La electrificación del automóvil ya no se limita a los coches de baterías. En paralelo, el hidrógeno sigue avanzando como una de las alternativas más interesantes, especialmente por su rapidez de repostaje y su enfoque más cercano a la experiencia de un coche convencional.
El lanzamiento del nuevo Hyundai Nexo vuelve a poner este tipo de tecnología en primer plano. Y lo hace con argumentos muy solventes, mostrando importantes mejoras de rendimiento respecto a su predecesor.
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Cómo funciona un coche de hidrógeno
Los vehículos de hidrógeno, también conocidos como FCEV (Fuel Cell Electric Vehicle, coche de pila de combustible en inglés), funcionan de forma distinta a los eléctricos, ya que en lugar de almacenar electricidad en una batería convencional, utilizan una pila de combustible que genera electricidad a partir del hidrógeno.
El proceso es relativamente sencillo: el hidrógeno almacenado en depósitos se combina con oxígeno en la pila, generando electricidad para alimentar el motor eléctrico. El único residuo es vapor de agua, sin combustión ni emisiones contaminantes.
El gran argumento
Si hay un punto donde el hidrógeno marca una diferencia clara frente al coche eléctrico, es en el tiempo de recarga. Mientras que incluso los sistemas de carga rápida pueden requerir entre 20 y 40 minutos para recuperar gran parte de la batería, el Hyundai Nexo puede repostar casi al 100% en unos cinco minutos.
Este proceso se realiza en estaciones específicas, conocidas como hidrogeneras. En España, una de las referencias es la de Exolum, que ya está desarrollando infraestructura para este tipo de vehículos. El procedimiento es prácticamente idéntico al repostaje convencional, con una manguera que se conecta al depósito y un proceso automatizado.
Una gran autonomía
El nuevo Hyundai Nexo alcanza hasta 826 kilómetros de autonomía según el ciclo WLTP, una cifra que lo sitúa por encima de muchos eléctricos actuales, especialmente en condiciones reales de uso.
Esto permite plantear viajes largos sin depender de paradas prolongadas para recargar. La combinación de autonomía elevada y repostaje ultrarrápido elimina uno de los principales inconvenientes que todavía arrastran algunos coches eléctricos.
Más potente, eficiente y completo
Más allá de la tecnología en sí, el nuevo Nexo supone un salto importante respecto a su predecesor. Este SUV incorpora mejoras en todos los ámbitos: desde una potencia de 258 CV, tecnologías avanzadas como el e-handling (controla el motor eléctrico en las curvas para mejorar el rendimiento de manejo), hasta un amplio trabajo orientado al confort incorporando sistemas como la cancelación activa de ruido, asientos Premium Relax, una aerodinámica optimizada y suspensiones ajustadas para mejorar la calidad de marcha.
El resultado es un coche silencioso, refinado y con una sensación de conducción comparable a la de los eléctricos más avanzados.
Las limitaciones y dos caminos
Pese a sus ventajas, el hidrógeno sigue teniendo un reto importante: la red de repostaje. Aunque existen iniciativas en marcha, las hidrogeneras todavía son escasas en comparación con los puntos de carga eléctrica. Es, a día de hoy, el principal freno para su expansión.
A pesar de ello, el hidrógeno y los coches eléctricos de batería representan dos formas distintas de alcanzar el mismo objetivo: la movilidad sin emisiones.
Mientras los eléctricos apuestan por la carga en casa o en puntos públicos, el hidrógeno ofrece una experiencia más inmediata, similar a la de los combustibles convencionales, pero lo dicho, sin emisiones nocivas. No son tecnologías opuestas, sino complementarias, ya que ambas persiguen el mismo fin.
Pero si algo demuestra el nuevo Hyundai Nexo es que el hidrógeno no es una promesa lejana, sino una realidad en desarrollo. Con una autonomía elevada, repostajes ultrarrápidos y un uso sencillo, plantea una alternativa sólida dentro del mercado. Sin embargo, su futuro dependerá en gran medida del desarrollo de la necesaria infraestructura.
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Historiador de formación, periodista deportivo de vocación y apasionado del motor por elección. Terminé contando carreras en vez de guerras. Entre libros, crónicas y gasolina he ido encontrando el camino. Ahora intento comunicarlo sin levantar el pie del acelerador.
