Las carreteras españolas han llamado la atención de varios medios franceses en plena temporada estival. El motivo no tiene que ver con el tráfico de las vacaciones, sino con una infracción que cobra especial importancia durante el verano.
Las publicaciones galas alertan a sus lectores sobre las consecuencias de un gesto que todavía repiten algunos conductores. Sin embargo, pasan por alto un detalle importante: la sanción de la que hablan no es nueva y lleva años en vigor en España.
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El riesgo de incendio vuelve a dispararse
El interés de la prensa francesa coincide con un verano especialmente complicado por los incendios forestales. Las altas temperaturas, la sequedad de la vegetación y los numerosos fuegos registrados en diferentes comunidades autónomas han devuelto al primer plano una conducta que puede tener consecuencias mucho más graves de lo que parece.
En este escenario, las autoridades recuerdan que arrojar una colilla desde un vehículo no solo supone un problema medioambiental. También representa un importante riesgo para la seguridad vial y puede convertirse en el origen de un incendio cuando las condiciones meteorológicas son especialmente adversas.

La multa no es nueva
Algunos medios internacionales presentan la sanción como una medida recientemente implantada. Sin embargo, España castiga esta infracción con 500 euros de multa y la retirada de seis puntos del permiso de conducir desde la reforma de la Ley de Tráfico que entró en vigor en marzo de 2022.
Fue entonces cuando arrojar a la vía o a sus inmediaciones objetos que puedan provocar incendios o accidentes pasó de considerarse una infracción grave a catalogarse como muy grave, endureciendo de forma notable las consecuencias para los culpables.
La normativa no se limita únicamente a las colillas. También contempla cualquier objeto que pueda comprometer la seguridad de otros usuarios de la carretera o favorecer el inicio de un fuego en los márgenes de la vía.

Posible pena de prisión
La sanción administrativa no siempre representa la consecuencia más grave para quien comete esta infracción. Si la colilla termina provocando un incendio, el escenario cambia por completo.
En ese supuesto, la responsabilidad deja de ser únicamente administrativa y puede derivar en un procedimiento penal. La investigación deberá determinar si existe una relación directa entre la conducta del conductor y el origen del fuego, así como el alcance de los daños ocasionados.
Dependiendo de cada caso, el responsable puede enfrentarse a penas de prisión, además de indemnizaciones económicas por los perjuicios ocasionados.
Precisamente por ese motivo, las campañas de concienciación insisten cada verano en evitar este tipo de conductas. Con temperaturas elevadas, vegetación seca y episodios de viento, una simple brasa puede convertirse en el origen de un incendio de grandes dimensiones.
El peligro más allá del fuego
Más allá del riesgo de incendio, lanzar una colilla por la ventanilla también puede poner en peligro al resto de usuarios de la vía.
Una colilla encendida puede impactar sobre un motorista o un ciclista, provocar una maniobra brusca o convertirse en un elemento de distracción para quienes circulan detrás. Por ese motivo, la legislación vincula esta conducta tanto con la protección del medio ambiente como con la seguridad vial.

Fumar al volante
Aunque muchas personas lo desconocen, fumar mientras se conduce no está prohibido por la normativa española. Sin embargo, eso no significa que hacerlo nunca pueda acabar en sanción.
La Dirección General de Tráfico recuerda que cualquier acción que reduzca la atención necesaria para conducir con seguridad puede ser denunciada por un agente si considera que afecta al control del vehículo.
Encender un cigarrillo obliga a buscar la cajetilla, coger un mechero y apartar la vista de la carretera durante varios segundos. A ello se suma el tiempo que el conductor dedica después a retirar la ceniza o apagar el cigarrillo, acciones que también implican conducir momentáneamente con una sola mano.

Los cálculos difundidos por la DGT indican que un conductor tarda una media de 4,1 segundos en encender un cigarrillo. A una velocidad de 100 km/h, ese intervalo equivale a recorrer aproximadamente 114 metros sin prestar toda la atención a la circulación.
Además, diversos estudios sobre hábitos de consumo de tabaco señalan que un fumador suele realizar varias aspiraciones durante los pocos minutos que permanece encendido un cigarrillo. Esa repetición de movimientos obliga a retirar la mano del volante de forma constante y multiplica las pequeñas distracciones durante el trayecto.
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