En el extremo norte de Europa, donde el invierno convierte la carretera en un laboratorio natural, una nueva prueba ha vuelto a poner bajo la lupa a los coches eléctricos.
El ensayo, realizado en condiciones de frío extremo, ha reunido a 27 modelos eléctricos en un mismo trayecto abierto al tráfico. El resultado ha sido tan revelador como inquietante.
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Un laboratorio natural bajo cero
Con temperaturas que han llegado a los 32 grados bajo cero, los vehículos han tenido que enfrentarse a un escenario muy alejado de los ciclos de homologación habituales. El recorrido, que atraviesa zonas montañosas y carreteras abiertas del norte de Noruega, ha sometido a las baterías a un estrés continuo.
El resultado global ha dejado una media de desviación del 38% respecto a las cifras WLTP, un salto notable si se compara con ediciones anteriores, donde la diferencia apenas alcanzaba el 18%.
El factor determinante ha sido el frío, que obliga a los sistemas eléctricos a destinar gran parte de la energía a la climatización y al mantenimiento térmico de la batería.

El recorrido
El itinerario de la prueba, que parte de Oslo y avanza hacia zonas como Lillehammer o Dombas, ha permitido observar cómo la autonomía se degrada progresivamente a medida que bajan las temperaturas.
En el tramo final, donde se han registrado los valores más extremos, la mayoría de vehículos han mostrado caídas bruscas de rendimiento.
El coche que más kilómetros recorrió
Entre todos los modelos analizados, uno ha acaparado la atención por partida doble. El Lucid Air Grand Touring partía como el vehículo con mayor autonomía homologada del test, con nada menos que 960 kilómetros. Sin embargo, en condiciones reales y bajo temperaturas extremas, se quedó en 519 kilómetros efectivos.
La diferencia, cercana al 46%, lo situó en el extremo inferior de la tabla en términos de desviación. Aun así, su rendimiento absoluto lo mantuvo como el coche con mayor distancia recorrida en toda la prueba, un matiz que subraya la complejidad de interpretar estos resultados sin contexto ambiental.
Modelos que resisten mejor el invierno
No todos los participantes sufrieron el mismo desgaste energético. Algunos compactos y SUV lograron mantener un comportamiento más estable frente al frío.
El Hyundai Inster, con una autonomía oficial de 360 kilómetros, registró una pérdida del 29%, completando 256 kilómetros reales.
En una línea similar, el MG IM6 mostró un comportamiento prácticamente idéntico en términos de desviación, consolidándose como uno de los modelos más eficientes en condiciones adversas. Ambos destacan en un escenario donde la mayoría de vehículos pierden gran parte de su rendimiento teórico.

SUV y berlinas grandes
El impacto del frío ha sido especialmente evidente en los segmentos de mayor tamaño. Modelos como el Tesla Model Y, el Mercedes-Benz CLA eléctrico, el Volvo EX90 o el Opel Grandland eléctrico han registrado caídas que oscilan entre el 40% y el 46%.
En algunos casos, los vehículos han tenido que detenerse con carga residual aún disponible, una decisión motivada por la caída de potencia y la protección del sistema de baterías en condiciones extremas. Este comportamiento ha sido especialmente visible en los tramos más fríos del recorrido.
El factor térmico como variable decisiva
La organización del test insiste en un punto clave: la temperatura se ha convertido en el elemento más determinante del rendimiento eléctrico. La combinación de calefacción del habitáculo, resistencia aerodinámica y gestión térmica de la batería genera un consumo energético muy superior al habitual.
En este contexto, las cifras WLTP, diseñadas en condiciones controladas, pierden parte de su capacidad predictiva. El estudio concluye que, en entornos invernales severos, la autonomía real puede reducirse a la mitad en algunos escenarios, una advertencia especialmente relevante para mercados del norte de Europa o regiones montañosas.
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