojado disminuye la adherencia y obliga a recorrer más metros para detener el coche.
También resulta fundamental mantener una buena visibilidad. Hay que utilizar las luces de cruce, comprobar que los limpiaparabrisas funcionan correctamente y recurrir a la climatización cuando la humedad empañe los cristales.
Los movimientos deben ser especialmente suaves. Aceleraciones, frenazos y giros bruscos pueden desestabilizar el vehículo cuando los neumáticos disponen de menos agarre sobre el firme.
La acumulación de agua puede provocar además aquaplaning, que aparece cuando el neumático deja de evacuar correctamente el líquido y pierde contacto efectivo con el asfalto.
Si ocurre, no hay que frenar bruscamente ni realizar un volantazo. La recomendación es sujetar el volante con firmeza, levantar progresivamente el pie del acelerador y esperar a recuperar la adherencia antes de corregir suavemente la trayectoria.

Qué hacer si la carretera está inundada
La situación cambia por completo cuando el agua deja de ser simplemente lluvia acumulada sobre el asfalto y atraviesa o cubre la carretera.
Ante una rambla, riera, paso inferior o cualquier tramo anegado, la recomendación de la DGT es clara: no hay que intentar cruzarlo. Tampoco aunque se conozca perfectamente la vía o parezca que el nivel es reducido.
Desde el interior resulta muy difícil calcular la profundidad y la fuerza de la corriente. Además, el agua puede estar turbia, ocultar obstáculos o haber socavado parte del firme, haciendo que el fondo se encuentre mucho más abajo de lo esperado.
Por tanto, hay que detenerse a una distancia segura, dar la vuelta y buscar una ruta alternativa. Si existe una situación de peligro o se observa una carretera anegada, se debe avisar al 112 y seguir las indicaciones de los servicios de emergencia.
Si la riada ya ha atrapado el coche
El escenario más peligroso aparece cuando el conductor ya se encuentra dentro de la zona inundada y el agua empieza a subir alrededor del automóvil. Si alcanza los bajos, supera los ejes o comienza a desplazar el vehículo, hay que prepararse para abandonarlo.
En ese momento es fundamental mantener la calma, desabrochar inmediatamente los cinturones y ayudar al resto de ocupantes. Si viajan niños, los adultos deben organizar su salida para poder asistirlos lo antes posible.
Siempre que todavía sea posible, hay que bajar las ventanillas y salir por ellas. Si el sistema eléctrico deja de responder, puede ser necesario romper un cristal lateral con un martillo de emergencia u otro elemento adecuado.
Un pequeño rompecristales con cuchilla para cortar el cinturón puede resultar especialmente útil en estas circunstancias y ocupa muy poco espacio dentro del habitáculo.
No conviene intentar romper el parabrisas, ya que su construcción laminada lo hace mucho más resistente. La salida debe buscarse preferentemente a través de una de las ventanillas laterales.

¿Y si no se puede salir por la ventanilla?
Si la ventanilla no ofrece una vía de escape, la DGT contempla intentar abandonar el vehículo por una puerta. La presión ejercida por el agua puede dificultar enormemente su apertura cuando existe una gran diferencia entre el nivel exterior e interior.
En caso de conseguir abrirla, la recomendación es hacerlo a favor de la corriente. Una vez fuera, hay que evitar enfrentarse directamente al caudal y buscar cuanto antes un lugar elevado y seguro.
Otra posibilidad, cuando las circunstancias lo permitan, es subir al techo del automóvil. Además de mantener a los ocupantes por encima del agua durante más tiempo, facilita que puedan ser localizados por los servicios de rescate.
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