Cuando un coche queda al sol durante horas, la primera reacción al abrir la puerta suele ser siempre la misma: una bocanada de aire caliente que anticipa lo que viene después. El volante quema, los asientos incomodan y el aire acondicionado se convierte en prioridad.
Sin embargo, hay un elemento mucho más discreto dentro del habitáculo que puede acumular una temperatura muy elevada. Esta pieza aparentemente secundaria, por su posición y materiales, puede convertirse en uno de los puntos más calientes del interior del coche durante el verano.
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Concentración del calor
El aumento de temperatura dentro de un coche no es uniforme. No todas las superficies reaccionan igual cuando el vehículo está expuesto al sol. El habitáculo funciona como un espacio cerrado donde el calor se queda atrapado. Los cristales permiten la entrada de radiación solar, pero dificultan que esa energía salga, elevando rápidamente la temperatura interior.
Algunos elementos, especialmente los que están más cerca de las superficies acristaladas, absorben más calor que otros. Y ahí es donde el reposacabezas juega un papel inesperado.
Uno de los puntos más calientes
Por su ubicación, justo en la parte superior del respaldo y en contacto directo con la luz solar en muchos casos, el reposacabezas recibe una exposición mayor que otras zonas del asiento.
Esto hace que pueda alcanzar temperaturas cercanas a los 70 grados en situaciones extremas, especialmente tras varias horas bajo el sol.
A diferencia del volante, que suele tocarse de forma consciente, el reposacabezas entra en contacto de forma automática con el cuello o la cabeza al sentarse. Y es precisamente eso lo que puede hacerlo más problemático.
La advertencia
La Dirección General de Tráfico lleva tiempo insistiendo en los riesgos del calor dentro del coche, especialmente en situaciones críticas.
“La temperatura de tu vehículo aumenta considerablemente si se encuentra expuesto al sol”, recuerda el organismo, que pone el foco sobre todo en los casos más graves, como niños o mascotas dentro del coche.
Esto no es una cuestión menor, ya que un menor que permanezca solo en un vehículo durante tan solo 10 minutos seguidos a una temperatura exterior cercana a los 25 grados tiene muchas posibilidades de sufrir un golpe de calor, según los datos de un informe de la Fundación Mapfre y la Asociación Española de Pediatría.
Más allá de los escenarios extremos, el mensaje es claro: el calor afecta a todo el interior, incluidos los elementos que pueden influir en la conducción.

Por qué ocurre
El comportamiento térmico del reposacabezas tiene una explicación sencilla. Está compuesto, normalmente, por materiales como espumas y recubrimientos textiles o sintéticos, capaces de absorber calor con rapidez. Además, su altura lo sitúa en una zona donde la radiación solar incide con más intensidad, especialmente en vehículos con lunetas amplias o sin protección adicional.
A diferencia de otras superficies, este calor no se disipa inmediatamente al abrir el coche. Se mantiene durante varios minutos incluso después de ventilar.
Frente al calor
El calor dentro del coche no se puede evitar por completo, pero sí reducir con algunas medidas sencillas que marcan la diferencia en el día a día:
- Buscar sombra siempre que sea posible: si se conoce la zona, conviene prever cómo se moverá el sol durante el día. Un detalle básico, pero eficaz.
- Aparcar en cubierto: garajes, parkings o zonas techadas ayudan a contener la temperatura interior. Si son subterráneos, mejor todavía.
- Usar parasoles: es una de las soluciones más efectivas. En pruebas realizadas por clubes automovilísticos, la diferencia puede llegar a ser de hasta 40 grados menos en el interior frente a un coche expuesto directamente al sol.
- Ventilar antes de arrancar: abrir puertas o ventanillas unos minutos permite expulsar el aire caliente acumulado y reduce el esfuerzo del aire acondicionado.
- Tapar superficies clave: volantes, asientos y el propio reposacabezas pueden cubrirse parcialmente para evitar que acumulen tanto calor.

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