Patinetes eléctricos desbocados: los accidentes se disparan un 470% desde la pandemia

Las cifras de siniestralidad de los vehículos de movilidad se han disparado y afectan más a los propios usuarios que a los viandantes.

patinete electrico accidente
Un patinete eléctricoe n el suelo después del choque con un coche en una imagen recreada.

Los vehículos de movilidad personal (VMP) son una alternativa de movilidad urbana con un peaje claro: la siniestralidad. Los patinetes eléctricos han protagonizado el mayor repunte de accidentes en España desde la pandemia. Entre 2020 y 2024, los siniestros con víctimas se han disparado cerca de un 470%, según datos de un informe recién publicado por la Dirección General de Tráfico (DGT).

El salto no es menor. En 2024 se registraron 7.423 accidentes con víctimas en los que estuvo implicado un vehículo de movilidad personal, lo que representa un 7% de los siniestros viales en España.

Hay más patinetes en la calle (unos cuatro millones o cuatro millones y medio, calcula la DGT) y más exposición al riesgo. Pero el crecimiento de la movilidad no explica todo. Tráfico pone el foco en el comportamiento de los usuarios y en el entorno urbano como factores clave. Y en el peligro para los conductores, y no tanto para los conductores de VMP.

“En 2024, en todas las ciudades españolas hubo un solo [peatón] fallecido por atropello de patience. Lo digo porque hubo un momento en que llegó la inquietud: ‘Esto de los patinetes es peligroso, nos van a atropellar a todos…’. Un fallecido. Hay que decir que el que lleva el patinete es el que verdaderamente se lesiona y se hace daño”, mencionó el director general de Tráfico, Pere Navarro, en su última comparecencia en el Congreso.

El fenómeno crece sobre todo en ciudad

En vías urbanas, los siniestros con patinetes eléctricos pasaron de 1.277 en 2020 a 7.204 en 2024, un aumento del 464%, el más alto entre todos los usuarios vulnerables. Este crecimiento tan elevado tiene que ver, en parte, con las restricciones de movilidad de 2020 derivadas de la pandemia, pero no se compadece con los registros del resto de usuarios vulnerables.

Ningún otro colectivo se acerca a estas cifras. El número de siniestros de los peatones aumentó un 49% y entre los motoristas lo hizo un 35,8%, lo que refleja una expansión mucho más rápida (y menos madura) de su uso.

En carretera, donde su circulación está prohibida, el problema también existe. Los accidentes han crecido un 682% desde 2019, cifra que evidencia un incumplimiento evidente de la normativa y una falta de control efectivo.

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Más víctimas y más graves

El impacto no se limita a los golpes. También crecen las consecuencias. En 2024 murieron 15 usuarios de patinete en vías urbanas, el doble que en años anteriores, y otros cuatro en carretera.

A la vez, los heridos graves se multiplican. Las hospitalizaciones han pasado de 93 en 2020 a 435 en 2024 en ciudad, mientras que en carretera han subido de 4 a 24. Los heridos leves siguen la misma tendencia: más de 6.200 en entorno urbano.

En total, 450 víctimas graves o mortales en siniestros con patinetes eran los propios conductores de estos vehículos. Es decir, el riesgo recae principalmente sobre quien va encima.

Cómo se producen los accidentes

El patrón de siniestralidad dibuja un escenario muy concreto. La mayoría de accidentes se producen en calles, con un solo ocupante (93%) y con un claro perfil de víctima: hombre (65%).

El tipo de accidente más común es la colisión lateral o frontolateral, que concentra el 42% de los casos, seguido de los vuelcos. Es el tipo de siniestro típico de entornos urbanos, con cruces, giros y convivencia con otros vehículos.

También hay un dato clave: el 40% de los conductores implicados cometió alguna infracción. Entre los fallecidos, el 80% circulaba con exceso de velocidad. Y entre los heridos graves, un 42% no respetó normas de prioridad.

Un problema de conducta y adaptación

Más allá de las cifras, el informe deja una lectura clara: el problema no es solo el vehículo, sino cómo se utiliza. La irrupción de los patinetes ha sido más rápida que la adaptación de sus usuarios y del propio sistema viario.

El uso sin casco, la circulación por zonas indebidas o el desconocimiento de las normas convierten a estos vehículos en un elemento especialmente vulnerable y a veces imprevisible. Además, la concentración en ciudades medias, donde se produce el 42% de los accidentes, apunta a un modelo urbano que aún no ha terminado de integrar este tipo de movilidad.

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