La forma en la que los coches ayudan al conductor podría cambiar en los próximos años. La Comisión Europea estudia una evolución de los actuales asistentes de velocidad con un nivel de intervención muy superior al actual.
Aunque no existe ninguna decisión aprobada, el análisis de esta tecnología ha reabierto el debate entre seguridad vial, innovación y privacidad. Bruselas insiste en que, por ahora, todo forma parte de un estudio exploratorio.
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¿Qué quiere hacer ahora la Comisión Europea?
La Comisión Europea trabaja en un proyecto exploratorio para desarrollar un sistema capaz de reducir automáticamente la velocidad de un vehículo cuando circule por encima del límite establecido.
La idea consiste en que el automóvil sea capaz de conocer con precisión dónde se encuentra gracias a Galileo y GPS, consultar mapas digitales con los límites de velocidad y contrastar esa información mediante cámaras que reconocen las señales instaladas en la carretera.
Toda esa información sería procesada por la unidad de control del vehículo, que compararía de forma constante la posición, la velocidad y el límite vigente en cada tramo. Si los distintos sistemas confirmaran que el vehículo mantiene un exceso de velocidad durante un tiempo determinado, el software podría intervenir para impedir que continúe acelerando.
Esa actuación no consistiría en un frenazo repentino ni en una orden enviada desde un satélite para detener el coche. Lo que plantean los estudios es una reducción progresiva de la potencia del motor, permitiendo que el vehículo disminuya su velocidad de forma gradual hasta adaptarse al límite correspondiente.

Más de una década de investigaciones
La realidad es que la Unión Europea lleva años financiando investigaciones relacionadas con la adaptación inteligente de la velocidad, mucho antes de que este debate llegara a la opinión pública.
Uno de los proyectos más conocidos fue Galileo Speed Warning (GSW), desarrollado dentro de los programas europeos de investigación. Su objetivo era estudiar cómo la mayor precisión del sistema europeo de navegación por satélite Galileo podía mejorar la detección de los límites de velocidad y aumentar la eficacia de los asistentes electrónicos instalados en los vehículos.
El proyecto GSW no fue un caso aislado. La Comisión Europea también encargó distintos estudios sobre los sistemas de adaptación inteligente de la velocidad para evaluar su impacto sobre la seguridad vial y analizar hasta qué punto una mayor intervención tecnológica podría contribuir a reducir la siniestralidad en las carreteras europeas.
Estas investigaciones forman parte de la estrategia comunitaria para reducir la siniestralidad en carretera. Diversos informes europeos sostienen que una implantación generalizada de este tipo de asistentes podría contribuir a disminuir de forma significativa los accidentes relacionados con el exceso de velocidad.

Lo que ya es obligatorio en los coches nuevos
Desde julio de 2024, todos los vehículos nuevos comercializados en la Unión Europea deben incorporar el sistema Intelligent Speed Assistance (ISA), establecido por el Reglamento (UE) 2019/2144.
Su funcionamiento es bastante diferente del escenario que ahora se estudia. El ISA combina la información obtenida mediante GPS o Galileo y cuando detecta que el conductor circula por encima de la velocidad permitida, el sistema puede emitir una alerta sonora, mostrar un aviso visual o ejercer una ligera resistencia sobre el pedal del acelerador.
Sin embargo, el conductor mantiene siempre el control del vehículo y puede continuar acelerando si considera que la maniobra lo requiere, además de poder desactivar temporalmente la asistencia.
En otras palabras, el ISA no frena automáticamente el coche ni reduce por sí solo la velocidad, sino que actúa como un asistente destinado a recordar al conductor cuál es el límite vigente y favorecer su cumplimiento.

Las dudas que plantea esta tecnología
La posibilidad de evolucionar hacia asistentes con una mayor capacidad de intervención ha abierto un intenso debate entre fabricantes, expertos en seguridad vial y asociaciones de conductores.
Uno de los principales desafíos sigue siendo la fiabilidad de los sistemas actuales. Las cámaras pueden interpretar de forma incorrecta algunas señales, los mapas digitales no siempre reflejan cambios temporales en la circulación y determinadas limitaciones provisionales continúan generando errores de lectura.
A ello se añaden las cuestiones relacionadas con la ciberseguridad y la protección de datos. Un vehículo que conoce de forma permanente su posición y velocidad plantea interrogantes sobre el tratamiento de esa información, las garantías frente a posibles accesos no autorizados y la protección frente a ataques informáticos.
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