Durante décadas, las luces del coche han formado un lenguaje propio que permite anticipar sus movimientos sin necesidad de intercambiar una sola palabra.
Ahora ese código está a punto de incorporar una señal capaz de avisar de que la tecnología ha empezado a tomar decisiones al volante, aunque su expansión se ha encontrado con un obstáculo inesperado.
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Una luz para saber quién conduce
Interpretar lo que hace un vehículo desde fuera era relativamente sencillo. Las luces de freno, los intermitentes o las de emergencia ofrecen información que cualquier conductor aprende a reconocer casi sin darse cuenta.
La situación cambia cuando el automóvil deja de depender por completo de la persona que ocupa el asiento del conductor. Puede frenar, acelerar o modificar su trayectoria por sí mismo, sin que desde fuera resulte evidente quién está tomando cada decisión.
Mercedes-Benz lleva más de una década estudiando cómo solucionar ese problema. En 2015 presentó el F 015 Luxury in Motion, un prototipo que anticipaba cómo podrían ser los vehículos con un elevado grado de automatización.
Entre sus propuestas destacaba una solución tan sencilla como llamativa: incorporar una iluminación exterior de color turquesa para indicar a peatones y conductores que el vehículo estaba funcionando de manera automatizada.
La propuesta no pretendía sustituir a los pilotos tradicionales, sino añadir una información que hasta entonces no existía.
China convirtió la idea en tendencia
El interés por esta solución creció a medida que la conducción automatizada pasó de los prototipos a los vehículos de producción. China fue uno de los mercados donde la idea comenzó a extenderse con mayor rapidez.
Desde 2022, varios fabricantes empezaron a incorporar luces de tonos azules o cercanos al turquesa para indicar que determinados sistemas avanzados estaban activos.
Entre ellos aparecieron compañías como Li Auto, Xpeng, Nio, BYD o Xiaomi. Las soluciones no eran idénticas: cambiaban la posición, el diseño o la intensidad, pero compartían un mismo objetivo.
El problema estaba precisamente ahí. No existía un código común que explicara qué significaba exactamente aquella luz ni qué nivel de automatización había detrás de ella.
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Cuando una señal empieza a generar dudas
Las diferencias entre fabricantes terminaron planteando problemas de seguridad. Algunas luces se situaban en posiciones elevadas y podían resultar demasiado visibles para otros conductores.
Durante la noche, además, la lluvia y los reflejos sobre el asfalto podían aumentar la intensidad percibida. Una señal creada para mejorar la comunicación entre vehículos y personas podía terminar convirtiéndose en una molestia.
Había otra cuestión todavía más importante. Un conductor podía interpretar que un vehículo iluminado en azul era capaz de circular de forma autónoma, cuando el sistema utilizado podía corresponder en realidad a un nivel de asistencia inferior.
China pone freno a las luces azules
El debate dio un nuevo paso a finales de julio de 2026. Las autoridades chinas comunicaron al sector que los nuevos vehículos no debían seguir incorporando estas luces azules tal y como se habían estado utilizando.
La fecha establecida fue el 27 de julio para los nuevos vehículos sometidos a los correspondientes procesos de certificación. La decisión no apunta contra una marca concreta, sino contra una práctica que se había extendido entre diferentes fabricantes.
El motivo resulta especialmente relevante. La normativa china no contempla esta señalización exterior como una categoría específica dentro de las funciones de iluminación de los vehículos.
El estándar GB 4785-2019 establece las reglas aplicables a los sistemas de alumbrado y señalización y determina los colores destinados a distintas funciones. El azul está reservado a usos muy concretos, especialmente relacionados con vehículos de emergencia.
Una norma para los coches del futuro
La decisión china puede ser solo el primer paso. Las autoridades están revisando el estándar GB 4785 para adaptarlo a la evolución de los sistemas de iluminación y automatización.
El debate ya no consiste únicamente en decidir si la señal debe ser azul, turquesa o de cualquier otro color. Lo importante es determinar quién puede utilizarla, cuándo debe activarse y qué debe significar exactamente.
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Nació en Madrid y desde pequeña soñaba con conducir. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y amplió su formación en Barcelona con un máster en Periodismo Deportivo en la Universitat Pompeu Fabra. Especializada en motor y también en competición, combina la redacción con la radio y la cobertura de grandes premios de motociclismo.
